El controversial modelo sueco contra el coronavirus

Gente pasea por el centro de Estocolmo, en Suecia. Foto: AFP

Desde que a principios del año pasado el coronavirus SARS CoV 2 comenzó a expandirse por occidente, el mundo fue testigo de cómo cada país diseñaba su respuesta a la catástrofe sanitaria y económica. El caso de Suecia fue especial. Distinto. Con el resto del continente decretando confinamientos estrictos y paralizando la economía, el gobierno sueco del socialdemócrata Stefan Lövfen apenas se limitó a dar recomendaciones básicas a la población. Las postales de restaurantes llenos y calles transitadas como siempre parecían piezas de nostalgia para el resto del mundo en 2020, pero sucedían en tiempo real en un país donde nunca se exigió el uso de mascarilla, los gimnasios no cerraron ni se suspendieron las clases, por ejemplo. El concepto clave, rector, era la inmunidad de rebaño: la idea de que con una suficiente proporción de la población contagiada generando anticuerpos el virus dejaría de ser una amenaza. Una noción que pareció seducir a otros líderes, como el británico Boris Johnson, pero que rápidamente perdió popularidad ante el avance del covid 19. Suecia, sin embargo, persistió. A lo largo del año, el mundo pareció pasar de la extrañeza, al rechazo, a la admiración, a la duda, y otra vez al rechazo del llamado “modelo sueco”. Hoy, el país muestra una tasa de muertos por millón de habitantes que se cuenta entre las más altas del mundo y, enfrentado actualmente a un durísimo recrudecimiento, ahora por primera vez el gobierno está tomando medidas un poco más enérgicas. ¿Qué motivó a Suecia a enfrentar al Covid 19 de esta manera? ¿Cuánto pesó el argumento de cuidar la economía? ¿Cómo lo viven los ciudadanos suecos y sus expertos de salud? En este episodio de Crónica Estéreo semanal vamos a conocer dos visiones muy contrapuestas.