El mito del hijo único




Que son egoístas, que tienden al narcisismo, que se crían muy solitarios y no saben compartir. Desde que el psicólogo Granville Stanley Hall desarrolló en 1896 una teoría que afirmaba que aquellos niños o niñas sin hermanos tenían más probabilidades de convertirse en adultos inadaptados y con problemas sociales, se asentó la idea de que ser hijo único es nocivo para los niños y que dejarlos sin hermanos es prácticamente una crueldad. Estos estereotipos no solo han estigmatizado a esos niños y niñas, sino que también han devenido en una presión y enjuiciamiento para aquellas madres y padres que no desean tener más de un hijo. Otras investigaciones más recientes, sin embargo, -entre ellas las de la psicóloga especialista en el tema, Toni Falbo-, señalan todo lo contrario. Afirman que los hijos únicos pueden ser igual de sociables, que tienen mejor rendimiento académico, y que al tener el privilegio de recibir más tiempo, atención y recursos de sus padres, tienen más probabilidad de convertirse en adultos felices y seguros de sí mismos. Entre estigmas e idealizaciones, lo cierto es que hoy las familias con un solo hijo son tendencia en Chile. En los últimos 20 años han crecido en un 73%; según el último Censo el promedio de hijos que las mujeres tienen a lo largo de su vida fértil decayó a 1,3, y en 2020 se registró en Chile la tasa de natalidad más baja en 70 años. Frente a esta inclinación, cabe preguntarse por esas nuevas generaciones ¿Será tan determinante ser hijos únicos?

La psicóloga Bárbara Lobos, especialista en psicoterapia experiencial, quien también realiza constelaciones familiares, tiene una mirada crítica frente a los estereotipos respecto a los hijos únicos y no cree en absoluto que sea algo condicionante en ellos. “No hay una constante asociada al ser o no hijo único, hay algunos que tienen una tendencia más introvertida, y otros que son muy sociables. Sí he visto padres y madres de hijas e hijos únicos que tienen un estilo sobreprotector, por lo general tienen más tiempo y energía que se canaliza en la atención de las necesidades de ese hijo o hija, lo que es natural y no tiene nada de malo. De todos modos, el que puedan repetirse ciertas pautas en estas familias creo que depende mucho del lugar emocional que habita cada hombre y mujer cuando se transforma en padre o madre”. Para Bárbara, más que tener o no hermanos, influye mucho más el vínculo de los hijos o hijas con sus padres y madres, para el desarrollo de características de su personalidad y posterior vínculo en sus relaciones adultas. “Algunos padres y madres pueden plantearse a la paternidad/maternidad, en consciencia de que fue una decisión que multiplica el amor, e intencionan su energía en hacer feliz a ese hijo. Pero también hay quienes se lo plantean cargados de expectativas que podrían responder a sus propios asuntos emocionales, necesidades o carencias no resueltas. Eso sí podría aportar una cuota de tensión al vínculo y eventualmente ser desencadenante de conflictos. Esta última situación puede ocurrir igualmente en familias de más de una hija o hijo, solo que en el caso de un único hijo esa ‘carga de expectativas’ puede ser mayor o más evidente”.

El editor literario Jorge Nuñez, de 31 años, si bien no se considera parte del estereotipo del hijo único, sí recuerda esa experiencia como algo solitario, y confiesa que hasta hoy tiene más tendencia a la soledad, aunque no está seguro de atribuirlo a no haber tenido hermanos cuando chico. Rememorando su niñez, dice que durante los 13 años que fue hijo único, hasta que nació su hermana pequeña, se sintió bastante aburrido en casa. “Me sentía solo, sin nadie con quien jugar o compartir procesos. Iba a la casa de mis amigos que tenían hermanos y los veía pelear, jugar, salir, los miraba con cierta envidia. Después nació mi hermana, y aunque la adoro, la diferencia es mucha, me hubiera gustado tener más proximidad”. Hoy, paradójicamente, por una complicación de salud de su pareja, han decidido tener solo una hija. “Pero pienso que ya no es tan terrible, en los 90 los hijos únicos éramos menos, ahora es mucho más común”.

Al parecer, la decisión de tener solo un hijo hoy es vista como algo cada vez menos “raro”. Para Bárbara, existen varios factores determinantes en la decisión actual del hijo único. “El estilo de vida al que nos impulsa la sociedad en la que nos desenvolvemos implica muchas veces que el tiempo con que contamos para vivir es escaso, con madres y padres con jornadas laborales sobre las 40 horas semanales. Eso nos lleva a que los momentos del día en que podemos compartir con nuestros hijos son acotados en muchos casos. En ese sentido he visto a muchas parejas que se piensan más la posibilidad de tener un segundo hijo, especialmente si no cuentan con una red familiar de apoyo, ya que el tiempo y la energía que se requiere para criar y disfrutar la crianza, a veces se ve mermado por circunstancias económicas y también por las aspiraciones de cada persona, ya que además de ser padres, muchos igualmente desean y necesitan continuar avanzando en sus carreras y desarrollo profesional.  En un escenario así, optar por tener un solo hijo resulta más factible de sostener para las familias.”

La periodista Génesis Moreno, de 31 años, tras decidir quedarse solo con su hija, de 2 años, se ha visto enfrentada a mucho juicio por parte de su entorno; su postura, sin embargo, es incuestionable, sobre todo por la intensa carga que la maternidad significa para una mujer. “Para mí la maternidad ha sido una experiencia tremenda, que quiero hacer con dedicación y mucho cariño, y creo que a un segundo hijo no podría dedicarle lo mismo. Pienso también en los costos y en tener que volver a la etapa de embarazo y puerperio, a privarse y sentir la ambivalencia de nuevo, y no quiero, me niego”. Como le pasa a muchas madres, le toca recibir comentarios sobre su decisión, que a veces le generan culpa. “Cuando lo he comentado me han dicho que los hijos únicos son más egoístas, que no saben compartir, que se van a criar solos, o que los hijos no se pueden tener de a uno, que mejor todos altiro porque se acompañan y se crían solos”. Pero al observar a su hija, Génesis ve una experiencia distinta y no identifica estos estereotipos en ella. “Ella ama ver a otros niños y estar con sus primas, y creo que con eso basta. Pienso también que, cuando creces, muchas veces son las amigas más que los hermanos quienes ocupan también un espacio importante en tu vida. Tener hermano no es garantía necesariamente de crecer más ‘acompañada’”.

Para Bárbara, la psicóloga, la decisión de tener uno o más hijos hoy afortunadamente es más libre en relación a épocas anteriores y depende de los padres saber tomar esa libertad, sin miedo. “No existen opciones mejores o peores, simplemente los tiempos cambian y las necesidades también. Si bien la experiencia del amor fraterno es única en cada caso, existen muchos otros elementos que son de gran relevancia en la vida de una persona para desarrollar su máximo potencial y vivir en plenitud, como la calidad de la relación con su madre y su padre, que estos le den un trato amoroso y respetuoso, y las acciones que puedan desplegar para favorecer la socialización de ese hijo. Proporcionarle oportunidades de tomar y aprovechar los múltiples vínculos de afecto de la red familiar de la que forman parte. Todas las familias son únicas, y cada uno de nosotros puede aspirar a una vida plena y feliz con la composición familiar que nos tocó, ya sea con hermanos o hermanas, o sin ellos”

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