La carga doméstica que suele recaer en nosotras

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No es una visión subjetiva. Las cifras lo han confirmado: las mujeres somos las que nos llevamos mayoritariamente la carga doméstica y sus consecuencias. Así lo evidenció la última encuesta nacional sobre el uso del tiempo (ENUT) del Instituto Nacional de Estadísticas, que determinó que las chilenas utilizan en promedio 7 horas al día en tareas de cuidado, prácticamente una segunda jornada laboral, versus las aproximadamente 3 horas que le dedican los hombres a estas mismas tareas.

A nivel mundial el escenario no es muy distinto. Según información publicada por ONU Mujeres, en la Unión Europea el 25% de las mujeres informa que las responsabilidades de cuidados y otras tareas de índole familiar y personal son la razón de su ausencia en la fuerza de trabajo, en comparación con el 3% de los hombres. "Las desigualdades de género en el uso del tiempo son todavía altas y persistentes en todos los países. Al combinar el trabajo remunerado y el no remunerado, las mujeres de los países en desarrollo trabajan más que los hombres, destinando menos tiempo a la educación, el ocio, la participación política y el cuidado propio. Pese a algunas mejoras logradas durante los últimos 50 años, prácticamente en todos los países los hombres destinan por día más tiempo al ocio, mientras que las mujeres dedican más tiempo a realizar tareas domésticas no remuneradas", detallan en el sitio web.

Según la investigadora posdoctoral de la UBA y especialista en estudios de género, Verónica Aranda, desde la década del 60' -cuando las mujeres comenzaron a incorporarse de manera intensiva en el mercado laboral- las tareas domésticas que recaían sobre la figura de la dueña de casa siguieron estando a su cargo. "Y esto a través del tiempo se ha perpetuado y definido como la división sexual del trabajo, que ha construido históricamente y culturalmente, y ha mantenido desde un punto de vista económico y político, un diferencial de poder entre hombres y mujeres en el que se le atribuye una irrelevancia al trabajo doméstico, asociado fundamentalmente a la mujer". Esta invisibilización no implica que dichas tareas no signifiquen tiempo y desgaste para ellas, al contrario, se ha demostrado que una de sus consecuencias es que las mujeres actualmente tienen una vulnerabilidad de salud mental mucho mayor que los hombres.

Carga mental: la tarea invisible

"Las mujeres podemos hacer varias cosas a la vez y los hombres solo una". La psiquiatra de adultos de Clínica Dávila, Eugenia Escorza, dice que esta reconocida frase es una buena manera de explicar lo que ocurre con nosotras, cuando se trata de la carga del trabajo doméstico. "Es una manera de justificar una cuestión que no es fisiológica, sino que viene de una construcción social. Actualmente no hay consenso respecto de esto, pero muchos estudios han planteado que las diferencias entre el cerebro masculino y el femenino -el de ellos más focalizado y el nuestro con un campo más amplio- viene de la formación que tenemos los primeros años", explica. Y agrega: "A las mujeres se nos enseña a estar atentas a muchas cosas desde la crianza, básicamente por un tema cultural. Un típico ejemplo son las niñas maternalizadas, que es cuando la hija mayor se hace cargo de los más chicos, cuestión que casi nunca ocurre en el caso de los hombres". Eso, según dice, a la larga trae consecuencias en nuestra salud mental, porque culturalmente las mujeres entienden que son quienes deben hacerse cargo de todo lo doméstico, dejando pocos espacios para el ocio y el autocuidado.

Aunque hay un imaginario respecto de que las cosas han cambiado en el último tiempo -las generaciones de abuelos se involucraron mucho menos que las actuales en las tareas domésticas- sigue habiendo un punto en el que la balanza está totalmente desequilibrada: la carga mental.

El reconocido psicólogo español Alberto Soler fue uno de los primeros en hablar de este concepto. "Cuando las mujeres se quejan de que la carga no está bien repartida, muchos hombres responden: pero si tú me pides que haga algo, yo voy y lo hago. Y es verdad que lo hacen. Pero el tener que dar esa indicación implica que quien está detrás de la coordinación y gestión doméstica, sigue siendo la mujer, independiente de que no realice esa tarea puntual. Esa responsabilidad pesa y resta un espacio mental que es tremendo, hace que acaben el día estresadas e incluso, a veces, con la sensación de culpabilidad por no estar pudiendo con todo".

La doctora Escorza refuerza la idea señalando que "esto es una diferencia netamente de género, porque no tiene que ver con la carga laboral que las mujeres puedan tener fuera del hogar".

Red de mujeres

Como explican ambas expertas, lo doméstico siempre recae en las mujeres. Y no solo cuando se trata de los propios hogares. Quienes prestan servicios domésticos fuera de sus casas, también suelen ser mujeres. Esto, según la psiquiatra, también redunda en un tema cultural. "Cuando una mujer que sale a trabajar deja a otra mujer al cuidado de sus hijos, lo que allí ocurre es que nosotras mismas perpetuamos un sistema en el que se nos enseñó que solo las mujeres debemos estar a cargo de lo doméstico", dice. Y luego explica: "No lo digo como una crítica, al contrario. Si bien está la intención de que la balanza se equilibre en el cuidado, es entendible que las mujeres busquen apoyo doméstico en otras, porque así ha funcionado históricamente".

Por eso para ella cuando se critica a mujeres que tienen ideas feministas porque tienen una nana en su casa, "esa crítica no tiene sustento dentro de un sistema que ha potenciado los roles de hombres y mujeres desde que nacemos". Verónica Aranda concluye: "Es muy importante relevar este tema, especialmente desde que somos niñas y niños, porque si eso no pasa, seguiremos creando una sociedad desinformada en género, en donde el trabajo doméstico sea ejercido exclusivamente por nosotras".

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