Precisiones fiscales



SEÑOR DIRECTOR

Bastante polémica ha generado la corrección en el cálculo del déficit estructural de un 1,7% del PIB a un 2,1%. Como sabemos, la diferencia es de US$ 1.100 millones, lo que no es poco. Representa, por ejemplo, más de un tercio del costo fiscal de la ambiciosa reforma previsional del gobierno. Son llamativos los intentos del exministro Eyzaguirre por minimizar el problema, considerando que fue él quien estableció que el cálculo de ingresos estructurales era el relevante para definir las posibilidades de gasto, punto que además ha sido validado ampliamente. Sin embargo, este cálculo se ha complejizado demasiado, lo que ha ido abriendo espacios no solo a la posibilidad de errores, sino también de grados de discrecionalidad en la aplicación de los criterios de estimación.

No obstante, la discusión técnica está dejando de lado un aspecto de mayor importancia. El gobierno anterior se había comprometido a reducir anualmente el déficit estructural en 0,25 puntos del PIB y, sin embargo, el año pasado el déficit subió de 1,9% del PIB en 2016 a 2,1% corregido de 2017 (llama la atención que el cálculo erróneo de 1,7% cumplía el objetivo). Este aumento no se explica solo por la corrección del cálculo de ingresos, sino también porque el gasto corriente creció arriba de lo presupuestado. Durante la discusión del presupuesto se proyectó para 2017 un crecimiento del gasto corriente de 5,2% real, ya elevado. No obstante, la expansión fue finalmente de 6,3%. La diferencia es de US$ 600 millones, más de la mitad del mayor déficit estructural. Mi conclusión es que Eyzaguirre revirtió la disciplina fiscal que había intentado su antecesor, y eso explica gran parte del problema.

M. Cecilia Cifuentes Hurtado

Dir. Centro de Estudios Financieros ESE Business School

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