La vagina perfecta no existe (o todas lo son)

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LA PREGUNTA

"Nunca me ha gustado el aspecto de mi vagina y eso obviamente ha tenido consecuencias en mi vida sexual. Me da vergüenza tener sexo oral o estar con la luz prendida. Y es que su imagen se aleja mucho a las que he visto en fotos. La mía es más oscura y asimétrica. Es tanto lo que me perturba, que hasta he pensado que el día que pueda hacerlo, me la operaría. Sé que existe la opción de rejuvenecerla. Sin embargo, quería saber si tenerla distinta significa que algo anda mal y qué puedo hacer para aprender a aceptarla".

Bárbara (28).

LA RESPUESTA

Los miedos y prejuicios que existen en torno al aspecto de la vagina o más bien la vulva, que es la que contiene los labios vaginales, el clítoris, la abertura vaginal y el orificio uretral, son bastante comunes entre las mujeres, sobre todo en adolescentes. En 2018 el hospital Royal Children's de Melbourne (Australia) realizó un estudio con el propósito de saber cuáles era las principales inquietudes de sus pacientes en torno a este tema. Los resultados arrojaron que el deseo de tener la vagina como las que se muestran en la pornografía era la motivación principal por la que acudirían a una cirugía. Además, las participantes de la investigación aseguraron sufrir ansiedad de verse diferentes por culpa de una vulva que no reconocían entre el resto, situación que afecta hasta a menores de 11 años.

La hipertrofia de labios menores, que es cuando esta parte de los genitales destaca por fuera de los mayores, es el motivo que lleva a más mujeres a consultar, según explica la ginecóloga de Clínica Alemana Andrea Schilling. Y que esto es absolutamente normal. "Todas las vulvas son distintas. Si hay un millón de narices distintas, de vulvas hay dos millones. Así de variado es su aspecto. Hay muy pocas cosas que podrían relacionarse como anormales y éstas se relacionan a temas de salud, como no tener el himen perforado", asegura.

La vulva es asimétrica, al igual que todo el cuerpo. Un labio menor puede ser totalmente distinto al que se encuentra al otro lado. O también puede pasar que ambos sean grandes y que, al cerrar las piernas, sobresalga por el labio mayor. "El problema radica, principalmente, en que todos los libros de biología con los que la gente se educa señalan un tipo de vulva que incluye labios mayores, que es donde están los pelos y los menores, que son más chicos. Pero resulta que en las poblaciones latinas –y en la mayoría menos la anglosajona– la realidad es muy distinta. Son vulvas asimétricas y pigmentadas", dice Schilling.

Para explicarles a sus pacientes, la experta les enseña el otro nombre científico con el que se señala la vulva que es 'ninfa'. "La metamorfosis de la mariposa comienza por la pupa –que es la cuncuna- después por la ninfa, que es una cosa que cuelga café y arrugada, para luego convertirse en mariposa. Los labios menores de la mayoría de las mujeres son como una ninfa y cuando uno los separa, parecen una mariposa. Otro responsable de que pensamos que se trata de algo anormal es el término que usamos para nombrarlos en español. Quienes hablan inglés son súper inteligentes en eso ya que hablan de labios externos e internos. No de mayores y menores, como lo hacemos nosotros. Y es que eso da a entender que los que están adentro deberían ser pequeños", dice.

Sobre su color, Andrea asegura que todos los labios menores son pigmentados y que, en general, son más oscuros. Esto es muy parecido con las areolas de las pechugas. Hay mujeres que las tienen un poco más rosadas y otras más café. Los labios mayores, en cambio, suelen ser del mismo color de la piel o un tono bastante parecido.

Sin embargo, con el paso de los años la vulva va sufriendo algunas modificaciones. Así lo explica Marcela Bertossi, ginecóloga de Clínica Las Condes: "El primer cambio es desde la niñez a la adolescencia. Ahí se empieza a desarrollar notoriamente. Antes es una vulva infantil, muy parecida a la de una guagua. Pero dos años antes de que llegue la primera menstruación comienza a aparecer bello y crecen ambos labios, los mayores y menores. Eso se sigue desarrollando hasta que se llega a la etapa adulta, que es como hasta los 18 años. Ahí ya se tiene una vulva definida, con la pigmentación y tamaño que la define. Después hay otra modificación importante que se relaciona con la menopausia. Cuando estamos cerca de ésta, después de los 40, disminuye la cantidad de grasa de los labios mayores, se va atrofiando, lo que hace que se aparezcan los menores y sean más prominentes. Esto, de todas formas, no significa nada malo. A algunas personas les incómoda, pero son muy pocos esos casos. La mayoría prefiere hacerse una cirugía por un tema de estética".

Para Bertossi, que las mujeres jóvenes se preocupen más de esto tiene relación con un tema generacional. "Quienes son mayores no se preocupan, pero no porque no les importe, sino porque ni siquiera se atreven a mirarse los genitales. Ahora estos temas se están hablando por primera vez. Antes, por ejemplo, practicar sexo oral o depilarse era tabú", dice. Schilling concuerda con esto. Y agrega: "La liberación de la sexualidad ha permitido que las mujeres le pierdan el miedo a conocer su vulva. El problema es que como la pornografía y la educación enseñan algo distinto, se sienten distintas. En el fondo, por mucho que avance la sexualidad, es difícil lograr un cambio si los referentes siguen siendo los mismos".

¿Cómo podemos aceptar nuestra vulva?

Para la sexóloga Michelle Pollman, el problema comienza por nuestra anatomía. "Los hombres, al tener su zona genital hacia fuera, la conocen mucho más. Saben que hay penes distintos y lo aceptan. Nosotras, en cambio, los tenemos hacia adentro y tenemos que hacer un esfuerzo por conocerlos. De hecho, solo podemos hacerlo si nos sacamos una foto o ponemos un espejo al frente. Además, fuimos criadas en una educación mucho más represiva en torno a los genitales, partiendo porque está fuera del lenguaje. Y es que ni siquiera nos atrevemos a nombrar a la vagina como tal. Y lo mismo con la vulva", explica.

Para aprender a aceptarla, Pollman recomienda, además de mirársela, conocer otras. "Entiendo que sea súper difícil sentir que la vulva es normal cuando el mercado siempre nos ha presentado una rosada, sin olores y totalmente simétrica. Sin embargo, hay varias iniciativas que potencian el conocer cómo son las de las demás. A mí me gusta mucho una cuenta de Instagram que se llama @thevulvagallery. En esta aparecen diferentes imágenes con todo tipo de vulvas. También, en el tercer capítulo Goop Lab (documental de Netflix) la educadora sexual Betty Dodson es invitada para hablar de vulvas reales", cuenta. "La mejor opción es informándose y construir una nueva realidad a través del lenguaje, partiendo por nombrar los genitales por su nombre", concluye.

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