Sexo en la adultez: “A mis 67 tenemos sexo todos los días, con una energía que no tuvimos ni de adolescentes”

La herencia de la religión y la falta de educación sexual en casa y los colegios son algunos de los factores que han infuido en la desconexión de las mujeres con su sexualidad. Una vinculación que algunas logran en la adultez, donde empoderadas y despojadas de todos los prejuicios, logran disfrutarla en pareja o a solas.




“Para poder gozar de la sexualidad plenamente, para mí fue indispensable la tranquilidad y el tiempo. Que no hubiese nadie más que nosotros en la casa, que la intimidad estuviera garantizada y sin apuros. Así, cuando nuestros hijos crecieron y nos fuimos quedando solos, descubrimos la posibilidad de desarrollarnos sexualmente, profundizando en nuestra relación, amándonos con otra intensidad y entregándonos realmente el uno al otro.

En mi adultez descubrí que hay una infinitud de formas de hacer el amor, que es posible tener muchos orgasmos, siempre diferentes, que puedo sentir una gran plenitud. Recreamos cada vez las maneras de tocarnos, de darnos placer mutuamente, sin rutinizar y despertando un real interés. Descubrí que la práctica del sexo lo va mejorando mucho, que sabes hacerlo cada vez mejor, sientes más y te abandonas realmente a las sensaciones.

Recuerdo que mi primera vez fue difícil, dolorosa, incómoda y me sentí muy triste posteriormente. No conversé con nadie y me costó probar una segunda vez, que tampoco fue mejor. Por un cierto tiempo seguí sintiéndome inhibida, tímida, sin saber mucho qué hacer, sintiendo dolor y muy poca felicidad, alegría o satisfacción.

A mis 67 años me siento mejor que nunca y veo a mi marido mucho más interesado que antes. Tenemos sexo todos los días, algunas veces en la mañana y también en la noche y con una energía que ni de adolescentes tuvimos. Siento que nos queremos mucho más, que sabemos seducirnos, tratarnos y darnos placer. Nos gusta tener relaciones, es nuestra mejor forma de comunicación. Los dos estamos felices. La cuarentena ha sido ideal: solos, con todo el tiempo disponible, un silencio no solamente en la casa sino en toda la ciudad en las noches, como si fueran meses especialmente destinados al sexo y al amor”, cuenta Gabriela Figueroa.

La experiencia que narra Gabriela con respecto a su despertar sexual en la adultez, resulta ser esperanzadora para muchas mujeres que, por diferentes motivos, no han logrado todavía vincularse con el placer y el autoerotismo. Una desvinculación que según Pilar Bustamante, psicóloga de Clínica Santa María, se debe a que “el desarrollo y la expresión de la sexualidad de las mujeres se ha visto afectada por la educación patriarcal, machista y sexista, y también por la influencia religiosa que ha prevalecido en la mayor parte del mundo. La mujer ha sido reducida, por siglos, a su rol de esposa, madre y dueña de casa, educada para estar ajena a su cuerpo como fuente de placer. Su territorio corporal era para embarazarse y parir, para trabajar, criar y educar, para administrar el hogar. No para gozar en las relaciones sexuales, menos para experimentar el autoerotismo”.

Sobre la desconexión sexual que han vivido muchas mujeres a lo largo de su vida, la sexóloga Karen Figueroa explica que “en ello afecta una educación conservadora, no haber recibido educación sexual en casa ni en el colegio y, por tanto, un acercamiento a la sexualidad con escazo conocimiento desde una primera vez. De esta forma, es posible que las experiencias sexuales tempranas hayan sido vividas desde creencias erradas o modelos asociados al porno mainstream más que a una vivencia saludable y placentera”.

Entonces, para muchas la relación con su sexualidad es distante e incómoda, un espacio de sí mismas que ignoran, que les asusta o avergüenza. “A partir de las restricciones que se les han impuesto, desconocen y se riñen con sus propias sensaciones y se imponen oponerse, muchas veces de manera muy inconsciente, a su deseo. A partir de allí no viven la sexualidad como propia, sino que la proyectan en el compañero como si fuera solo de ellos, y aparece el mandato de satisfacer y ‘darle’ sexo al otro, desplegando una actividad sexual muy centrada en el pene y la erección, desconociendo completamente sus ritmos, preferencias o zonas de placer”, admite María Soledad Torres, sexóloga.

Falta de educación sexual

El desconocimiento de los chilenos sobre su sexualidad es un tema que deja al descubierto la nula educación sexual que hay dentro de los hogares y de los establecimientos educacionales. Así al menos lo demostró un estudio realizado en 2017 por Amnistía Internacional junto a la Fundación Opción que reveló que ante la pregunta ‘¿Qué es para ti la sexualidad?’ el 35% de los/as estudiantes dejaron en blanco porque no supieron qué responder; solo el 1,6% lo relacionó con placer y el 1,3% con intimidad.

Al respecto, Pilar Bustamante manifiesta que “las clases de educación sexual en los colegios explican la biología de la reproducción, pero no enseñan sobre del orgasmo. Se preocupan de la prevención de contagios de enfermedades de transmisión sexual (ETS) y del embarazo, pero no enseñan cómo son las relaciones sexuales, ni que la mujer es multiorgásmica. Existen programas o profesores que sí lo han hecho y reciben críticas de que estarían fomentando el libertinaje sexual. Es poco común que la niña o la adolescente se enfrente a un espejo para mirar sus genitales, para curiosear, apreciarse, conocerse y apropiarse de su cuerpo. No se incentiva a las adolescentes a la masturbación y tampoco hay chistes al respecto. Culturalmente se plantea la masturbación como una actividad masculina”.

Sobre esto último, Raffaella di Girolamo en su charla TED x UAI Women señala que la masturbación femenina ha sido una espacio desconocido por muchas mujeres. “La sexualidad y la masturbación femenina en particular tiene las creencias asociadas a la castración. La primera creencia es que debe darse espontáneamente; la segunda, es que si no se da de manera espontánea, se va a dar con otra persona; la tercera, es que está asociada a la soledad; y la cuarta, que es mala y sucia”.

¡Conectarnos al fin!

Como narra la periodista Gabriela Figueroa en su testimonio, la adultez es el momento en que muchas mujeres logran disfrutar de su sexualidad y explorar con su cuerpo, ya sea en soledad o en compañía de su pareja. “En la medida que la mujer madura, se informa, tiene algunas o una relación de pareja simétrica explora su cuerpo, se conoce a sí misma, desarrolla el autoerotismo y la autonomía sexual. Se sacude los prejuicios y se adueña de sí misma, entonces puede tener relaciones sexuales más satisfactorias, se conoce, puede guiar mejor a su pareja y también se hace responsable de su propio placer”, asegura Pilar Bustamante.

Actualmente también nos encontramos con mujeres de edad avanzada que se permiten la masturbación y el autoerotismo como forma de expresión de su sexualidad, independiente de si tienen pareja o no. Así lo señala María Soledad Torres, “hay varios estudios que asocian a la masturbación femenina en mujeres que están en pareja, de cualquier edad, como un signo de una mayor amplitud de prácticas, que hablan de un deseo más activado y habitado, y no como un signo de ‘reemplazo’ de la sexualidad en pareja”.

Odette Freundlich, kinesióloga y especialista en sexualidad de Clínica Las Condes, explica que las mujeres logran conocer cuáles son sus zonas erógenas y masturbarse de mayores. “Esto porque en la adultez se ha tenido una experiencia de vida y hay una comunicación más asertiva. Además, hoy en día, con la apertura de las redes sociales, basta que pongas en Internet ‘placer sexual’, ‘masturbación’, ‘autoerotismo’ para encontrar información. En la adultez te atreves a experimentar, a buscar cosas nuevas, juguetes sexuales, cosméticas erótica y la comunicación contigo misma y tu pareja es mucho más asertiva. También sabes qué te gusta, cómo te gusta y qué te gustaría ampliar en tu repertorio sexual, lo que permite atreverte a experimentar y ampliar tus límites”.

Sobre cómo cambia la vida al descubrir la propia sexualidad, la experta sostiene que “renace una nueva sexualidad y se aprende que la cantidad no es lo importante, sino la calidad de los encuentros íntimos. Además, se comprende que las relaciones no son solo penes dentro de vaginas, que la sexualidad es muchísimo más que eso”, dice Freundlich.

Un proceso que, según María Soledad Torres, es muy sanador “porque muchas mujeres que no han podido tener una buena experiencia con su sexualidad, pero al madurar y sentirse dueñas de sí mismas, y también apoyadas por otras mujeres, por una buena pareja o terapias, han comenzado a darse permiso para descubrir, buscar información y experiencias que les permiten desplegar su sexualidad. Y en este camino, muchas transitan por importantes procesos de reparación de experiencias dolorosas que pesan sobre su sexualidad”.

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