Médico embarazada en cuarentena: "Es difícil estar en esta segunda línea, porque ayudar a los enfermos es lo que sé hacer"

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"Soy médico internista y gastroenteróloga, y trabajo en el hospital San Juan de Dios y en la Clínica Indisa. Tengo 32 semanas de embarazo y me mandaron a cuarentena el 16 de marzo, cuando salió una circular del Ministerio de Salud diciendo que la mujer embarazada era parte del grupo de riesgo. En ese momento no se sabía tanto al respecto, pero ahora hay más información sobre los efectos del coronavirus en una mujer de mi estado, principalmente el parto prematuro, que es un riesgo para el recién nacido. Pero además el embarazo hace que sea imposible acostarse sobre el abdomen, lo que interfiere con algunos procedimientos de la UCI, si es que se produjeran fallas respiratorias.

Cuando me mandaron a la casa sentí mucho estrés. Siempre he sido muy planificada y tenía hasta mis 34 semanas algunos controles de pacientes programados. Me dedico a enfermedades inflamatorias, por lo que tengo pacientes bastante complejos que requieren iniciar terapias biológicas o seguimiento. Además, tenía en agenda controles de colonoscopía y otros médicos. Estos últimos los he podido hacer a través del correo electrónico y he seguido en contacto con la gente del hospital, como también registrar a los pacientes al sistema de la Ley Ricarte Soto, porque soy una de las encargadas de hacerlo.

Me tocó estar presente cuando se pensó que la influenza H1N1 iba a hacer una pandemia, pero que en definitiva no fue tan letal como lo que estamos viviendo ahora. Yo me contagié, por lo que estuve en aislamiento, pero en mi casa nadie se enfermó. Ahora he tenido que hacer cuarentena efectiva para prevenir un contagio, pero hay veces que me siento frustrada, porque siento que las personas que me rodean no se dan cuenta del peso de lo que es esta enfermedad.

Para mí, es una obligación moral ser parte de esto. Si estuviera trabajando estaría haciendo turnos en la UCI o esperando atenta a que me necesitaran. Es complejo vivirlo desde lejos, porque como profesionales estamos llamados a participar en los momentos de mayor necesidad. Y yo ahora no puedo ayudar.

No estar en el hospital me produce sentimientos encontrados. Me siento poco útil, por no decir otra cosa. Hasta el año pasado trabajé en la UCI, lo que sería ahora la primera línea de los pacientes con una enfermedad como el coronavirus y siempre me gustó estar ahí. Ayudar a los enfermos es lo que sé hacer. Es difícil no estar en el hospital y estar en una especie de segunda línea, pero sé que es porque tengo que cuidar a quien viene en camino.

Es primera vez en mi vida que llevo tanto tiempo en casa, así que he aprovechado de estar con mis hijos. Llevo más de 12 años trabajando como médico y es la primera vez que estoy tres semanas todos los días aquí, por lo que ha sido toda una experiencia.

Creo que es importante hablar de solidaridad, en el sentido de que quedarse aislado es por un bien mayor. Yo no lo hago por mí, lo hago para evitar que se contagien personas de mayor riesgo. Fácilmente podría tener un salvoconducto para salir todo los días, pero no lo he hecho. Veo gente desesperada por salir y eso para mí en este minuto no tiene cabida. Ahora es cuando tenemos que ponernos en el lugar del otro".

Paulina Núñez tiene 37 años, es médico, tiene dos hijos de 9 y 7 años y actualmente está embarazada.

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