Niñez en Chile: avances, brechas y tensiones que dejó el 2025
Entre avances relevantes y deudas persistentes, el 2025 dejó al descubierto las tensiones de un país que aún no logra ofrecer las mismas condiciones para todos sus niños y niñas. A continuación, un recorrido por lo que revelan los datos del último año sobre la niñez en Chile.
El 2025 dejó una radiografía compleja sobre cómo vive la niñez en Chile. Fue un año en que nuevas mediciones, informes y cifras obligaron a mirar de frente realidades que durante mucho tiempo permanecieron invisibles o subestimadas: la pobreza que persiste más allá de los ingresos, la violencia que sigue marcando trayectorias de vida y las brechas que condicionan el presente y el futuro de millones de niños, niñas y adolescentes.
Pero también fue un año en que se consolidaron políticas, programas y espacios que muestran que avanzar es posible cuando la niñez se convierte en prioridad. Entre cifras que incomodan y avances que abren oportunidades, el balance deja en evidencia las tensiones de un país que aún no logra ofrecer las mismas condiciones de bienestar y protección para todos sus niños y niñas.
La pobreza infantil se mira mejor (y revela más de lo esperado)
En enero de 2026, cuando se publicaron los resultados de la encuesta Casen con una nueva metodología para medir la pobreza, la cifra cayó como balde de agua fría: el 23% de los niños, niñas y adolescentes vive en situación de pobreza multidimensional, según el análisis realizado por Observatorio Niñez Colunga. Uno de cada cuatro. Con la medición anterior, la de 2015, la cifra llegaba a 16%, dejando a cerca de 270 mil niños fuera del radar.
Más que un cambio estadístico, la nueva medición permitió dimensionar con mayor claridad las carencias que atraviesan la vida cotidiana de la niñez, aunque Chile todavía no cuenta con un instrumento que mida la pobreza infantil de manera específica, lo que sigue invisibilizando experiencias propias de esta etapa.
El Observatorio Niñez Colunga ya había advertido en julio de 2025: no es solo falta de ingresos. El 41% de los niños en Chile (casi 1,8 millones) vive con al menos una carencia habitacional. Eso significa hacinamiento, falta de servicios básicos o materialidad deficiente en sus casas.
Y hay un dato que duele especialmente: el 27% de las niñas y niños en educación parvularia no tiene una cama propia para dormir (EVE 2024). Son 97.312 niñas y niños compartiendo cama. Mientras tanto, en educación media el promedio sigue preocupando: un 6% (casi 15 mil adolescentes) tampoco cuenta con un espacio propio de descanso.
Según el informe Niñez y Vivienda de Observatorio Niñez Colunga y Déficit Cero, más de 84 mil niños y niñas viven en campamentos (TECHO Chile). Uno de cada 50 niñas y niños en Chile vive en asentamientos informales, proporción que en Tarapacá llega a uno de cada diez. Esta es la cifra más alta desde que inició este catastro en 1996. Si miramos desde el 2020 a la fecha, el aumento es de un 46%.
Estas cifras no solo muestran las carencias materiales, sino las condiciones desde las que millones de niñas y niños comienzan sus trayectorias de vida.
Crecer con violencia
La violencia sigue siendo una experiencia presente en la vida de muchos niños, niñas y adolescentes en Chile, tanto en el ámbito íntimo como en los espacios donde crecen y se desarrollan.
Según los datos de la Encuesta de Polivictimización 2023, publicados y analizados en la agenda Violencia contra la Niñez de Observatorio Niñez Colunga en 2025, una de cada cuatro niñas ha sufrido abuso sexual, y en el 66% de los casos el agresor fue alguien cercano. A esto se suma un dato que refleja la profundidad del problema: el 61% de las víctimas nunca se lo contó a nadie en su momento, lo que evidencia las dificultades para encontrar espacios seguros de apoyo y escucha.
Pero la violencia no es solo sexual. El 47% de los niños, niñas y adolescentes vive en barrios donde hay balaceras o altercados frecuentes (Casen 2022). Casi la mitad de la niñez chilena crece escuchando gritos y disparos.
En su expresión más extrema, los homicidios de niños y adolescentes aumentaron un 105% desde 2018. Según el Informe Anual 2025 de la Defensoría de la Niñez, a agosto de 2025, se pasó de 37 a 76 casos anuales. Sin embargo, el último balance sobre violencia armada mostró una disminución del 44% en las muertes por armas de fuego respecto de 2024, una señal que, aunque positiva, no alcanza a revertir la tendencia de los últimos años, en especial cuando vemos que agosto de 2024 fue el mes con más homicidios a niñas, niños y adolescentes.
Estas cifras reflejan contextos que afectan la seguridad, el bienestar y el desarrollo de la niñez, y que siguen planteando desafíos urgentes en materia de prevención, protección y acompañamiento.
La realidad que irrumpe desde el nacimiento
En las primeras etapas de la vida, criar se ha vuelto cada vez más difícil para muchas familias que enfrentan la falta de apoyos en el cuidado. Hoy, el 18% de los hogares monoparentales encabezados por mujeres no cuenta con ninguna red de apoyo (Casen 2022). Cuando estas carencias se profundizan, en los casos más extremos pueden traducirse en vulneraciones de derechos que terminan vinculando a niñas y niños con el Sistema de Protección.
Hay cifras que no solo describen una realidad, sino que revelan fallas profundas en las redes de apoyo. Una investigación de The Clinic reveló que entre 2018 y 2024, 407 recién nacidos fueron abandonados en hospitales públicos de Chile. Solo en 2024 se registraron 84 casos, y en el primer trimestre de 2025 el Hospital Gustavo Fricke de Viña del Mar ya contabilizaba 17.
Al mismo tiempo, la población de menores de dos años en residencias del Estado aumentó un 72% entre 2021 y 2025. Por primera vez, el promedio de ingresos diarios al sistema de protección residencial (429 en 2024) superó al promedio de nacimientos diarios, que alcanzó los 371. Hay que leerlo de nuevo: más niños entrando al sistema de protección que guaguas naciendo cada día.
Más que cifras aisladas, estos datos hablan de madres sin redes suficientes, de apoyos que llegan tarde y de condiciones sociales que empujan a muchas familias a situaciones límite.
Avances de un sistema que se fortalece
El 2025 también dejó avances relevantes en políticas, programas y espacios orientados a fortalecer la protección y el bienestar de la niñez, mostrando que es posible ampliar apoyos cuando existe continuidad institucional y prioridad pública.
El sistema Chile Crece Contigo, ahora bajo el nombre de Chile Crece Más, completó su expansión y extendió su acompañamiento hasta los 18 años, cuando anteriormente llegaba solo hasta los 9. La ampliación busca asegurar apoyo durante toda la adolescencia, ampliando el alcance del sistema de protección integral.
En el plano territorial, las 345 comunas del país cuentan por primera vez con Oficinas Locales de la Niñez, instalando una red institucional que busca acercar la protección de derechos a los territorios y fortalecer la capacidad de respuesta local. No importa si se vive en Putre o Punta Arenas, hoy todas y todos los niños tienen un espacio al que acudir.
En el ámbito cultural y educativo, NTV se consolidó como un espacio relevante, concentrando el 99% de los contenidos infantiles en televisión abierta, con programación mayoritariamente nacional (90%) y orientada a la calidad educativa. Actualmente alcanza una audiencia de 5,7 millones de personas, siendo reconocido por la UNESCO por su aporte en esta materia.
La educación que rebota: Después de años difíciles post-pandemia, 2025 fue el año del rebote educativo. La asistencia en educación inicial subió 6,9 puntos porcentuales, alcanzando su mejor nivel desde 2019. Los niños están volviendo a los jardines y salas cuna. Y la brecha en matemáticas entre los sectores de mayores y menores ingresos se redujo de 81 a 49 puntos. Sigue siendo brecha, pero es la menor en décadas.
En participación, el proyecto Multiplicar las Voces, impulsado por la organización Momento Ciudadano, reunió a más de 1.300 niños, niñas y adolescentes de todo el país en encuentros orientados a construir propuestas de políticas públicas desde sus propias experiencias. Las propuestas fueron posteriormente entregadas a candidaturas presidenciales, consolidando un ejercicio de participación activa e incidencia de la niñez en la conversación pública.
En ese mismo contexto, el ciclo televisivo Vota por la Niñez, impulsado por TVN y la Metared de niñez (Pacto Niñez, Acción Colectiva por la Educación, Por un Chile que Lee, Educación Inicial 2030 y Juntos por la Infancia), en el marco del proceso electoral, abrió un espacio inédito al dedicar entrevistas presidenciales exclusivamente a temas de niñez e incorporar preguntas realizadas por niños y niñas del informativo infantil ¿Qué Sucede?, ampliando la presencia de sus voces en la conversación pública.
Estos avances muestran que existen capacidades institucionales, sociales y culturales que pueden fortalecerse, y que el desafío sigue estando en su sostenibilidad, implementación y alcance efectivo en la vida cotidiana de niños y niñas.
Las contradicciones que definen
Si algo muestran las cifras es que Chile convive con avances relevantes en políticas de niñez, pero también con brechas persistentes que evidencian tensiones estructurales en la forma en que el país prioriza el bienestar infantil.
En educación parvularia, por ejemplo, el país invierte más que el promedio de la OCDE (0,7% del PIB frente a un 0,6%), pero la cobertura lleva una década estancada en torno al 73%, lejos del promedio de 84% de los países desarrollados.
Algo similar ocurre en salud. Según datos de la Fundación Sonrisas, Chile cuenta con cerca de 35 mil dentistas, pero solo alrededor de 5 mil trabajan en el sistema público, mientras la salud bucal infantil sigue siendo una de las áreas más rezagadas y menos visibles del sistema sanitario.
Las tensiones también aparecen al mirar la estructura demográfica. En los años 90, las personas menores de 18 años representaban el 35% de la población; hoy apenas alcanzan el 22,4%. La tasa de fecundidad cayó a 1,03 hijos por mujer en 2024, una de las más bajas registradas en la historia del país.
Más que cifras aisladas, estos datos revelan una paradoja: un país que envejece aceleradamente mientras mantiene deudas importantes en las condiciones de cuidado, bienestar y apoyo hacia los niños y niñas que nacen.
El dilema del cuidado
Pocas iniciativas reflejan de manera tan clara las tensiones en torno al cuidado y la corresponsabilidad como el proyecto de Ley de Sala Cuna Universal, una reforma que lleva más de dos décadas en discusión y que busca terminar con la histórica desigualdad en el acceso al cuidado infantil vinculada al empleo femenino.
El proyecto, que había mostrado avances en su tramitación, volvió a quedar en pausa a comienzos de 2026, reabriendo el debate sobre la capacidad del sistema político para avanzar en una política que impacta directamente en la vida de miles de familias y en las condiciones laborales de las mujeres.
Más allá de su tramitación legislativa, la discusión sobre sala cuna universal refleja una pregunta más profunda sobre el lugar que ocupa el cuidado en el modelo de desarrollo del país y sobre cuánto se está dispuesto a invertir en generar condiciones que permitan criar, trabajar y cuidar sin que ello implique precariedad o desigualdad.
En ese sentido, lo que ocurra con esta reforma dirá mucho sobre cuánto está dispuesto el país a transformar las condiciones en que se cría y se cuida hoy a niños y niñas.
Vistas en conjunto, estas cifras no solo hablan de un año, sino del país que se está construyendo. Un país que ha avanzado en institucionalidad y políticas, pero que todavía convive con brechas profundas en las condiciones en que niños, niñas y adolescentes crecen, se desarrollan y proyectan sus vidas.
El desafío no parece estar solo en crear nuevas iniciativas, sino en sostenerlas, implementarlas con calidad y asumir que poner a la niñez en el centro no es un discurso, sino una decisión sobre el tipo de sociedad que se quiere ser.
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