Cecilia Morel, primera dama: “A mí el poder nunca me ha atraído, incluso al revés, tengo respeto por el poder”

Destaca al movimiento feminista por sacar de la “oscuridad” temas como el abuso y el acoso, aunque advierte en la movilización “algo político”, vinculado al arribo de Sebastián Piñera a La Moneda.


Cecilia Morel enfatiza que al igual que otros cambios culturales de la sociedad chilena, la irrupción del movimiento feminista responde a “necesidades o reivindicaciones que ellas han sentido no han sido suficientemente tomadas en cuenta por los gobiernos”. Sentada en el living de su casa, ubicada en el barrio San Damián, la primera dama pondera el impacto de una agenda de mujer que no estaba en los cálculos de nadie y que, a su juicio, “es un punto alto en la lucha constante que distintos grupos han hecho por los derechos de las mujeres”.

“Lo más importante es que la agenda feminista sacó de la oscuridad temas que teníamos internalizados, naturalizados, como el abuso y el acoso”, subraya Morel, quien, según un estudio realizado por Cadem, es la mujer más influyente del país . “Lo que más valoro es que al poner estos temas en agenda se transformó en un tema de conversación que permite hablar de algo que a todos nos incumbe, y también permite a muchas de las mujeres que han sufrido abuso o acoso que se atrevan a denunciarlo. Y lo otro es que esta conversación se instaló al interior de las familias”, sentencia, fijando algunas de las premisas que, a su juicio, deben guiar al movimiento.

“Se ha centrado muy fuertemente el debate en torno al abuso y el acoso, esa fue la primera motivación, y de ahí surge la educación no sexista, porque, según ellas, hay toda una visión de que esto es producto del patriarcado, del machismo, y que, por lo tanto, habría que deconstruir eso. Sabiendo que es muy, muy importante el tema, me gustaría que todo esto lleve a relaciones hombre-mujer más sanas, más armónicas, más simétricas. Lo que no comparto es que dentro de todo este movimiento, una corriente intente imponer una dialéctica que enfrente a los hombres con las mujeres. Lo que yo aspiro es a un mejor entendimiento entre hombres y mujeres, que se valore el aporte de cada uno”, analiza.

¿Ve ciertos riesgos de “radicalización” del movimiento, como se ha planteado en algunos sectores políticos?

Nunca he compartido que uno sea ciento por ciento un producto de socialización. La anatomía, las hormonas, hay un sentido en la especie que hace que sean dos sexos. Hay un sentido que en un principio fue la reproducción, que hoy va más allá, pero seguimos siendo dos sexos, independiente de la orientación sexual o que algunos sienten que su subjetividad no calza con su sexo anatómico. Se ha demostrado en muchos estudios que la mujer funciona distinto al hombre, lo que no limita sus capacidades. Y a veces en esta corriente uno ve esta dialéctica, esta confrontación, sobre todo cuando se plantea que nosotros somos víctimas del patriarcado, ahí ya estás planteando un punto de conflicto para comenzar.

¿Por qué cree usted que este movimiento estalló ahora?

Yo tengo una hipótesis. Hay casos importantes (de abusos), pero también tengo una interpretación política de eso.

¿Usted cree que está vinculado a que hoy gobierna Sebastián Piñera?

Creo que hay algo político de por medio. Porque venía Piñera y venían las movilizaciones, era algo como ‘sine qua non’. Si bien creo que esto responde a un fenómeno mundial, donde muchas mujeres dijeron no más, lo cual valoro, también creo que hay algo político de por medio.

Que se canalizó a través del movimiento.

Esta es una de las canalizaciones. Como ya la gratuidad y el fin al lucro se lograron, quizás había que buscar otra fórmula de manifestación.

¿Qué le pasó a usted ese 16 de mayo, cuando vio a miles de mujeres marchando por la Alameda?

Sentí que era un momento histórico, que había una organización potente atrás, que había toda una estrategia, que no era solamente espontáneo, que se organizara un movimiento con esas características, con esas formas de marchar, con esas formas de expresarse, hay un pensamiento que lleva a eso. Hay una estrategia detrás, pero que apunta a una gran causa, que fue la que primero pusieron, que es verdadera y que es la que compartimos transversalmente, que es el abuso, el acoso, la discriminación, que ha existido con la mujer. Fue una imagen fuerte, que me produjo dos sensaciones: por un lado, me sorprendieron. Por otro lado, sentí como un poco violenta la imagen de las manifestantes arriba de la estatua (de Juan Pablo II). La sentí violenta, sentí de nuevo la parte confrontacional, contra la Iglesia, contra los poderes simbólicos.

¿De qué otra manera podría, cree usted, haberse dado esa manifestación?

Lo que pasa es que esa marcha marcó un punto, un hito. Indudablemente, ese es el punto alto, esa es la imagen que va a trascender a la historia. Ellas ya habían colocado el tema, lo que pasa es que esa imagen fue la que remeció, porque tiene mucho simbolismo. ¿De qué otra manera? Creo que las marchas son legítimas, lo que no comparto son las tomas, nunca las he compartido, porque me parece una contradicción que por mi derecho yo esté conculcando el derecho a otro. Las tomas no son legales.

Algunos de los sectores que empujan esta agenda ponen de relieve la importancia de incluir los denominados temas valóricos, entre ellos, el aborto libre. ¿Comparte esa visión?

Creo que los temas valóricos son parte de los cambios culturales que estamos viviendo. Pero desde el punto de vista de un gobierno, de la política, creo que hay necesidades que representan a grupos de la población mucho más amplios que ciertos valores que representan a grupos más acotados. Sí es importante que los gobiernos, y la sociedad entera, se vayan actualizando en todos estos temas valóricos, porque uno no puede gobernar fuera de la época en que le tocó hacerlo. Lo que no significa que uno comparta todo lo que se está planteando o lo que quieren determinados grupos. En nuestro gobierno no está el aborto libre, no viene en nuestra agenda, no lo compartimos como principio. Yo comprendo el dolor y el drama que vive una mujer que se hace un aborto, pero también me tocó ver mujeres que finalmente no abortaban que sentían que había sido una muy buena decisión seguir ese camino.

¿Qué opina de la reivindicación del aborto libre como el derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo?

Entiendo que es otra opinión, la respeto, pero no la comparto. Un hijo sí es parte de mi cuerpo mientras lo engendro, mientras le voy dando vida, pero no comparto esa visión, porque un hijo también es una vida, una persona, un ser humano. Los derechos tienen que llegar al punto de respetar otros derechos, y para mí el derecho a la vida es el primero de todos los derechos.

¿Cree que la irrupción de esta agenda va de la mano de un rol más relevante de las mujeres en la actividad política?

Yo creo que las mujeres han ido ganando espacios. No sé si solamente a partir de este movimiento. Lo venían ganando y esta agenda las ha hecho pronunciarse y jugarse por algunas de estas demandas. Yo me alegro por este empoderamiento de la mujer.

¿Es partidaria de fomentar la participación de mujeres a través de cuotas?

En principio yo no era partidaria de una ley de cuotas. Encontraba que uno tenía que ganarse los espacios por su capacidad. Pero sí llegué a estar de acuerdo con las cuotas por un tiempo limitado, porque siento que da un impulso necesario como para romper esta inercia.

“Nunca me ha atraído el poder”

La irrupción de esta agenda de mujer que lleva varios meses en el debate público ha coincidido con una alta valoración de su figura. La encuesta que publica en esta edición La Tercera señala que usted es la mujer más influyente de Chile, y también hay varios sondeos que dan cuenta de una alta aprobación a su figura. ¿Qué explicación le da usted a esto?

A mí me sorprende que fuera así, con un concepto, el de influencia, que es más específico que la palabra aprobación. A mí el poder nunca me ha atraído, incluso al revés, tengo respeto por el poder, creo que hay que manejarlo ahí afuerita, que no te vaya a comer por ningún motivo. Yo lo interpreto de la misma manera que la aprobación. Me siento muy acogida, siento que es cariño. También obedece a que mi rol es estar muy cerca de las personas, mucho en terreno. A mí me marcó para siempre el terremoto (de 2010), porque me impulsó a salir a terreno. Hicimos talleres con las mujeres, fuimos los primeros en plantear la reconstrucción del alma, le decía yo, que era mucho más allá de lo material. Después vino lo de los mineros, que también me tocó trabajar con las mujeres y la familia, entonces esa cercanía, estar en terreno permanentemente, me marcó mucho.

¿En qué percibe que se traduce esta alta valoración de su figura? ¿Influye de una manera distinta en las decisiones que se toman en La Moneda, por ejemplo?

Una de las cosas importantes, hablando de esta encuesta y de otras, es que las cifras te dicen una cosa pero uno tiene que tener superclaros los márgenes. Yo soy híper respetuosa de las instituciones y el rol de no pasar por arriba de los ministros. Sí creo que hoy tengo más conversación con ellos, en el sentido de que ellos saben que estoy en esta agenda del adulto mayor, que ellos también llevan iniciativas, que a ellos les gusta que también yo los apoye, pero que los apoye, no que yo vaya y le diga ‘haga esto’. O sea, yo no me siento una autoridad, yo siento que soy un aporte, que quiero aportar, que tengo una trayectoria, una experiencia, mis capacidades van por ahí digamos, y aportar, pero humildemente. No soy una persona avasalladora.

¿Qué le pasa a usted cuando distintos analistas señalan que es el principal activo del Presidente Piñera?

Yo no siento que sea así. Ahora, indudablemente, uno como cualquier pareja conversa, va convergiendo en posiciones. Como vengo del mundo social, yo puedo escuchar tu problema, pero yo sé que en la política tú no puedes legislar casuísticamente, que tienes que legislar una ley para todo Chile. Pero esa mirada más sensible de lo que para las personas significan determinados problemas, yo creo que a la larga, en 44 años, se la he podido transmitir a Sebastián, como yo he aprendido con él miles de otras cosas.

¿Cómo definiría usted su liderazgo?

Yo diría que es horizontal. Yo nunca he sido una persona autoritaria ni mucho menos. Soy una persona que me relaciono casi demasiado de igual a igual. No ejerzo un poder sobre las personas, más bien quisiera celebrar las cosas buenas que hacen; si tengo que corregir algo, lo hago de la mejor manera posible.

Los dos principales liderazgos de esta encuesta son usted y Michelle Bachelet, que quizás contrastan con otros más duros y que, en general, tienen menor aprobación, como Evelyn Matthei, Camila Vallejo… ¿Por qué cree usted que la gente valora más a unas que a otras?

Como decía antes, tiene que ver con la cercanía, el verte en contacto con las personas. Es esa sensación de ser considerado, de que tú estás realmente comprometido con ellos y yo creo que eso la gente lo valora mucho, especialmente los sectores más postergados. Ahora, si esa es la mejor capacidad para gobernar no lo sé. Sé que es un atributo más que una capacidad, creo que es un atributo que permite que la gente se sienta más acogida, más contenida, más considerada.

¿Cómo pretende usar su capital político en estos años?

En el gobierno pasado lideré el programa Elige Vivir Sano, que fue muy importante, muy bien valorado. Me interesa trabajar por promover políticas públicas que vayan en favor de los grupos más postergados y siempre yo nombro los adultos mayores, los niños, las personas con discapacidad también. Y de alguna manera, cuando viene esta agenda de la mujer, que también es un grupo que se ha sentido postergado, por supuesto que levanto la voz. Pero una de las cosas que he aprendido en estos años también es a priorizar, no puedo estar en todo. Y el tema que más importa, en el que me preparé e incluso participé en la comisión, es el de los adultos mayores.

¿Y ahí cuál va a ser la prioridad?

Cambiar el paradigma. Siempre se ha visto a los adultos mayores como una sola imagen, lo que no es cierto. La tercera edad es un grupo principalmente heterogéneo, con personas activas, trabajando, inteligentes. Más del 84% son autovalentes, entonces lo primero es cambiar la mirada, las personas mayores son un aporte, una oportunidad, es una etapa de realización. Lo otro es darles seguridad. Ahí está el tema de las pensiones, que para ellos es muy importante, pero la seguridad en todo sentido, que puedan salir a la calle y no se estén cayendo, que puedan cruzar un semáforo, o sea, muchos otros temas más allá de las pensiones.

Y en el largo plazo, ¿usted tiene alguna proyección política?

No.

¿Lo descarta?

Sí. Me han dicho: ‘No digas que no’, pero yo digo que no puedo decir ‘tal vez no’. O sea, tendría que pasar algo inusitado y decir: ‘Mira, se necesita a alguien’.

¿No le gusta esa idea?

Al acompañar a Sebastián en la política aprendí que mi parte social era lo que me separaba de la política, verla conflictiva, verla ajena a mí, aunque eso me permitió entender que yo podía hacer mi aporte con eso. Pero siento que gobernar un país o ser legislador… Claro, uno puede aprender, pero siento que primero es una vocación y, segundo, una capacidad y una decisión de vida, un proyecto que implica muchos cambios. Cuando llegué al gobierno con Sebastián la primera vez teníamos tres nietos y hoy vamos para el undécimo, estoy en otra etapa.

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