Aquí están las lesbianas

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La representación importa. Esta frase se repite en varios ensayos y artículos relacionados a la presencia de minorías en medios de comunicación, teleseries, libros y películas, pero en el contexto social actual pareciera cobrar otro matiz. La mayoría de las personas no se sienten representadas por las autoridades, y desde octubre de 2019 lo están demostrando en la calle. Y si hay un grupo que sabe lo que es no sentirse representado, esas son las lesbianas. La L de LGTBIQ+.

"En mi adolescencia no tenía internet porque eran los 90 y no conocía a ninguna otra lesbiana. Pensaba que era la única del mundo y que me iba a morir sola", cuenta la comediante y socióloga Susana Opazo. "La primera vez que supe de otra mujer a la que le gustaran las mujeres fue viendo la sitcom que tenía Ellen Degeneres y que daban por canal 13, pero el día que salió del clóset la cancelaron", recuerda.

Su primer contacto con lesbianas de carne y hueso fue un golpe de suerte. Escuchando la radio llegó al programa Triángulo Abierto que daban en la Nuevo Mundo, donde al final un grupo de lesbianas invitaba a un foro de videos. "Me dio pánico, pero fui y vi que había otras como yo, que hacían cosas como ver películas o ir a fiestas", cuenta sobre el encuentro. Y agrega: "en ese entonces, para conocer lesbianas tenías que salir y participar del movimiento, pero cuando llegó internet cambia la forma de comunicarse y se abre la posibilidad de chatear".

Aunque Susana asegura que entre las lesbianas hay mucha diversidad -están las feministas, las no feministas, las liberales, entre muchas otras- entiende que, así como ella encontró a Ellen y al grupo de la radio, es fundamental que otras se sientan representadas. Que se encuentren. "Cuando no tienes referentes te sientes como un bicho raro, estás sola en el mundo", dice. "Los referentes de lesbianas admitidos en los medios son, por ejemplo, lesbianas de uñas largas, lo cual es ilógico porque imagínate la vida sexual de una lesbiana con las uñas así".

La comediante dice que al no existir referentes se emula lo que se muestra: "Tienes una polola y reproduces el vínculo de los heterosexuales; los celos, la dominación, siendo que podríamos generar otro tipo de vínculos propios de dos mujeres que están en una relación".

Según el estudio Ser LesBiana en Chile de la agrupación Rompiendo el Silencio, para un 72,5% de las encuestadas es muy importante en la construcción de la identidad que una mujer lesbiana o bisexual tenga visibilidad pública. "Estos resultados sugieren que la visibilidad y representación se relacionan positivamente con el empoderamiento y la autonomía, ya que les permite atreverse a vivir una vida acorde a lo que son y a lo que sienten", explican en el análisis de esta cifra.

"Si eres camiona o eres una chica o chico trans, hay algo visible en ti, y al ser visible te puede ir muy mal", explica Susana. "Se nota que no eres una 'buena mujer' y si se nota, cada vez que sales a la calle es una especie de acto performático. El tema es que tienes que estar consciente del riesgo que eso significa. Necesitamos poder estar en el espacio público, no para representar a otros, sino que para que estos otros puedan hablar por sí mismos", dice. Y añade: "por ejemplo, a mí me llegan muchos mensajes lesbofóbicos porque no soportan mi imagen, una imagen que para ellos es tan fuerte que sienten que tienen que agredirme. Les molesta mi existencia".

Una constitución queer

La coordinadora general de la agrupación Rompiendo el Silencio, Érika Montecinos, cuenta que al menos cinco mujeres lesbianas le han comentado que, de salir la opción Convención Constituyente en el próximo plebiscito, se van a presentar a elecciones. "No vamos a estar escondidas, nos tenemos que meter en política", dice explicando que, a diferencia de elecciones pasadas, espera que en este caso las lesbianas que se presenten asuman públicamente su orientación sexual. "Cuando asumes tu sexualidad frente a los demás estás irrumpiendo y destruyendo un poco más el patriarcado. Estás tambaleando el sistema, confirmando que de hecho sí, existimos".

Según Érika, la redacción de una nueva Carta Magna es una oportunidad única para que las disidencias tengan representación política propia. "Actualmente no se reconoce que además de hombre y mujer hay personas que no viven acorde a su género, ni mucho menos la diversidad de familias", explica. Es por eso que para ella es fundamental que en esta nueva oportunidad haya "una amplitud de miradas donde quepamos todas".

Érika reconoce que muchos de los avances que se han logrado en pos de la comunidad lesbiana se han dado gracias a las gestiones de parlamentarias o voceras heterosexuales, pero enfatiza sobre la necesidad de que sean ellas mismas quienes se representen. Además, coincide con Susana Opazo en que no debería haber un solo referente o una sola persona que hable por toda la comunidad, sino que mientras más sean, mejor. "No podemos seguir pidiendo que nos tomen en cuenta".

Ir contra la norma

Cuando la ingeniera civil en telecomunicaciones María José Parra (32) tenía 8 años, le dijo a una vecina que le gustaba. A diferencia de muchas niñas de su edad, no había visto tantas películas que giraran en torno a un príncipe y una princesa, por lo que no vio nada malo en su declaración. Ese mismo día, al escuchar hablar a los adultos, se dio cuenta de su terrible error y decidió nunca más hablarle, porque según recuerda: "me moría de vergüenza".

Siempre supo que le gustaban las mujeres, pero no fue hasta su primer año de universidad que decidió, formalmente, salir del clóset, primero ante un grupo de compañeros y luego frente a su familia. Al tiempo, tomó la decisión de dejar de contarle a las personas sobre su orientación sexual porque no le veía el sentido, pero además porque le cuesta a veces comulgar con la palabra lesbiana, debido a su carga histórica.

"La discriminación hacia las lesbianas ha sido tan grande, durante toda la historia, que las mujeres que amamos a otras o que tenemos relaciones sexo afectivas con mujeres muchas veces no queremos identificarnos con esa palabra", justifica. Y añade: "a muchas lesbianas no les gusta la palabra porque tiene una connotación negativa, pero por lo mismo creo que es muy importante tomarla y reposicionarla, para que las niñas y las adolescentes puedan apropiarse de ella sin esa carga violenta".

Pese a que no se considera activista ni vocera de la comunidad, María José coincide con Susana y Érika en cuanto al acto político que significa ser lesbiana. "Amar a otra mujer es ir contra la normativa patriarcal y heterosexual", declara, distanciándose de la situación de los hombres gay, pues considera que "amar a otro hombre te posiciona en un lugar de poder y mayor privilegio". "Es el cola vulnerable el que sufre, el cola cuico no", comenta.

La princesa empoderada

"Crecimos en una cultura heteronormada, donde desde niñas oímos historias de príncipes y princesas", dice la socióloga y encargada de estudios de Rompiendo el silencio, Nicole Rojas. "A estas alturas todos sabemos que es importante tener referentes positivos desde la temprana infancia, porque si los cuentos son siempre desde la heteronorma, no hay un relato que diga que el mundo puede ser distinto, o que pueda ser distinto sin que haya una sanción social".

Rojas, quien estuvo encargada de implementar la encuesta Ser LesBiana en Chile, reconoce que en los últimos años las dinámicas en las películas y cuentos han cambiado, pero en vez de incluir diversidad, vislumbran a la mujer desde la soledad. "Cuando hay antiprincesas son mujeres empoderadas, pero siempre se les muestra solas, se dice que no necesitan a nadie. Pero no abordan la posibilidad de que existan afectos entre mujeres".

Según Rojas, es en la socialización primaria de los niños donde se refuerza la forma heteronormada de género, y que es ahí donde se podrían hacer cambios, en una primera instancia. "Yo estudié con libros en los que, si te mostraban una familia, te mostraban una familia piloto, con papá, mamá, hijo e hija", explica. Y añade: "eso, aunque no todos se quieran dar cuenta, es el reforzamiento de un modelo que es muy acotado".

Esta representatividad se traspasa también a la oferta televisiva adulta o adolescente, en la que si se muestran personajes lésbicos siempre es desde el sufrimiento. "Pareciera que no puedes ser lesbiana y feliz", dice Nicole. "Los guionistas suelen poner a parejas lésbicas primero en intersección con un hombre, como si la lesbiandad fuera una etapa transitoria, o en un trío de disputa entre un hombre, una mujer y otra mujer, donde casi siempre una termina muerta o ambas infelices".

Los referentes son importantes, según la socióloga, porque sin ellos la sociedad sitúa a la disidencia desde un estigma de infelicidad, donde además siempre se cuestiona la identidad. "No es necesario que estos referentes o representantes sean grandes personalidades, pero es importante que sean personas cercanas, por eso desde el activismo tratamos de estar siempre disponibles para hablar con otras, para que se sientan cómodas al asumirse", dice en relación a la importancia de que las mujeres lesbianas se asuman como tales en sus círculos o en los espacios que habitan.

Nicole entiende que, como María José, haya lesbianas que no sientan la necesidad de salir del clóset en todos sus entornos o que no quieran estar asociadas al término por su carga negativa histórica, pero las urge a que se atrevan, pues hacerlo podría marcar la diferencia en las mujeres que temen definirse con una orientación sexual disidente. "Lo ideal sería que no fuera tema", dice, "pero tiene que ser tema, hasta que por fin deje de serlo".

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