Neuropsiquiatra de la Universidad de Cambridge, Barbara Sahakian, sobre la importancia de la flexibilidad cognitiva: “El blanco y el negro son mucho más cómodos de habitar, pero los cerebros que saben habitar el gris tienen mejor desempeño en la búsqueda de soluciones”




La psicóloga, psiquiatra y neuróloga Barbara Sahakian (PhD y DSc), quien ha dedicado su carrera al estudio de la flexibilidad cognitiva, la define como la capacidad de pasar de una idea a otra, sin mayor dificultad o titubeo. Básicamente, un salto espontáneo –cuando nos vemos enfrentados a una problemática que requiere de una solución– de una decisión a otra, rasgo que en su rubro y en países anglosajones, se denomina ‘higher level switching’.

Es, según profundiza, la capacidad de no quedarnos pegados en un único pensamiento y de oscilar entre un extremo del espectro de ideas al otro, pasando por todos los posibles desenlaces en momentos de mayor adversidad. Así mismo, la flexibilidad cognitiva es también poder ver en esa otra opinión que creíamos opuesta a la nuestra, una serie de matices y finalmente encontrar puntos en común.

Hay personas, según explica, que la tienen mayormente desarrollada. La mayoría de las veces, esas personas tienen un cerebro que ella y sus colegas denominaron, en un estudio realizado en el 2021, andrógino. Y es que no se rigen por un sistema binario (masculino-femenino como polos opuestos) y no se atienen a lo que se espera social y tradicionalmente de los géneros. Más bien, en el espectro cerebral que se creó para el estudio –en el cual se estudiaron 9620 cerebros, sin conocer el contexto social de los participantes–, los denominados andróginos, que en total fueron un 50% de la muestra, se situaron al medio, y podían transitar de un extremo al otro. “No existen mayores diferencias entre el cerebro masculino y femenino, más allá de diferencias mínimas en el tamaño y de cierta conectividad entre diferentes áreas, pero no cabe duda que a lo largo de nuestras vidas, lo social y ambiental nos va moldeando y guiando hacia un lado del espectro. Eso tiene una manifestación concreta en el cerebro, incluso cuando no sabemos nada más de la persona”, explica Sahakian. “Por eso, fue muy impresionante ver que hay cerebros que logran no quedarse rígidamente en un solo lado”.

Esa capacidad, que está directamente relacionada a la flexibilidad cognitiva, es la que permite que estos individuos, independiente de las categorías con las que se identifican en sus vidas, puedan encontrar mejores soluciones a las problemáticas que enfrentan. Es también lo que determina, a la larga, que tengan una mejor salud mental. Porque el cerebro andrógino, como explica la especialista, no siente la necesidad de conformarse ni de pertenecer a una única categoría (como probablemente no la sientan –a nivel más social– sus receptores) y está mayormente consciente del entorno. Eso hace que sufra menores dificultades o frustraciones cuando algo no funciona y, por lo mismo, constituye la configuración cerebral ideal al momento de tomar decisiones en periodos de incertidumbre. Y esto, contrario a lo que se suele pensar, no le corresponde a una única edad. “Existe la androginia en la psicología, pero lo que nosotros establecimos es que al igual que una tendencia hacia la no categoría en los rasgos y características identitarias, nuestro cerebro también puede optar por una no identificación binaria y preferir la ambigüedad”.

Esta flexibilidad, como expica Sahakian, se puede trabajar. Principalmente con métodos educacionales como el debate –en los que nos vemos obligados a asumir posturas que quizás no defenderíamos regularmente– y el intercambio continuo de ideas. Y en un mundo en crisis, en el que todo orden y sistema socioeconómico ha sido puesto en duda, esta flexibilidad mental es clave. De lo contrario, nos enfrentaríamos a altos niveles de frustración y estrés constante. Y es que es esta flexibilidad la que nos permite habitar los espacios intermedios, inseguros e inciertos, aquellos que nos suelen incomodar. “Es la flexibilidad cognitiva la que hace que no nos quedemos pegados a una única verdad absoluta y la que nos permite navegar la incertidumbre. Lo que pasa es que estamos acostumbrados al blanco y negro, que son mucho más cómodos de habitar. Pero saber habitar el gris, en un mundo cambiante, es muy beneficioso para la salud mental y física”.

¿Qué determina que algunas personas puedan lidiar de mejor manera con la ambigüedad? ¿Qué hace que algunos sean más flexibles mentalmente que otros?

Como en todo, en parte es genética y en parte ambiental, o más bien la interacción entre ambas, que no se pueden disociar. Ciertamente el ejercicio educativo puede fomentar la flexibilidad; entender que los debates en las escuelas son claves, porque nos permiten tomar distintas posturas. Ahí se pone en práctica una habilidad clave, que es la de ver que quizás hay algo en ese argumento que es igual de válido que el nuestro. La flexibilidad cognitiva, en el contexto de la solución de problemas, es la idea de que cuando nos encontramos en una encrucijada y no la podemos solucionar de una manera determinada, rápidamente nos podemos pasar a otra solución sin quedarnos pegados. Hay distintos sistemas de medición, que evalúan si somos capaces de desviar nuestra atención de una idea a otra, y eso es a su vez clave para la creatividad. No es lo mismo que nuestra inteligencia cristalizada, pero poder conectar y pasar de un pensamiento a otro es un atributo igualmente importante.

¿Cómo nos afecta, en cambio, ser psicorígidos?

También soy psicóloga clínica y siempre doy un ejemplo; si estoy pasando por un periodo de depresión y mi amiga no me llama, hay dos maneras de verlo. Si soy rígida, lo más probable es que piense que me odia, que está enojada y que no me quiere ver. Si soy propensa a una flexibilidad mental, puedo ver otras opciones, como que quizás ha estado ocupada, o que la puedo llamar yo para ver cómo está ella. Ser flexibles nos abre a otras posibilidades y ser rígidos, en cambio, nos achica la perspectiva. Por lo mismo, la falta de flexibilidad está asociado a trastornos compulsivos y depresión. Ser rígidos produce estrés y eso tiene un impacto en nuestro sistema inmune y en áreas cerebrales como el hipocampo, que son claves para el aprendizaje y la memoria.

¿Somos más flexibles de lo que creemos? ¿Existe una comodidad en no querer cambiar de opinión, cuando en realidad todos tenemos la capacidad de hacerlo?

Yo creo en el aprendizaje de por vida. Es sumamente importante mantener el cerebro activo y aprender cosas nuevas siempre, para no deteriorarnos mentalmente pero también para experimentar. A nivel científico, está demostrado que somos más propensos a tomar riesgos entre los 17 y 27 años, ya a los 50 nuestra tolerancia al riesgo disminuye. A su vez, durante los 20, nuestra plasticidad cerebral está en su peak. Pero todo esto es a modo general y grupal, no considera al individuo. La verdad es que la plasticidad cerebral está siempre y por ende el potencial para aprender, cambiar y diversificar, también.

En el 2008 realizamos un estudio comparativo en el que analizamos a dos grupos sociales; por un lado, emprendedores que ya habían iniciado tres proyectos a lo largo de sus vidas y por otro, jefes de altos mandos de distintas compañías que no habían emprendido nunca. Ambos grupos estaban bordeando los 50 años o un poco más. Lo que develamos fue que los emprendedores eran mucho más propensos a tomar riesgos y los jefes se quedaban pegados en una misma idea cuando no podían solucionar un problema. Seguían intentando con lo mismo, pese a saber que no les estaba resultando. Ahí quedó en evidencia que el tema no es la edad, si no que la capacidad de flexibilizar. Y eso mismo se puede aplicar a elites políticas, por ejemplo, que siguen ocupando posiciones de poder incluso cuando saben que le han fallado a la gente. Por eso la flexibilidad cognitiva es clave en el desarrollo de sociedades diversas y altamente democráticas.

¿Es la capacidad de pasarnos de una solución a otra para encontrar la adecuada?

De eso se trata la resiliencia. No hacerlo sería quedarnos en un estado poco adaptativo, poco fluido y poco acorde a estos tiempos de cambio. Por eso es tan importante la flexibilidad cognitiva, que por cierto es lo que nos permite también ser más receptivos y querer entender al otro. Hay que saber que está todo conectado, psiquis y cuerpo, y si nuestro cerebro es flexible también lo somos a nivel social y viceversa. Por eso ser flexibles mentalmente nos permite tener mayor cognición social; la capacidad de entender lo que el otro está pensando e incluso poder modificar nuestro pensamiento en base al otro.

¿Es por eso que la flexibilidad cognitiva es tan importante para generar consensos?

Estamos acostumbrados a polarizarnos, como pasó acá en el Reino Unido para el Brexit, como pasó en Estados Unidos con Trump y ahora recientemente con el aborto, y como me imagino está pasando en Chile con el proceso constituyente. Y en eso las redes sociales no ayudan porque crean un entorno en el que es mas fácil quedarnos dentro de nuestro ‘in group’, es decir dentro de grupos similares a nosotros, y por ende no recibimos información de otras fuentes. Simplemente reforzamos lo que ya creemos saber. Son espacios en los que se nos alimentan nuestras propias ideas, como una suerte de reverberación de lo propio.

Es en parte lo que las hace adictivas.

Pero eso es un problema, porque el intercambio de ideas es fundamental para poder desarrollar aun más las propias ideas y también para poder estar en un ambiente en el que podamos convencer al otro de que quizás nuestras ideas también son valiosas. El intercambio de ideas es lo que nos permite –tanto a nosotros como a los demás– estar abiertos y receptivos. Lamentablemente, las redes sociales están hechas para alimentarnos de contenidos que el algoritmo cree que nos interesa en base a nuestras búsquedas, entonces terminamos viendo solo eso. No vemos los puntos opuestos.

Tampoco vemos la complejidad de los puntos de vistas supuestamente contrarios. Los vemos como opuestos absolutos, sin ser capaces de ver que ahí también hay matices.

Lo que pasa es que los matices son difíciles de digerir. Las sutilezas e intermedios son difíciles de digerir, porque en general existe una tendencia al querer encasillar. Eso es por cómo hemos sido educados. No nos han enseñado a lidiar con incertidumbres y ambigüedades, y tratar de resolver en la incertidumbre, o tomar decisiones en momentos así, es muy complejo. Por eso se suele preferir lo que está bien o mal, lo blanco o el negro, lo binario y lo polarizado, porque si hay una retroalimentación ambigua, no quedamos conformes y no sabemos qué hacer con ella.

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