Alcohol y adultos mayores: El problema que no queremos ver




Si nos ponemos a pensar en cuántas veces hemos visto alguna campaña que trate de prevenir el consumo de alcohol en los jóvenes, seguramente se vengan miles a la cabeza, sobre todo aquellas que se relacionan con los accidentes automovilísticos. Pero si hacemos el mismo ejercicio con adultos mayores, es prácticamente imposible encontrar algún ejemplo. Y es que existe la falsa creencia de que el alcohol no es un tema que a ellos les afecte o, peor aún, que no importa.

Según un estudio publicado en 2019 por el Journal of the American Geriatrics Society, más de un 10% de los adultos mayores de Estados Unidos beben alcohol en exceso. Es decir, los hombres consumen más de cinco bebidas y las mujeres más de cuatro al día. En Chile, en cambio, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Salud (2016-2017) realizada por el Ministerio de Salud, una de cada 10 personas presenta consumo de riesgo de alcohol, y si se analiza la ingesta por edad, el 4,8% de los adultos mayores de 65 años presenta una conducta de riesgo al beber, aumentando en relación a la última encuesta, donde solo un 4% de ellos mantenía este comportamiento.

El Obserbatorio Chileno de Drogas, por su parte, publicó un boletín en el que se analizó la prevalencia de consumo de alcohol en adultos mayores usando los datos del Estudio Nacional de Dependencia en las Personas Mayores. En total, 4.058 respondieron el módulo de alcohol, que representan aproximadamente a 1,5 millones de adultos a partir de 65. Según los resultados, un 16,9% presenta consumo riesgoso de esta bebida (más de tres tragos para hombres y más de dos para mujeres en un día).

“La primera causa de muerte en los adultos mayores se debe a problemas cardiovasculares, la segunda a tumores y después respiratorios. Eso pasa a nivel mundial y en Chile. Sin embargo, hay otro parámetro súper alarmante que se llama ‘Años de vida perdidos por muerte prematura’, que indica que la tercera causa de mortalidad de los hombres y la quinta de las mujeres es por cirrosis biliar. Y eso es solamente por consumo de alcohol”, asegura la jefa de Geriatría de la Clínica Las Condes, Adela Herrera.

La ingesta de este tipo de bebida en personas mayores de 65 años tiene consecuencias bastante más graves que en jóvenes y adolescentes. Y es que su hígado, al ser mucho más sensible por los efectos del envejecimiento, no metaboliza adecuadamente el alcohol, lo que termine desencadenando problemas a nivel neurológico y cognitivo. Situación aún más alarmante si tomamos en cuenta que en Chile quienes pertenecen a ese grupo etario consumen cerca de ocho fármacos diarios según el Ministerio de Salud. “Cuando uno persona ingiere dosis altas de medicamentos y además consume alcohol, su hígado necesita de más trabajo y el de los adultos mayores no se lo puede dar a causa de su fragilidad. Y el gran temor de todo esto es que el equilibrio de la marcha se altera y ocurren caídas y fracturas”, dice Adela.

Para la experta, el problema radica principalmente en una sola cosa: la soledad. “Siempre hago el trabajo de preguntarles a mis pacientes a qué hora del día beben. Y el otro día una me respondió hasta de forma romántica: ‘cuando comienza el ocaso, es decir, apenas se empieza a esconder el sol porque se siente más la soledad y me da miedo’. En la mayoría de los casos ocurre por situaciones similares. Porque están solos y necesitan del alcohol para no sentir esa soledad. Esta es una realidad importantísima y no se está tomando en cuenta como se debería. La gente, de hecho, tiende a humorizarlo porque es un problema que no quieren ver”.

La psicóloga Daniela Thumala, académica de la Universidad de Chile y especialista en Psicología del Envejecimiento y la Vejez, explica que durante el envejecimiento las personas suelen experimentar una acumulación de desafíos que tienen características de pérdidas. “Gabriel García Márquez decía que la vejez es un pacto honrado con la soledad. Y es que durante esa etapa de la vida los adultos suelen vivir más de cerca la muerte de cercanos y, además, hay un cambio en las relaciones afectivas que son significativas. Por ejemplo, los abuelos tienen ganas de estar con sus nietos, pero estos crecen y ya no están tan disponibles. O también pasa con los matrimonios que llevan años teniendo una dinámica que se ve alterada porque a alguno le diagnosticaron Alzheimer. Si bien no hay muertes, la sensación de pérdida comienza a estar mucho más presente”.

No obstante, para Thumala esto no significa que sea sinónimo de soledad o que estén vinculados con la pena. “Es importante aclarar que las personas mayores tienen una capacidad de lidiar con este tipo de dificultades. Que no son unos niños. Pero obviamente también ocurre que a veces no hay formas adecuadas de afrontarlo y alcohol comienza a jugar un papel. Hay que entenderlo, además, como un problema cultura más que generacional. En Chile se pasan las penas y las alegrías con un trago”, argumenta.

Según Adela, la preocupación debería estar cuando se consumen más de dos copas al día. Si esa cantidad se excede, hay que estar alertas. ¿Pero cómo ponerle límites a quienes se encuentran en esa etapa de la vida? “Cuando la ingesta de alcohol es excesiva significa que hay algo que está mal, sin importar la edad, y se debe hacer algo. Para poder conversarlo, hay que entender que un anciano es un adulto y merece ser tratado como tal. Si hay una imposición por parte de alguien, lo más probable es que tienda a defenderse. Por lo mismo, es importante abrir el diálogo, preguntar cómo se siente y mostrar una preocupación dirigida desde el cariño. También hablarle de la posibilidad de pedir ayuda y transmitirle que hay interés por su estado de salud”, explica Daniela. “Lo ideal sería tratar este tema en una edad temprana. Por eso todas las campañas se dirigen hacia las generaciones jóvenes, pero esto no implica que en otros grupos etarios no esté pasando y es importante visibilizarlo”, concluye.

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