Soy muy amiga de mi ex: “Siempre hemos hecho el trabajo de separar las cosas y dejar claro que se trata de otro tipo de amor”




“Conocí a mi ex marido cuando estábamos en el último año de la universidad. Los dos éramos muy aventureros y deportistas y nos topábamos cada vez que había alguna salida de ese tipo. Al principio solo nos mirábamos a lo lejos. A mí me llamaba la atención que fuera tan reservado e introvertido. Yo, en cambio, tenía mucha facilidad para entablar conversaciones y notaba que él prefería estar un poco al margen, por eso nunca me acerqué. Pero siempre me fijaba en su nivel de concentración y lo comprometido que estaba con la actividad. Finalmente, después de varios saludos al pasar, decidí acercarme. Sin intenciones de distraerlo de su foco, le pregunté si quería hacer un paseo alguna vez conmigo. Me miró y me dijo “conozco el lugar ideal”.

Ese fue el comienzo de nuestra linda historia. De ahí en adelante todo se fue dando de manera más o menos convencional. Salimos, pololeamos, nos separamos unos meses, luego volvimos y finalmente decidimos emprender un proyecto de vida juntos. Yo quedé embarazada, nos casamos y luego tuvimos a nuestro segundo hijo. Dos en total.

Hasta que, cuando ya habían crecido, decidimos separarnos de manera definitiva. El amor no se había acabado, pero había un desgaste emocional que estaba dificultando que ese amor tuviera espacio. Nunca nos faltamos el respeto y siempre nos admiramos mutuamente, pero el día a día nos había sobrepasado. Y todo lo que supimos llevar bien y con calma cuando éramos más jóvenes, nos pasó la cuenta. Ya con hijos y compromisos mayores empezamos a tener muchos roces. Por nuestra salud mental, la mejor opción –y nunca tuvimos miedo de aceptarlo– era que la relación llegara a su fin. Como lo hacen muchas relaciones, porque eso también es parte de la vida. Los niños además ya estaban grandes, así que en ese sentido, no fueron un impedimento para que nosotros siguiéramos el curso natural de nuestras vidas. Lo conversamos y con mucho amor, ternura e incluso un poco de nostalgia adelantada, decidimos separar los rumbos.

Él se fue a vivir a otro lado y yo me quedé en la casa que durante tantos años habíamos compartido. Y durante el primer año de nuestra separación, nos vimos solamente para las instancias en las que por nuestros hijos teníamos que estar todos reunidos. Hasta que un día nuestra hija mayor propuso que nos fuéramos de vacaciones todos juntos. Ella quería celebrar un acontecimiento importante en su vida y quería que estuviésemos todos ahí. Y así fue como, después de dudarlo y conversarlo con mis amigas, para ver qué tan raro lo encontraban –porque yo no sabía del todo cómo tomármelo– decidí ir.

Han pasado siete años desde entonces y puedo decir que con mi ex somos muy amigos. Cada uno ha hecho su vida y hemos tenido nuestras respectivas parejas, pero hemos vacacionado juntos en familia, nos seguimos juntando y sabemos pasarlo bien. A ratos nos llamamos para contarnos ciertas cosas importantes, pero también respetamos los límites y espacios.

Nuestros amigos a veces nos preguntan por qué no seguimos juntos, pero la verdad es que ni me complico con la respuesta, porque tenemos muy claro que se trata de otro tipo de amor. El amor que antes sentimos con tanta fuerza y que estaba más sustentado en afecto, pasión y atracción sexual, ahora ha mutado en uno mucho más amistoso y de cariño. Diría, por más raro que suene, que es una especie de amor fraternal. O simplemente de una muy buena amistad, como las pueden existir entre ex parejas. Aun así, a algunos les parece raro, o más que raro –porque nadie lo dice así abiertamente– quedan un poco descolocados. Lo noto por el tipo de preguntas que hacen que develan que para ellos sigue siendo algo que no logran del todo comprender. Muchas veces me han dicho “¿pero cómo no se confunden?” o “¿cómo lo hacen con sus parejas?”. Siento que no hay malas intenciones en esos comentarios, quizás hay genuina curiosidad o simplemente es algo que aun no está normalizado, porque la idea más habitual es que al ex hay que odiarlo o, por último, no tener una relación con él. Lo nuestro se sale totalmente de eso.

Y la verdad es que a veces ha sido un tema para nuestras parejas respectivas, ver que somos tan amigos y que nos llevamos tan bien. Pero ambos siempre hemos hecho el trabajo de separar las cosas y dejar claro que se trata de otro tipo de amor. Mi ex no es mi prioridad absoluta, tampoco se va acaparar de mi tiempo y mi atención. Pero sí es una persona importante con la que no voy a dejar de compartir ciertas instancias de mi vida. Es así de simple. Y eso no es excluyente con el hecho de tener relaciones amorosas sanas. Él también ha tenido que dejar eso claro con sus vínculos, y no es que nos contemos nuestras intimidades, pero en algún minuto lo conversamos para volver a establecer ciertos límites.

Puede parecer poco común, pero hemos asumido, con el tiempo, un rol de confidente y casi de hermanos el uno hacia con el otro”.

Cecilia Silva (54) es publicista.

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