La comunidad

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El viernes 8 de marzo de este año fue un día histórico para las trabajadoras sexuales virtuales de Chile. Por primera vez se reunieron para marchar juntas por la Alameda en la conmemoración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Con disfraces, maquillaje corporal, lencería, trajes bdsm, pompones y correas, sostuvieron carteles y pendones que abogaban por el reconocimiento del trabajo sexual como un trabajo de cualquier otra índole. "Siempre con las putas, nunca con la yuta", gritaron al unísono.

"El 8m fue el día en que se condensó la unión entre las TSV. Antes de eso habíamos ido a algunas reuniones, pero en la marcha nos encontramos todas marchando juntas. Ha sido el hito de este año. Hay muchas chicas generando contenido y lo rico es que la relación que hemos creado. Es muy bonito lo que está pasando en Chile, a mí me tiene feliz. En Santiago, en el Norte, en el Sur nos reunimos, compartimos información, nos pasamos clientes, tenemos redes de comunicación rápidas y seguras. Sería hermoso armar una página web donde vender contenido juntas, sin que otra plataforma se quede con un recorte", explica Skinbyrd (30), trabajadora sexual virtual que ejerce hace seis años y se especializa en fetiches y bdsm; sigla que agrupa prácticas sexuales como la dominación, sadismo y masoquismo.

Iniciativas como las que menciona surgieron luego de lo ocurrido con Nido.org, la página web en la que se compartían fotos de mujeres sin su consentimiento, muchas de ellas con poca o cero ropa. Ahí, un grupo de hombres hablaba de ellas de forma violenta, las extorsionaba e incluso se encontraron conversaciones de chat en las que planeaban compra de drogas para secuestrarlas y luego violarlas. Cuando el tema salió a la luz, la mayoría de las trabajadoras sexuales virtuales de Chile sabía hace mucho tiempo de la existencia de Nido, y varias de sus fotos habían sido publicadas en la página web acompañadas por palabras violentas y amenazas.

Desde ese entonces, un grupo de cerca de 30 trabajadoras sexuales virtuales se han reunido en un par de ocasiones y mantienen diálogos frecuentes a través de grupos de WhatsApp, donde avisan si se están filtrando sus fotos, si están sufriendo acoso o extorsión de parte de alguien y se apoyan en caso de que les cierren sus cuentas de redes sociales por censura. Por esto, no es raro ver en las historias de sus Instagram cómo pasan el dato de la nueva cuenta de tal o cual trabajadora sexual porque le cerraron su cuenta anterior. De la misma forma, funan públicamente a hombres que han tratado de aprovecharse de ellas y se publicitan unas a otras para ayudar a que todas tengan más difusión y, por ende, más trabajo. "Lo de Nido influyó mucho en que nos organizáramos. Nos unió porque fue una prueba clara que había que hacer algo", dice Vesania, que participa activamente en los grupos de WhatsApp, además de ser integrante de la Fundación Margen, que reúne a trabajadoras sexuales virtuales y físicas.

Hace unos años, cuando su familia aún no sabía a lo que se dedicaba, Vesania sufrió un episodio de violencia, no de parte de Nido.org, sino de personas conocidas que encontraron sus fotos eróticas, las imprimieron y las enviaron a la oficina de su papá y a la universidad donde estudiaba. "Con esa situación de violencia me sacaron del clóset, y tuve que hablar del tema con mi familia. Después de eso me empecé a juntar con otras chicas que han pasado por lo mismo, que gente trata de hacerles daño, muchas veces porque consideran que su trabajo es malo. No puede ser que un papá eche a su hija de la casa porque la pilló vendiendo fotos, que tu pareja se sienta con el derecho a humillarte. El daño más fuerte que nos hacen es hacernos sentir rechazadas por una cosa moral. Porque una vez que uno misma deja de considerar esto como algo malo, es menos probable que te puedan hacer daño. Por eso hay que hablarlo", afirma.

Vesania está sentada en un parque junto a Aretha Moon, otra trabajadora sexual virtual. Se conocieron en un taller de introducción al trabajo sexual virtual que dictó el verano pasado Occvltriz, una de las trabajadoras sexuales virtuales con más experiencia en Chile. Desde ahí las dos se han hecho buenas amigas. "Puedes estar muy feliz con tu trabajo, logrando muchas cosas, pero la gente es la que le pone ese tapujo que no nos deja ser felices con lo que hacemos. Por eso es importante que logremos que esto se vea como un trabajo, que es lo que es", dice Aretha. "Yo misma tenía el prejuicio antes; pensaba que era terrible, tenía miedo de que hubiera un sicópata, que me raptaran, pero me di cuenta de que no era así. Todas las malas experiencias que he tenido han sido por discriminación y odio de parte de la sociedad y mi entorno, no por mis clientes", agrega Vesania.

Fueron juntas a la marcha de 8m; Vesania vestida con un traje de policía de látex y Aretha usando un disfraz de bruja. Allí, gritando por la Alameda, conocieron a Skinbyrd, quien ese día estaba vestida de gata dominatrix. Tras la marcha, montaron juntas Belladonna Night Club, una productora de fiestas eróticas para difundir su trabajo y el de otras y otros trabajadores sexuales.

Las tres se consideran transfeministas, una corriente del feminismo que amplía su foco más allá de las mujeres cis género -biológicamente mujeres; con útero, ovarios y vagina-, a la disidencia sexual, como las personas trans género. Su meta es terminar con la opresión hacia las minorías, entendiendo el género como una construcción social que limita los cuerpos al pretender que se adapten a cierto orden social.

Son muchas las trabajadoras sexuales virtuales que se consideran transfeministas, sobre todo las que están organizadas. Y son muy críticas con las corrientes abolicionistas del feminismo que plantean la erradicación total del trabajo sexual. En las marchas relacionadas a los derechos de las mujeres, algunas visten una polera rosada que dice "Puta feminista", que pertenece al Sindicato de trabajadoras sexuales de Argentina, Ammar, con quienes mantienen contacto. En ese país existe una fuerte división del movimiento feminista entre quienes son abolicionistas y quienes abogan por regular el trabajo sexual. En junio, viajó a Chile Elena Moncada, ex trabajadora sexual que fue víctima de trata de personas y que hoy recorre Latinoamérica para difundir el abolicionismo con su libro "Yo elijo contar mi historia". Cuando terminó la presentación que hizo en la Universidad de Chile y se abrió el espacio de preguntas, un grupo de trabajadoras y trabajadores sexuales de Fundación Margen pidieron la palabra.

La mayoría de las mujeres del público no las dejaron terminar su intervención. Las acusaron de falsas feministas. Les gritaron "fuera" y "cállate". Les reprocharon que hubieran asistido con hombres; Víctor Hugo, histórico activista por los derechos LGTBIQ+, más conocido como el Che de los Gay, y Josecarlo, trabajador sexual de la organización.

Pero afuera del auditorio, alejada de la censura del público, Vesania llevó a cabo su intervención acallada: "Existen muchas mujeres que lo tienen que hacer por obligación para salir de la pobreza. Pero el problema que hay es la pobreza. Para mí eso es lo violento: que cualquier persona tenga que hacer algo que no quiere para poder comer. Todos tendríamos que mínimo alimentarnos y vivir bajo un techo digno, pero vivimos en una situación de desigualdad social. De eso hay que hablar. Ese es el patriarcado contra el que yo lucho".

Para muchas, no se trata solo del peligro de que prohíban su principal fuente de trabajo, sino también su vocación. Es el caso de Vita Somnium (20), trabajadora sexual que se dedica a esto hace dos años y asegura que es su pasión. "No me siento representada por las feministas que quieren abolir mi trabajo, que me da plata y además me hace feliz. Quieren pasar por alto que soy una persona, que puedo hablar, que tengo vivencias propias y en base a eso elijo qué hacer o no hacer con mi vida. No entiendo cómo abogan por el aborto libre y no por una libertad sexual en la que cada una haga lo que quiera con su cuerpo", dice desde su pieza, donde transmite sus videollamadas a escondidas de su mamá. "Si lo que ellas quieren es que las mujeres no se tengan que ver forzadas a recurrir a este trabajo aunque no les guste, entonces hay que mejorar las condiciones laborales, no echarle la culpa al trabajo sexual".

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