Eugenio Tironi: "No es buena idea que esto se convierta en una batalla entre gobierno y oposición"

EUGENIO TIRONI

05.07.2019 ENTREVISTA AL SOCIOLOGO EUGENIO TIRONI FOTO: JUAN FARIAS. LA TERCERA EUGENIO TIRONI BARRIOS - RETRATOS

Advierte que los políticos podrían ser "las próximas víctimas" de un movimiento que despierta simpatías en quienes comparten un "sentimiento de ahogo por el alza en el costo de la vida", y que sienten que la clase dirigente, sin distinción, "no presta atención a su miseria cotidiana".




Esta revuelta no es contra el alza de pasajes, sino "contra ese raciocinio económico, que se ve en el manejo de las pensiones", afirma el sociólogo, junto con advertir que la gente está percibiendo a los políticos como "una casta que vive tranquila y no presta atención a su miseria cotidiana".

En este sentido, dice que los políticos podrían ser "las próximas víctimas" y que, en este escenario, debieran reaccionar con solidaridad entre sí y no convertir lo que está pasando en un "campo de batalla entre gobierno y oposición".

"Aquí se sabe dónde parte, pero no sabe dónde termina. Y puede ser que muchos que hoy lo aplaudan y celebren terminen siendo sus víctimas", enfatiza.

¿Hasta dónde puede llegar esta situación?

Esto puede llegar al populismo, en el sentido de que puede llevar al desbordamiento de las instituciones democráticas y, desde luego, al desbordamiento de la institucionalidad económica. Hay algo de esto en eso. La forma de regulación basada en las leyes económicas y la ley económica principal es la de los precios, nos rebelamos contra esa ley. Aquí, el gran mecanismo de ordenamiento en la sociedad contemporánea es el precio, más que el poder policial o político. Y hoy lo que hay es una rebelión contra eso.

¿Tiene una potencialidad destructiva o caótica, al nivel de un nuevo Aysén 2011?

Todos somos generales después de la batalla, pero siempre he visto con bastante atención lo de los chalecos amarillos en Francia, y varias veces he mencionado que un estallido de ese tipo es la amenaza mayor que tiene el gobierno actual. Hay un cierto símil. Los que estallan aquí son grupos que no son los más vulnerables ni pobres, sino grupos medios que están ahogados por el costo de la vida. Y, de pronto, basta una pequeña chispa para que eso aflore. En Francia fue el precio de la revisión técnica, aquí puede ser el alza del transporte. Pero es la gota que rebalsa el vaso. El transporte ha subido muchas veces y nunca ha provocado un efecto como éste.

¿Por eso la comparación con los chalecos amarillos en Francia?

Estos conflictos así estallan siempre por una energía que produce un desborde. Pero una vez producido el desborde, la energía va a otras formas de malestar, otros sentimientos de injusticia, y eso comienza como una bola de nieve que arrastra con todo, que no deja a ídolo con cabeza.

¿Qué tan mal o bien están leyendo esto los políticos?

Al menos por lo que he seguido especialmente en Francia, la clase política tiene que atender esta cuestión: no hay que criminalizarla, no se gana nada con criminalizar. Este es un movimiento que despierta mucha simpatía, y la simpatía proviene de personas que comparten este mismo sentimiento de ahogo por el alza del costo de la vida. Por ende, creo que es una típica cuestión respecto de la cual el mundo político debiera reaccionar de forma más o menos solidaria. Si son responsables de instituciones que dan vida a la democracia, debieran reaccionar con ciertos grados de solidaridad, porque ellos son las próximas víctimas. No creo que sea bueno que los corderos, que están a la cola de ser degollados, se pongan a aplaudir cuando se levanta la rebelión.

¿Solidaridad con qué?

No con el movimiento, sino entre sí. No creo que sea buena idea que esto se convierta en un simple campo de batalla entre gobierno y oposición, porque este mecanismo de alza de precios existe hace mucho tiempo, siempre ha operado automáticamente, responde a un raciocinio económico incuestionado. Hay una rebelión contra ese raciocinio económico, como se ve en el manejo de las pensiones.

Por eso cree que los políticos serán las próximas víctimas.

Claro, porque esta cuestión va evolucionando hacia el sentimiento de que hay una casta, que da lo mismo que sea el Frente Amplio, la ex Nueva Mayoría, los socialistas… hay una casta político-económica que vive tranquila, que habla mucho, pero que no le presta atención a la miseria que vive la gente en su vida cotidiana.

¿Ve que en algún momento la ira se descargue contra ellos?

En el caso francés, que es el que más conozco, llegó un momento en que los políticos eran acosados en sus casas. No podían hacer un acto público. Una hostilidad, un hostigamiento, con algunos rasgos de violencia, hacia los políticos en general, sin distinción.

¿Quién es más responsable de encarar esto? ¿La oposición o el gobierno?

Acá todas las partes tienen que actuar con mesura, hay que tener mucho cuidado con lo que se aplaude. Pero sin lugar a dudas el que tiene el pandero es el gobierno. El gobierno tiene que ver cómo descomprime esto antes de que sea demasiado tarde.

¿Y cómo ha reaccionado el gobierno?

Hay que tratar de leer esta crisis a partir de los códigos. Aunque es complicado: por una parte está el sentido de autoridad, y por otra parte, abrir una válvula de descompresión. El gobierno no puede cometer el error que cometió con los estudiantes el 2011, cuando sintió que era una cuestión que se iba a parar rápido, que era un problema de recursos, y la cuestión fue tomando otra envergadura. Hemos aprendido que el gobierno tiene reacciones impredecibles, como ocurrió para la jornada de las 40 horas, o como con la cuestión de las pensiones. Por lo tanto, puede saltar el conejo para cualquier lado. Es difícil saber.

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