Match en pandemia: parejas que se conocieron en redes sociales

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Se contactaron virtualmente, durante las cuarentenas, gracias a Tinder, Instagram, Zoom o WhatsApp y solo se conocieron en persona tras meses hablando por las aplicaciones. Aquí, cuatro relaciones que se originaron gracias a las redes sociales.


Nunca había usado Tinder. De hecho, por mucho tiempo, juzgó a las personas que la usaban. Aunque el círculo de Catalina (23) usaba esta app, ella era reacia, pues creía que lo que los demás buscaban ahí no iba con ella. Sin embargo, estar en cuarentena en la casa de sus papás en Ovalle por tanto tiempo, hizo que, por curiosidad, se atreviera a descargar la app. No buscaba nada concreto, solo conversar. Nunca pensó que, en ese contexto, haría match en pandemia.

Descargar Tinder en medio del confinamiento es algo más común de lo que podría parecer. La app de citas más popular del mundo transparentó que el domingo 29 de marzo se rompió el récord de más deslizamientos diarios en la historia de Tinder, con más de tres mil millones. Y las redes sociales tuvieron un explosivo crecimiento durante este año.

El psicólogo de la Fundación SerDigital, Miguel Arias, explica que en tiempos de dificultades, estrés o catástrofes, como lo es la pandemia, se tiende a volver a lo primario: al vínculo, que incluye familia, amigos y pareja. Y las apps de citas pueden ser útiles para cubrir esa necesidad.

De acuerdo a Arias, desde principios de los 2000 los chilenos se han caracterizado por ser románticos y buenos para el amor por internet. Estimaciones de SerDigital indican que sobre el 23% de los chilenos que usan internet ha retomado el contacto con alguna expareja por redes sociales, algo que, según Arias, aumentó en los meses de confinamiento. Además, entre un 10 y un 15% de los usuarios de internet ha conocido a su pareja en línea.

A finales de junio, un perfil de Santiago llamó la atención de Catalina. Deslizó el dedo hacia la derecha e hizo match con Ignacio (26). Estaban a más de 400 kilómetros de distancia y no tenían a ningún conocido en común, pero la app los conectó. Catalina recuerda que debía estudiar para uno de sus exámenes, pero los mensajes de Ignacio interrumpían su concentración. No le molestó, porque esa noche lograron conectar y hablaron por horas. Ignacio es publicista, por lo que él y la estudiante de Publicidad tenían temas en común.

El tiempo pasó y las conversaciones eran cada vez más frecuentes, pero seguían en ciudades distintas. Para lograr tener instancias en que pudieran compartir, se coordinaron para ver películas de forma simultánea, como una suerte de cita virtual. La primera vez que se vieron, fue por FaceTime. "Qué rico verte", fue lo primero que se dijeron. Fue natural, genuinamente se alegraron de poder ver al otro, aunque sea a través de una pantalla.

"Eres ridícula. Solo a ti te podía pasar que te guste alguien por internet. Y tú que te reías de las personas que hacían eso", se decía a sí misma Catalina. A la primera persona que le contó fue a su mejor amiga. La reacción que esperaba es que la trataran de loca, pero fue lo contrario: hasta sus hermanas y papás la apoyaron.

El fin de la cuarentena en Ovalle coincidió con el nacimiento del sobrino de Catalina. Ella y su familia viajaron a Santiago para conocer a la guagua, y Catalina aprovechó la oportunidad para conocer a Ignacio en persona. Pensaba que la primera cita sería extraña e incómoda, pero sintió que se conocían desde hace mucho tiempo. Él la pasó a buscar a su casa y salieron a comer. Se saludaron con un abrazo en medio de la calle, pero sin sacarse la mascarilla.

La relación ha avanzado bien. Catalina y su familia continúan en Santiago, por lo que ella y su match se pueden ver una vez a la semana. La segunda cita fue en la casa de Ignacio. Después, él fue a la de ella. No frecuentan ir a comer a lugares. Prefieren comer en la casa de alguno de los dos, para evitar estar rodeados de gente en un restaurante.

Salir de las apps de citas

Andrea, quien optó por cambiar su nombre para proteger su identidad, cumplió hace algunas semanas 40 años. Como se trataba de un número especial, imaginaba que haría una gran fiesta, pero la pandemia terminó con sus planes. El desconfiamiento de los últimos meses no la hizo cambiar de opinión, por temor a los contagios y porque su abuela es población de riesgo.

Cuando comenzaron las prolongadas cuarentenas en Santiago, estaba soltera y, con el correr de las semanas, pensó que podría conocer a alguien de modo virtual. Ya había estado en Tinder en el pasado y le dio otra oportunidad a la app, pero no la convenció. "Pensar en tener largas conversaciones con un desconocido me daba lata. Tenía menos paciencia ante preguntas básicas como qué haces, de dónde eres, qué música te gusta. Entonces pensé que Tinder no iba a funcionar como otras veces", relata.

En los tiempos libres de teletrabajo, Andrea comenzó a usar más Instagram y a subir historias, que antes ignoraba. Con su perfil sin candado e historias diarias, comenzó a tener nuevos seguidores y uno de ellos empezó a comentar las historias que subía. "Fue algo más orgánico, menos forzado. Me comentaba cosas, comenzamos a hablar y después de algunos días y mirarle bien sus fotos y otras redes sociales, nos dimos el WhatsApp y seguimos hablando por ahí, pero no a diario ni tampoco algo tan estructurado", cuenta.

Luego de un par de semanas en esa dinámica, se vieron por primera vez por Zoom. Congeniaron más seriamente y las charlas se volvieron diarias. Era junio y ninguno de los dos planteó la opción de juntarse con la excusa de algún permiso de cuarentena. "Creo que la química fue más por cómo éramos que por un asunto físico, porque no nos conocíamos en persona", dice.

Las charlas se volvieron diarias, comenzaron a hablarse más cariñosamente y así estuvieron hasta septiembre, cuando las comunas donde vivían terminaron sus cuarentenas. "Nos juntamos por primera vez en un parque, con mascarillas, todo muy aparentemente raro; pero ya nos conocíamos bien, juntarse no fue nada problemático, no fue partir desde cero", cuenta Andrea.

Tuvieron una segunda y tercera junta, hasta que a fines de octubre empezaron a pololear. Llevan poco más de un mes. "Fue muy raro el cómo nos conocimos, pero me gusta que haya sido menos forzado. De alguna manera obligada, lo sexual quedó fuera durante meses y eso ayudó a conocernos mejor. Siento que hemos hablado un montón, que tenemos una confianza ganada que no tendríamos si nos hubiésemos visto a la semana de empezar a hablar por Instagram. No sé si a todos les funcionará, pero a mí me resultó. Sorpresivamente resultó".

Siete meses sin conocerse

A raíz de la pandemia, José Miguel (26) y Stephania (21) descargaron Tinder en marzo, luego de haberla usado antes pero sentirse aburridos de ella. Su intención era conversar y conocer gente nueva. Más que nada, era para distraerse. Según una encuesta realizada por IdeaPaís el año pasado, quienes recurren a apps de citas en la región Metropolitana lo hacen por curiosidad (51%), distracción (48%), tener citas (43%), ampliar redes (31%), encontrar pareja (30%) o sexo casual (22%).

José Miguel y Stephania hicieron match en pandemia durante abril, al principio de la cuarentena. Fue un match extraño, porque engancharon enseguida. José Miguel cuenta que él generalmente espera unos días para pasar a Instagram, pero con Stephania se siguieron mutuamente ese mismo día.

Como no se veían en persona, para ellos era más fácil conversar, porque no existían los nervios por miradas incómodas, por decidir hacia dónde ir o qué ropa usar. Podían hablar durante todo el día sin problemas. "Yo me levanto con un mensaje de la Stephie y me acuesto con un mensaje de ella. Fue así desde el principio", recuerda José Miguel.

Tras cultivar cierta confianza por WhatsApp e Instagram, se atrevieron a pasar a las videollamadas. De esta forma, pudieron ver juntos la segunda temporada de la serie Dark. Se llamaban y reproducían la serie al mismo tiempo. Sin embargo, no se trataba de citas. No se coqueteaban, sino que conversaban como amigos sobre lo que hacían durante el día o sobre cómo sobrellevaban el encierro.

Aunque comenzaron a hablar en abril, recién pudieron conocerse en persona el 9 de octubre. Como ambos tienen familiares en grupos de riesgo, les parecía peligroso juntarse. Pero cuando el confinamiento terminó en algunas comunas de la región Metropolitana, decidieron conocerse. José Miguel la pasó a buscar y fueron al parque Bicentenario, en Vitacura. Era la primera vez que Stephania salía de la casa desde marzo. Aún no ocurría nada romántico, pero como habían hablado por tantos meses, ambos sintieron que era necesario verse en persona.

Tras confesar que no solo sentían amistad por el otro, se las han arreglado para verse dos veces a la semana. Tratan de salir los sábados o domingos, pero, a veces, cuando José Miguel termina de trabajar, pasa a verla en la semana. Generalmente van a parques como el Inés de Suárez o el Bicentenario, para evitar estar cerca de gente o en lugares cerrados. También aprovechan de disfrutar los viajes en auto que hacen juntos, porque es la instancia más segura en la que pueden verse.

Cita de tres

Por razones académicas, Francisca (23) ha vivido en Santiago desde que entró a la universidad a estudiar Trabajo Social. Acostumbraba a ir a Los Andes solo a pasar fines de semana y fechas importantes con su familia. Sin embargo, la pandemia la ha pasado allá. Ha usado Tinder desde 2018, luego de terminar un pololeo, pero es frecuente que se aburra de la app y la borre.

El aburrimiento de la cuarentena le ganó y nuevamente comenzó a usar Tinder, sin la esperanza de conocer a nadie. En junio, hizo match en pandemia con un hombre de Santiago que le gustó. Juan era el nombre del perfil. Congenieron rápidamente, pero ni pensaron en conocerse, porque entendían que viajar en medio de la pandemia era un riesgo para ambos.

La distancia no impidió que continuaran con el chat. Tras días de escribirse, pasaron del chat a las videollamadas. Verlo por cámara le sirvió para verificar que realmente era quien decía ser por Tinder. "Si te dice que no a una videollamada, es porque algo raro hay", dice. El psicólogo Miguel Arias advierte que justamente los perfiles falsos son uno de los grandes peligros de conocer personas por internet.

En una ocasión, incluyeron a la mejor amiga de Francisca en una videollamada. "Cuando estábamos empezando a hablar, ella me dijo que teníamos que tener una videollamada los tres. Y si ella no lo aprobaba, no podía seguir hablando con él, jaja", cuenta Francisca. Juan pasó la prueba de la amiga. Sin embargo, la mamá de Francisca aún no está de acuerdo. Para ella, conocer a alguien por redes sociales, sin tener amigos en común o alguna referencia sobre la otra persona, representa un miedo.

Para poder avanzar en su tesis, Francisca viajó a Santiago en octubre. Se quedó en el departamento de una de sus compañeras de carrera. Aprovechó la instancia para conocer a Juan en persona el 31 de octubre. Al verse por primera vez, a Fernanda le sorprendió lo alto que él es. Sabía desde antes que mide 1.85, pero no dimensionaba lo que 20 centímetros de diferencia son en persona.

Salieron a almorzar a un Mamut en Providencia, a una cuadra del edificio de su amiga. Era tan cerca, que casi los podían supervisar desde la ventana del departamento. A pesar de la corta distancia, la primera vez que salieron Francisca compartió su ubicación en tiempo real con su amiga. "Hay que cuidarse, porque uno nunca sabe lo que va a encontrar en estas aplicaciones", afirma.

A pesar del miedo inicial, la cita resultó bien para ambos. Salieron el sábado a almorzar y el domingo a tomar helado. El lunes tuvieron que despedirse. Solo alcanzaron a salir tres veces, porque Francisca debió regresar a Los Andes. Sin embargo, desde la última vez que se vieron, han hablado a diario. Tienen planeado volver a verse cuando ella termine su tesis, que debe defender la primera semana de diciembre.

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