Opinión

Tito me preguntó

Rapa Nui, 18 de febrero 2026. El Presidente de la Republica, Gabriel Boric, aterriza en el Aeropuerto Internacional Mataveri, para iniciar su visita por Rapa Nui. Jonnathan Oyarzun/Aton Chile JONNATHAN OYARZUN/ATON CHILE

Tito me preguntó qué pasaba con la reconstrucción. Yo le respondí que tenemos muchas andando. Está la de 2024 en Viña, que un año después del fuego llevaba 300 casas de 2.500. Está ahora también la de Ñuble y Biobío, que va igual de lento o peor. Pero tenemos muchos millones bailando de una cuenta a otra. Millones bailando. Camila Vallejo estuvo al principio a cargo, tirando selfies, pero cuando la cosa se puso fea dejó a Montes, jubilado en su cargo, pagando el pato. Que sonrían los que votaron por Boric. Ukamau y el corillo de los sin techo calladitos, ministeriales, hasta que llegue Kast.

Tito me preguntó si esto afectaba la credibilidad del presidente. Le respondí que parecía que sí, pero a estas alturas no le importaba mucho. Que se ganó un bono millonario por unas metas de género. Que se había llevado todas sus promesas a vivir a una mansión. Que para la próxima campaña seguro iba a invitar a todos los damnificados a un VIP. Que debe estar pensando: “Debí tirar más bonos”, considerando que el presupuesto nunca le cuadró de todos modos. Que se fue a repartir besos y abrazos a Isla de Pascua, como Siches en el territorio antes conocido (por ellos) como Walmapu.

Tito me preguntó dónde estaba Julia Chuñil. Yo tuve que decirle que eso ya fue. Que la señora no aparece, pero Vallejo y Boric ya no preguntan por ella. Es medio complejo, Tito. Camila quería ser la queen anti fake news, pero ahora las tira por minuto. Que sonrían las que ya les mentí. La cosa es que Julia Chuñil sí desapareció, pero no por las causas que le servían al corillo (del gobierno). Entonces say cheese. Hasta ahí quedó.

Tito me preguntó si las feministas, al menos, harían algo por Julia. Tuve que explicarle el caso Monsalve a Tito. Me dijo que había visto a la ministra Orellana lamentarse por el daño a su imagen (“el caso Monsalve me impactó de manera personal”). Quedó sin tirar más selfies. Pero el asunto espantó a Tito. Entendió que las Monsalves eran parte del corillo. Y yo no tuve corazón para contarle de Hugo Morales, el gásfiter que murió en La Moneda luego de trabajar dos jornadas laborales. Que ni la ANEF dijo pío. Que así funcionaba el corillo (seka amika, seko amiko). Que sólo se reactivarían con Kast. Que sonrían las que se olvidaron de Julia Chuñil.

Tito me preguntó dónde estaba la izquierda que clamaba a los cielos contra Chile como “Norcorea del neoliberalismo”. Los cuna y tumba. En el gobierno, Tito, en los ministerios, cobrando bonito. Chile no se cae a pedazos es el mantra ahora, Tito. Gobernanza, gobernabilidad, gobernación. Atria enchufado en Londres en el VIP palaciego proclama que lo hicieron muy cabrón. Platita, carruaje y sillón. El chupacamarones de Madrid (que aprendió a no tirar más selfies) no puede sino aplaudir. Agregó Atria que había sido una catástrofe el triunfo del Rechazo. El 4S. Porque, claro, ahí tenían palacio pa’l resto de los días. Estaban preparados para no pedir perdón.

Tito me preguntó si Kast no sería iliberal. Que había leído unos papers en un journal. Le tuve que decir que a Piñera el corillo, incluido el circle jerk progresista académico, lo había tratado como si fuera la rencarnación de Pinochet, por lo que Pedrito y el lobo aplicaba, y ahora habría que esperar y ver.

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