Squirting o eyaculación femenina: “Lo importante es no obsesionarse con el tema y vivirlo, simplemente, como una opción más”




Mientras que para algunas personas el squirting –o eyaculación femenina– puede requerir de aprendizaje y práctica, para otras es algo natural o incluso inevitable. Así le pasó a Josefina (24) cuando en su segundo pololeo lo experimentó sin saber qué ocurría con su cuerpo: “Tenía 17 años y estaba iniciando mi vida sexual, no tenía idea de nada en términos sexuales, pero sí muchas ganas de aprender. Recuerdo que ese día queríamos que fuera especial, organizamos todo con una cita romántica en su departamento. Entre besos y caricias sentimos la conexión. Estábamos disfrutando del momento algo nerviosos y con mucha torpeza”. Josefina confiesa que ninguno de los dos tenía mucha experiencia sexual y sentían mucha confianza mutua. “Todo parecía ir bien, cuando de pronto llegamos al clímax y veo que mi cama estaba empapada de un líquido sin olor pero muy abundante. Inmediatamente pensé que me había orinado y me avergoncé. Me puse roja y no entendía lo que pasaba”.

Pero evidentemente lo que le ocurrió a Josefina no es lo más común. En su taller Libera tus aguas, la psicóloga y terapeuta sexual Laura Leal, creadora de Vulva Furiosa, imparte una guía para disfrutar la experiencia de la eyaculación femenina. Dentro de las principales motivaciones de sus alumnas para asistir, destaca la búsqueda por activar el goce y darse una oportunidad para explorar el auto placer. Para otras, el enfoque está en obtener herramientas para vivir una sexualidad más plena. Además, ayuda a sanar algunas experiencias traumáticas en relaciones sexuales anteriores y así relacionarse de manera más armoniosa con su cuerpo: “Te lleva al placer físico y emocional porque es soltar y mover energías, con ello se liberan emociones que están directamente relacionadas con el agua, y en la próstata (de hombres y mujeres) se alojan memorias de dolor y traumas sexuales”, explica Laura.

En un artículo publicado en codigonuevo.com, la periodista española Noemí Casquet cuenta su experiencia en una masterclass sobre Squirt y Punto G. Cuenta que la educadora sexual partió el taller mostrando cómo llegar al famoso punto G. Pero ¿existe realmente esta zona? La respuesta que obtuvo es que el punto G colinda con las que son conocidas como glándulas de Skene de tal forma que, al ejercer presión intensa en esa zona, tocaría las estructuras internas del clítoris”. Las glándulas de Skene son las responsables de ese chorro tan intrigante conocido como squirt. “Cuando estamos excitadas, esas glándulas se llenan de líquido transparente, dando una sensación parecida a las ganas de orinar”, dice.

Después de enterarse de esto, Noemí se pregunta: ¿Es el squirt, en realidad, otra forma de llamar a la orina? Al respecto, existen varias hipótesis. La más consolidada explica que el squirt sería un desajuste de la hormona vasopresina, encargada de mantener la orina en los riñones. Sin embargo, otros estudios recientes señalan que, pese a ser parecidos en su composición, entre estos dos fluidos hay una diferencia importante: el squirt contiene PSA, pero la orina no. Y ¿qué es el PSA? El líquido prostático propio de los hombres y que también existiría en las mujeres, lo que significa que las mujeres tenemos algo parecido a una próstata en nuestro interior.

Pero más allá de las teorías, la periodista dice en su texto que la frase que la hizo entrar en esta experiencia confiada y tranquila, fue: “Lo importante es no obsesionarse con el tema y vivirlo, simplemente, como una opción más. Practiquemos el squirt como una nueva experiencia, no como una necesidad”.

Laura Leal coincide: “Pese a que esta experiencia es sanadora, es común que sea mal vista o que sigan existiendo prejuicios que impiden a las mujeres ampliar sus procesos de autoconocimiento. Además sigue instalada la idea de que el autoplacer es una cuestión que solo les interesa a mujeres jóvenes -porque son menos conservadoras en sus relaciones sexoafectivas- o que es un asunto para las que están sin pareja”, explica. Y complementa: “La sexualidad es un tema íntimo que por mucho tiempo se nos ha negado a las mujeres por el temor a sentirse estigmatizadas y discriminadas”.

Además, según Leal, muchas mujeres suponen que no pueden alcanzar el squirt debido a la visión que impone la industria del porno, que la fetichiza. “En mis talleres he visto que todas las mujeres somos capaces de eyacular y alcanzar el squirt. Cada experiencia es distinta, tiene mucha relación con factores como el ciclo que esté viviendo la mujer, su nivel de autoconocimiento, estado emocional, intención y nivel de excitación, pero sobre todo con tener ganas de hacerlo”, explica Leal. También aclara que hay varias creencias erradas en torno a esto, como que la eyaculación sólo se logra con penetración o estimulación interna. Aquí destaca la importancia de informarse y explorar en solitario o en pareja para no confundirse con lo que habitualmente vemos en las películas eróticas.

Como lo hizo Noemí, la periodista española, que en su columna cuenta cuando logró, mediante el squirting, conseguir el mejor orgasmo de su vida. “Mientras limpio la prueba fehaciente de mi orgasmo, pienso en todas aquellas mujeres que han sentido un placer extremo y la sensación de orinar mientras tenían sexo. Pero, por falta de educación, por vergüenza o, incluso, por miedo; se contienen y frenan la madre de todos los orgasmos”, dijo. Y es que la ciencia ha investigado muy poco sobre el tema, la mayoría de los estudios con mayor rigor científico son muy recientes, pero aún así, la sexualidad masculina sigue estando por encima del placer femenino, también en lo relativo a las prioridades de investigación. “¿Cómo es posible que, en pleno siglo XXI, aún no se sepa lo que es?”, dice Noemí e inmediatamente se le vienen a la mente las palabras de su sexóloga: “el placer femenino se ha relegado siempre a la última instancia”.

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