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Mi mascota y yo: nos salvamos una a la otra

Alfreda llego a la vida de Francisca poco tiempo después de que ella se prometiera a sí misma nunca más tener otro perro. Tras eventos desafortunados, Alfreda perdió la movilidad de sus patas. Francisca asumió la tarea de rehabilitarla, sin sospechar que quizás eso la ayudaría a ella también. “Me di cuenta de que, si yo estaba bien, ella iba a estar bien, y empecé a tomarme la vida mucho más positiva” dice.

13-01-2025 Francisca Pérez y Alfreda - Mi mascota y yo Revista Paula - Fotografía: Gustavo Pineda Gustavo Pineda

En 2022, Francisca estaba realizando su práctica profesional en Viña del Mar. Por aquel entonces su corazón lo ocupaba una collie a quién nombro Sara Alfreda, que “solía” ser de un primo. Antes de eso había tenido a Benito, a quien lleva tatuado hoy.

Un día, regresando desde Viña a su hogar en La Estrella, llamó a Sara, quien siempre la recibía al llegar, pero no la encontraba. “En el campo pasa mucho que ponen veneno, sobre todo en verano por los corderos”, cuenta. Al entrar a su casa, Francisca vio a su familia de pie, le contaron que Sara ya no estaba, había fallecido por una intoxicación, igual que Benito. “Yo dije: nunca más tengo un perro, no puedo porque el sufrimiento que siento de haberla perdido de esta manera es terrible” relata.

Seis meses después de eso, una amiga de la universidad le envió una publicación de Instagram con un mensaje que decía “Esta perrita es para ti”. Francisca vio la foto de Alfreda y supo que sí.

13-01-2025 Francisca Pérez y Alfreda - Mi mascota y yo Revista Paula - Fotografía: Gustavo Pineda Gustavo Pineda

Escribió directamente a la fundación, pidiendo adoptarla, llenó el formulario que le enviaron, y casi inmediatamente le dijeron: “La perrita es tuya”. Fue ese mismo día a buscarla a una veterinaria en Maipú, pero Alfreda estaba con fiebre, por lo que tuvo que dejarla allá.

Al pasar una semana, aún no tenía respuesta. Francisca pensaba: “Se habrá muerto y no me quieren avisar”, sin embargo, una mañana le escribieron avisándole que podía recoger a Alfreda. La pasó a buscar y se la llevó a la universidad con ella y nunca más la dejó de llevar. Pero algo andaba mal, empezó a notar que “la patita le bailaba raro”.

Una noche, de vuelta desde la universidad, Francisca sufrió un choque. En el momento en que se bajó a ver los daños, Alfreda la siguió. El auto se encontraba con inclinación al estar en una ladera, por lo que la puerta se le fue encima a la perrita, provocando la pérdida de movilidad en sus patas. La llevó al Instituto Neurológico Veterinario, donde le hicieron una serie de exámenes y comprobaron que “Freda” había tenido distemper.

13-01-2025 Francisca Pérez y Alfreda - Mi mascota y yo Revista Paula - Fotografía: Gustavo Pineda Gustavo Pineda

Así, Francisca supo que la lesión no se debía al golpe de la puerta, sino a que su perrita ya tenía una inflamación medular preexistente, donde cualquier cosa la habría llevado a perder su movilidad, siendo secuela del distemper también la epilepsia que padece hoy.

Partieron inmediatamente con medicamentos y cinco terapias por semana: ozonoterapia, acupuntura, terapia de luz roja y fisioterapia. Con eso Alfreda pudo ir repuntando y recuperar la movilidad de sus patas delanteras, pasando lentamente de utilizar un carrito de cuatro ruedas, a uno de dos.

13-01-2025 Francisca Pérez y Alfreda - Mi mascota y yo Revista Paula - Fotografía: Gustavo Pineda Gustavo Pineda

“He adaptado mucho mi rutina a los tiempos de la Alfre, y me gusta igual. Siento que, al final ella es mi compañera, y soy muy suertuda de poder tenerla y dedicarme 100% a ella” expresa con gratitud Francisca, quién en paralelo de cuidar a Alfreda con la mayor de las devociones, maneja su marca Kadú, donde vende carteras y prendas de vestir, con modelos que incluso llevan el nombre de su fiel compañera.

La rutina es clara, remedios a las 8:00, a las 16:00 y a las 00:00. Paseos a saludar a los conserjes por la mañana y en las noches. Si no la lleva a la oficina, le dice que volverá a las 14:00, así almuerzan juntas y trabaja desde la casa para poder pasar la tarde con ella. Si debe volver a salir, lo hace máximo por cuatro o cinco horas, y vuelve.

13-01-2025 Francisca Pérez y Alfreda - Mi mascota y yo Revista Paula - Fotografía: Gustavo Pineda Gustavo Pineda

Alfreda y Francisca se salvaron una a la otra. La perrita llegó a sus manos en un momento muy difícil, transformándose en su principal apoyo. Francisca cree que, al persisitir en sus tratamientos médicos, salvó a Alfreda de una muerte certera. Cuando de primeras los doctores le dijeron: “Tu perrito no va a caminar, duérmela” ella contestó: “Voy a hacer todo lo posible para que ella vuelva a caminar”, y así fue.

13-01-2025 Francisca Pérez y Alfreda - Mi mascota y yo Revista Paula - Fotografía: Gustavo Pineda Gustavo Pineda

Todas las experiencias dolorosas y diagnósticos médicos duros parecen pequeños ante la devoción en la mirada de Francisca y el agradecimiento profundo en los ojos de Alfreda, lo que explica la alegría que ambas transmiten. Llena de amor y entre una gran sonrisa, Francisca dice: “Yo siento que la Alfreda llegó a enseñarme muchas cosas. Que la vida no va tan rápido, a tomarme todo con más calma y a entender que, al final, el amor es incondicional”.

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