Cuarentena en imágenes: “Sé que todo lo que ahora recordamos cobra más relevancia que nunca”

Invitamos a distintas fotógrafas y fotógrafos a retratar su nueva realidad cotidiana durante la cuarentena. Esta es la mirada de Constanza Miranda.




“Mi vida antes de la pandemia era entretenida, llena de trabajo. Todos los días eran distintos y amaba ese ritmo intenso. Pero la cuarentena han sido más de 100 días muy parecidos entre sí, donde estar en pijama ha sido una costumbre que practico más de lo que quisiera.

En la mañana veo las noticias, me preocupo de mis plantas, riego el patio, lavo la loza y ordeno la casa. Trabajo un rato en el computador intentando agarrar los rayos de sol que entran por la ventana del comedor. Eso me alivia y le da oxígeno al encierro.

Cuando me vine a vivir a esta casa, volví a ser vecina de una de mis mejores amigas de la infancia. Durante el encierro, su presencia por medio de la reja ha sido un pilar. Podemos hablar sobre lo que nos sucede internamente mientras su hijo me dibuja cosas lindas. Con ella contamos cada lunes que pasa como un logro. Un día menos de pandemia, una semana menos de encierro, solemos decir.

En mi casa, el centro de todo ha sido el living comedor. Mi marido está lleno de reuniones con teletrabajo, y cuando debo trabajar o escribir estamos los dos en la mesa. Me da alegría tenerlo cerca. A veces, mientras estamos en nuestras cosas, nos tomamos de la mano y compartimos algunas ideas sobre el futuro. Pero la verdad es que he tenido muy poco que hacer y eso ha sido una de las cosas más complejas.

Tengo demasiado tiempo para complicarme, demasiado tiempo para pensar en lo complejo que ha sido estar encerrada. Y demasiado tiempo para agobiarme intentando resolver cuando se terminará esto.

Mis padres viven a dos cuadras de mi casa y han estado encerrados desde que todo esto partió, por lo que siento que es mi responsabilidad “llevarles el mundo” a la ventana que nos conecta. Intento verlos seguido, contarles cosas alegres y conversar sobre lo que pensamos. Todo a tres metros de distancia y siempre con mascarillas.

Pero hay varios días de este encierro que no han sido tranquilos. Sobre todo porque antes de que llegara la pandemia estaba teniendo la vida que hace mucho tiempo quise: casera, amable, donde compartía con quienes quiero. Además, trabajaba intensamente en algo que amo. Pero nada de eso es parte de mi vida ahora.

Durante la pandemia una de las cosas que más me ha entristecido es dejar de hacer fotos.

Por un lado valoro mucho mucho lo que tenía antes de encerrarme, pero también da cuenta de la fragilidad de todo. Nunca en mi vida me había extrañado tanto tener ánimo para tomar fotos. Nunca había extrañado tanto registrar la vida de los otros.

En general hago fotografías mientras camino y es en ese momento donde puedo pensar con tranquilidad, conectarme con mis emociones y activar mi cabeza. En estos días de progresivo desconfinamiento he podido volver a reencontrarme con ello.

El confinamiento ha puesto en valor el tener a mis papás sanos, el poder verlos desde lejos bastante seguido. Además, el tener a mi compañero de vida, que intenta hacerme los días más fáciles, que me contiene y que me hace ver con más claridad el futuro. También el tener a mi vecina, con quién podemos compartir nuestras emociones constantemente.

No sé que se venga mañana, pero sé que todo lo que ahora recordamos cobra más relevancia que nunca. Esa Navidad con harta comida para compartir, abrazada con los que quieres. Esa once familiar o esa ida a un café entre amigas nunca fue tan importante ni atesorable como lo es hoy”.

Constanza Miranda (@cotidad) pasa la cuarentena con su marido, Francisco, en una casa en Santiago.

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