Triunfo del Apruebo: el país inicia una nueva etapa

La ciudadanía ha manifestado con nitidez que quiere una nueva Constitución. Las fuerzas políticas tienen ahora la misión de no defraudar este mandato.



El rotundo triunfo de la opción Apruebo en el plebiscito constitucional -con un 78% para esta alternativa, contra un 22% para el Rechazo- representa un hito muy significativo para el país, pues ha despejado con total claridad que la mayoría favorece un proceso constituyente con miras a la dictación de una nueva Carta Fundamental. La masiva participación ciudadana en este proceso -especialmente de los segmentos más jóvenes-, y el hecho de que la jornada electoral se haya podido realizar con total normalidad, ha demostrado una vez más la importancia de que las diferencias se puedan zanjar por caminos democráticos y en forma pacífica. No hay duda de que se ha abierto una nueva etapa, y es ahora responsabilidad de todos los sectores empeñarse en que el proceso que se inicia a partir de ahora no defraude las expectativas que la propia ciudadanía ha depositado en este referéndum.

La realización de este plebiscito contiene una especial carga simbólica, porque no solo ha permitido la expresión de la ciudadanía en una materia tan fundamental, como es pronunciarse sobre la Constitución, sino porque es un hito que fue el fruto de un amplio acuerdo político alcanzado hace casi un año, cuando el país vivía momentos álgidos y la propia democracia estuvo en serio riesgo. Es importante aquilatar la importancia de que con su masiva participación -considerando la adversidad que representa el actual contexto de pandemia, y al hecho de que se trate de un voto voluntario- la propia ciudadanía haya validado este proceso. Por ello sería un error encasillar este resultado únicamente en la lógica de “vencedores” y “derrotados”, cuando el país en su conjunto es el que ha ganado.

Sin duda existirá la tentación de algunos por identificar el contundente triunfo del Apruebo con un determinado ideario político. Un resultado tan apabullante es señal de que a dicha opción concurrió no solo la centroizquierda, sino también una parte importante de la centroderecha. Eso quiere decir que habiendo amplia coincidencia de que es necesaria una nueva Carta Magna, no quiere decir que se deba reflejar una sola mirada. La noción de “hoja en blanco” ha de entenderse justamente como la oportunidad para que el nuevo texto recoja una amplitud de visiones, y no para imponer miradas excluyentes. Sin esa disposición, es poco probable que se alcancen soluciones razonables a las expectativas ciudadanas que han quedado tan de manifiesto.

Es necesario comprender que la jornada del 25/O, pese al hito democrático que representa, no es el punto de llegada, sino el inicio de un largo proceso. Porque tan importante como haber logrado concretar este plebiscito y brindar una salida a una crisis política profunda, lo será también que se alcancen grandes acuerdos que permitan concluir en una propuesta constitucional que efectivamente deje atrás las divisiones del pasado y asegure las bases de una sólida estabilidad institucional. Una condición esencial para que ello se logre, además de evitar las lógicas de polarización e intolerancia que tanto han permeado en nuestra política, es que la violencia no puede tener espacio alguno en la etapa que sigue; más que nunca debe haber un compromiso explícito de todas las fuerzas políticas para repudiar que por vías violentas se busque condicionar el debate que se avecina. Es precisamente aquí donde el gobierno y el Presidente de la República habrán de jugar un rol importante. Sin mayor chance de influir a estas alturas en el proceso constituyente que se avecina, en cambio el Jefe de Estado no puede desentenderse de su tarea de asegurar el orden público.

Junto con la opción Apruebo, el país también optó abrumadoramente por la Convención Constitucional (CC) como instancia encargada de elaborar la nueva Constitución, desechando la otra alternativa en juego, la Convención Mixta (CM), que habría estado compuesta por ciudadanos electos y parlamentarios en ejercicio. Probablemente pesó en favor de la CC el hecho de que sus 155 integrantes serán elegidos para estos efectos, y además con criterios de plena paridad de género. No era evidente cuál de las dos alternativas era preferible en sí, pues había pros y contra en ambas. Pero en la medida que tantos se han inclinado por la CC, parece haber un genuino anhelo por incorporar caras nuevas al debate, privilegiar la paridad de género y no quedar tan atado a las figuras de siempre o a las mismas lógicas que hoy permean a los partidos políticos.

Puesto que para efectos de elegir a los constituyentes de la CC regirá el sistema electoral con que se eligen diputados -replicando la lógica de distritos electorales-, y siendo los partidos quienes suministrarán la mayor parte de los candidatos -pues los independientes serán apenas una fracción-, las colectividades deberán recoger el mensaje que tan claramente ha enviado la ciudadanía, y procurar distanciarse con nitidez de sus prácticas habituales. Constituiría una gran decepción para los electores terminar con las “mismas caras de siempre”.

Comenta

Los comentarios en esta sección son exclusivos para suscriptores. Suscríbase aquí.