Sobre matrícula en las pedagogías

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Por Ana Henríquez, decana de la Facultad de Educación de la Universidad de Las Américas

Mediante la implementación de diversas políticas públicas y siguiendo una tendencia global, nuestro país ha procurado, de forma creciente, dar relevancia a la Formación Inicial Docente (FID) y fortalecer la profesión para proporcionar una mejor educación de las actuales y futuras generaciones.

Por una parte, las entidades formadoras se han sometido a una regulación que apunta a mejorar la calidad de su formación, mediante mecanismos como la acreditación obligatoria de las carreras de pedagogía, basada en orientaciones y criterios basados en instrumentos referenciales nacionales, como el Marco para la Buena Enseñanza (2003), los Estándares Disciplinarios y Pedagógicos -cuya segunda propuesta fue presentada al CNED en abril de 2020- o la Evaluación Nacional Diagnóstica. Se agrega a ello el trabajo desarrollado por dichas entidades con el CPEIP y la actual Subsecretaría de Educación Superior, como la reciente Comisión Asesora en Materia de Mejora de la Calidad de la Formación Inicial de Docentes.

Por otra parte, existen iniciativas para atraer –y retener- a los mejores estudiantes a las carreras de pedagogía, así como para dignificar la carrera de los profesores en ejercicio, como el Sistema de Desarrollo Profesional Docente (2016).  Sin embargo, y a la par de la reducción de la oferta, observamos una caída sostenida en el ingreso a las carreras de pedagogía: de 27.000 en 2011 a 15.500 en 2019 (en 2020 cae a 14.000, pero este año es considerable atípico). A pesar de los cambios demográficos, diversos análisis plantean que se observará un déficit de profesores y educadores en los próximos años, particularmente en educación parvularia y básica.

¿Por qué no ingresan más estudiantes a pedagogía? La mayoría de los jóvenes estudiantes que ingresan manifiestan una incipiente vocación por enseñar, pero, probablemente, la vocación no es todo. Entre las diversas hipótesis, se podría esgrimir que la Carrera Docente aún no se traduce en una señal de dignificación y reconocimiento requeridos para atraer a la profesión. Además, los instrumentos de apoyo fiscal para el financiamiento de la carrera podrían requerir revisiones. Por ejemplo, la Beca Vocación de Profesor (BVP) compite con la gratuidad en las universidades adscritas y no parece capturar más estudiantes destacados, puesto que sigue beneficiando a cerca del 9% de los estudiantes de pedagogías.

No hay razones para pensar que el ingreso a las pedagogías mejorará para el 2021. Incluso, instrumentos de apoyo como la BVP podrían perder aún más su limitada efectividad, si se considera que los requisitos para acceder a ella podrían ser más difíciles de alcanzar tanto para los estudiantes como para las carreras elegibles, por el impacto de la emergencia sanitaria en la preparación de los estudiantes.

Para evitar una mayor caída en la matrícula de las pedagogías, es necesario ajustar, aunque sea de manera transitoria, los requisitos para acceder a la BVP en 2021. También es necesario revisar los recursos destinados a Planes de Acceso Especial de Pedagogía, los que, si bien cuentan con aprobación Mineduc, no reciben aportes para promover su generación y garantizar su continuidad y calidad.

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