Presupuesto 2022 y universidades

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SEÑOR DIRECTOR

El gobierno ha enviado al Congreso un presupuesto para el 2022 que reduce el actual estímulo fiscal extraordinario en un inédito 22,5%, lo que implica un aumento neto respecto al 2021 de solo 3,7%. El gobierno va por el camino correcto y las razones son obvias. Las ayudas fiscales derivadas de la pandemia alcanzaron este año niveles históricos, superando el 20% del PIB. Solo en ayudas directas a las personas y Pymes se llegaría a US$ 35.000 millones, echando mano a los ahorros fiscales y al endeudamiento. Para dimensionar lo que ha significado la magnitud del esfuerzo fiscal, solo decir que el presupuesto del 2022 crecerá del orden de los U$ 3.000 millones, que no es menor, pero que se compara con apenas un mes del actual Ingreso Familiar de Emergencia. La decisión de iniciar un ajuste fiscal y retirar los estímulos deriva de la necesidad ineludible de recuperar los equilibrios fiscales; con ello se espera reducir a menos de la mitad el déficit estructural que se situaría en 3,9% del PIB, y un déficit efectivo, de solo 2,8% del PIB.

En cuanto a la composición del gasto, éste se ajusta a las necesidades del país al poner acento en las partidas de Salud, Obras Públicas, Vivienda y Desarrollo Social. Educación no presenta mayores cambios, aunque cabe destacar positivamente los mayores recursos en Ciencia y Tecnología e Innovación que crece en un 8,9%. En el caso de la educación superior hay un aumento por alrededor de US$ 200 millones a gratuidad y aportes para universidades estatales.

Cabe lamentar, sin embargo, que la distribución de los recursos públicos para el fortalecimiento institucional de las universidades mantenga la inequidad de siempre en el acceso. Dejando de lado el Aporte Fiscal Directo preasignado históricamente a las universidades tradicionales, que a mi juicio tiene fundamentos, no es comprensible que, en los fondos concursables institucionales, solo ellas accedan por ley al 70% disponible. La existencia de un marco competitivo con recursos públicos concursables abierto a todas las universidades acreditadas, es un imperativo. Muchas universidades privadas no tradicionales han demostrado que la excelencia no es monopolio ni por la condición jurídica ni por el año de su fundación. Y son muchas las que, pese a todas las limitaciones de recursos públicos, están alcanzando con tenaz esfuerzo y buena gestión altos niveles de calidad. No cabe esperar más tiempo para una profunda reforma en este plano en la política pública hacia el futuro.

Carlos Williamson

Rector Universidad San Sebastián

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