Política

Francisco Vidal: “Bachelet es la única que logra el aplauso de la DC al PC, que no tienen ningún otro liderazgo en la oposición”

El exministro, cercano a la exmandataria, reconoce que le sorprendió que ella se abriera a una tercera candidatura a La Moneda. Sin embargo, sostiene que reúne las credenciales para intentarlo y es hoy la única líder de la oposición de izquierda.

Francisco Vidal: "Bachelet es un factor de unidad y no de competencia pensando en tres años más. Pensar hoy en candidaturas es no saber de historia ni de política". Pablo Vásquez R.

Conociendo su cercanía con Michelle Bachelet, hace unos meses un político amigo le hizo una pregunta a Francisco Vidal (73): ¿Qué haría la expresidenta a su regreso a Chile si su candidatura a la Secretaría General de Naciones Unidas (ONU) no prosperaba, como finalmente ocurrió? ¿Volvería a la política?

“Sí pues”, le respondió. “O acaso tú crees que va a llegar a tejerles chalecos a sus nietos... Después supe que ella no teje”, cuenta el profesor de Historia de la UDP desde la terraza de su casa en un pasaje en Las Condes, el mismo lugar desde donde hacía vocerías los domingos cuando fue ministro secretario general de Gobierno de la presidenta Bachelet durante su primer mandato.

“Una persona que estuvo dispuesta a encabezar la ONU durante cinco años, en un contexto mundial muy complejo, con 193 países miembros; que, en lugar de hacer puerta a puerta, recorría aeropuerto por aeropuerto; que ingresó a militar en la Juventud Socialista a los 15 años; que fue detenida junto a su madre, Ángela Jeria, y recluida en Villa Grimaldi y Cuatro Álamos; que, al regresar del exilio, ejerció clandestinamente la medicina para atender a víctimas de la tortura… ¿Alguien podría creer que, si regresaba a Chile, no iba a asumir un papel protagónico en la política?

La tarde del domingo 27 de septiembre, Vidal (PPD) integró el selecto grupo de invitados que Bachelet recibió en su casa de La Reina para celebrar su cumpleaños número 75. A la reunión asistieron también la exministra Ana Lya Uriarte, la periodista Haydeé Rojas, el alcalde de La Granja, Claudio Arriagada, y los exsubsecretarios Gabriel Gaspar y Carlos Mackenney.

“Como siempre, sus cumpleaños son muy entretenidos, mucha conversación y cero política”, dice el exministro de los gobiernos de Ricardo Lagos y Bachelet.

¿Cómo vio a la expresidenta después de su frustrada candidatura?

La vi muy bien en el acto de homenaje y desagravio realizado la semana pasada en el Teatro Municipal de La Pintana. Fue una verdadera inyección de ánimo para la izquierda y la centroizquierda. Allí demostró que sigue siendo un gran factor de unidad en nuestro sector: es la única figura que, hasta ahora, logra concitar el aplauso simultáneo desde la DC hasta el PC, algo que ningún otro liderazgo de la oposición ha conseguido. Me refiero, en particular, al fuerte aplauso que recibió de los presidentes de ambos partidos, Álvaro Ortiz, de la DC, y Lautaro Carmona, del PC, que seguí con especial atención, además de los cuatro otros jefes de partido –que convocaron al encuentro en conjunto a su Fundación Horizonte Ciudadano–. Eso te dice algo, porque todos los otros liderazgos, que son muchos en nuestro sector, llegan hasta una parte nomás.

¿Incluido el expresidente Boric?

(Vidal prende un cigarro y responde) El expresidente Boric no gobernó con la DC, pero Bachelet es un factor de unidad y no de competencia pensando en tres años más. Pensar hoy en candidaturas es no saber de historia ni de política. En su discurso, además, ella misma se puso a disposición para construir la unidad que, a mi juicio, debe respetar la diversidad de la oposición, que hoy está compuesta por tres núcleos con historias distintas: el comunista, con su propia orgánica; el de la izquierda nueva, que es el Frente Amplio, y un núcleo que hoy está más disperso que es el Socialismo Democrático –PS, PPD, liberales–, y al lado la DC. Si la unidad es forzosa, no resulta.

Esta semana ella se abrió a una eventual tercera candidatura presidencial. ¿Le sorprendió?

Sí, me sorprendió, porque, además, al ver el video de la entrevista -en el canal TVU de la Universidad de Concepción-, ella piensa como 10 segundos antes de responder que sí. Bueno, ese “yo creo que sí” provocó un escándalo.

Los liderazgos no los definen los comités centrales de los partidos, los define la ciudadanía. Tampoco los carnets de identidad".

Hay gente en la izquierda que no le gustaron sus declaraciones. “Sería un error que la agenda ahora empiece a volcarse a la preparación de elecciones presidenciales”, dijo Carolina Tohá.

Comparto eso. Entrar hoy, cuando el gobierno del Presidente Kast lleva siete meses, sería absurdo. Mira, además, la cantidad de liderazgos presidenciales que existen hoy en la oposición. El PC tiene a Jeannette Jara, a Daniel Jadue y a Camila Vallejo. El Partido Liberal tiene a Vlado Mirosevic; el PPD, a Carola Tohá; el Frente Amplio, a Gabriel Boric y a Tomás Vodanovic, a lo menos, y el PS tiene a Álvaro Elizalde, Daniel Manouchehri y a Paulina Vodanovic.

Se quiera o no, su respuesta abrió un debate en la oposición.

Pero míralo de otra manera. A Bachelet como factor de unidad y no de una competencia absurdamente apresurada. Los liderazgos no los definen los comités centrales de los partidos, los define la ciudadanía. Tampoco los carnets de identidad.

Entonces, usted ha escuchado aquellos cuestionamientos que dicen que Bachelet, a sus 75 años y con una vasta trayectoria, no tiene chances de volver a ser presidenta.

Jorge Alessandri se presentó en 1970 a los 74 años y era el liderazgo natural de la derecha. La izquierda lo trataba de viejo y sacó el 34% de los votos. Pepe Mujica, una de los grandes referentes de la izquierda latinoamericana, terminó su mandato como presidente de Uruguay a los 79 años. Hay otros que dicen que las terceras candidaturas no resultan. Kast ganó a la tercera, Allende a la cuarta. (Franklin D.) Roosevelt fue candidato una vez antes de llegar a la presidencia de Estados Unidos, en 1932, y fue reelegido tres veces, y puedo seguir...

En el PS, en tanto, existe un cierto temor por su legado y que se su figura se convierta en foco de críticas.

Pero si en el momento que ella dijo lo que dijo en la derecha ya le estaban sacando la cresta. A niveles distintos, eso sí. Desde el diputado del PDG que usa el abrigo de Pinochet (Javier Olivares), que dijo que podría seguir los pasos de Evelyn Matthei y dedicarse a cocinar, a los que critican sus gobiernos, que me parece perfectamente justo. Mira, durante Piñera 2 le revisaron todo y no encontraron nada.

Kast dijo que ella tendría que hacerse cargo de las políticas implementadas en sus dos gobiernos y de los problemas que, a su juicio, produjeron en el país.

Ese fue un nuevo error de Kast, porque abre un debate interesantísimo. Si alguien me emplaza a defender sus gobiernos, como esta semana lo hizo mi compañero radial Diego Schalper, yo feliz. Debatamos de la gratuidad universitaria: 620 mil familias hoy día tienen a sus hijos e hijas estudiando en la universidad con gratuidad; debatamos sobre aborto terapéutico en tres causales, por poner solo dos ejemplos, uno económico y social y otro valórico.

Imagino que el Presidente se refería más bien a la reforma tributaria de 2014.

Feliz. Debatamos de la reforma tributaria. Su objetivo era recaudar tres puntos del PIB y logró la mitad, que, llevado a la plata de hoy, ese 1,5 son 4.500 millones de dólares. Imagínate hoy al Estado de Chile sin esos 4.500 millones de dólares que aportó la reforma tributaria de Alberto Arenas. El segundo gobierno de Bachelet creció 1,8% como promedio anual; luego vino Piñera, a quien le tocó el estallido y la pandemia, que creció un 2,5%, y Boric un 2%. La proyección de crecimiento del Banco Central para este gobierno es de un 2,5%.

“Imagínate hoy al Estado de Chile sin esos 4.500 millones de dólares que aportó la reforma tributaria de Alberto Arenas”.

Muchos han interpretado sus palabras como un cobro de cuentas con Kast al no respaldar su postulación a la ONU. ¿Lo cree así? ¿Llegó “picada” Bachelet con el Presidente?

No lo creo, salvo cuando en La Pintana ella dice, en un momento de alta tensión: “Les tengo una mala noticia –obviamente dirigido a la derecha–, no me voy para la casa”. No estuve en su campaña internacional. Solo sé, por Heraldo Muñoz, que en todas las reuniones en que él acompañó a Bachelet, todos le preguntaban por qué el gobierno de Chile no la apoyaba.

¿Le sirve esa suerte de victimización para reposicionarse en el movido escenario político chileno?

No, porque, además, ella lo dijo muy bien, al revés. Si por ser partidaria del multilateralismo, la paz, la defensa de los derechos humanos y del respeto a los tratados internacionales, en buena hora la vetaron. Entonces, más que víctima, se sitúa en un plano en que la vetaron por sus ideas. Yo por mí no insistiría en eso (enrostrar a Kast la falta de apoyo). Además el Presidente tuvo un gesto, le dijo que no, pero no iba a apoyar a nadie más. Muy distinto a Republicanos y la UDI, que sacaron una declaración pidiendo que el gobierno no la apoyara.

¿La ve intentándolo? ¿Cree que tiene la misma tracción que antes?

Vuelvo a mi argumento número uno. Si una persona tenía la disposición para recorrer el mundo, no en cócteles, sino resolviendo conflictos...

¿Cree que su regreso revitalizará a la izquierda?

Sí, ella llega a la oposición en un momento inmejorable, después de que la derecha nos derrotara de manera aplastante. La tarea nuestra es recuperar la mayoría y particularmente la mayoría popular.

Vidal cuenta que volvió a meterse de lleno en la historia de nuestra política exterior y defensa. Ello, tras leer el libro El pacto perfecto, que narra la historia secreta de la ayuda de la Junta Militar al Reino Unido durante la guerra de las Malvinas. Pablo Vásquez R.

“Kast llegó con un compromiso muy entusiasta”

Aparte de participar semanalmente en varios programas de radio, televisión y streaming, Vidal cuenta que está escribiendo dos libros. Uno que le pidió una importante editorial sobre los 25 episodios más importantes de la historia de Chile, y otro, con Joaquín Lavín, sobre los personajes más relevantes de nuestra historia.

Por estos días, agrega, volvió a meterse de lleno en la historia de nuestra política exterior y defensa. Ello, tras leer el libro El pacto perfecto (Daniel Avendaño y Mauricio Palma), que narra la historia secreta de la ayuda de Pinochet y la Junta Militar al Reino Unido durante la guerra de las Malvinas.

“Este gobierno se desplomó adhesión ciudadana, cosa que no es nueva, porque al presidente Boric, a los seis meses, le pasó lo mismo cuando la opinión pública lo asoció a la derrota de la Convención”.

“Yo había leído varias veces las memorias del general Matthei, pero el reporteo y la narración de estos dos periodistas es para una serie de Netflix. Es impresionante el nivel de compromiso del gobierno de Chile con Inglaterra; a mi juicio, correcto. Seguramente Pinochet, al igual que yo, escuchó el discurso de (Leopoldo Fortunato) Galtieri en la Casa Rosada cuando dijo, ante cien mil bonaerenses vueltos locos, ‘invadimos las Malvinas, y una vez que terminamos eso nos vamos al sur’”.

¿Comparte esa decisión del gobierno militar?

Sí, la Junta hizo lo correcto, porque era evidente que si Argentina se mantenía en las Malvinas y, para qué te cuento, derrotaba a Margaret Thatcher, los próximos éramos nosotros. También voy en la mitad de un nuevo libro de Guillermo Parvex sobre la historia del espionaje chileno en Perú, que cuenta cómo el dictador peruano (Juan Francisco) Velasco Alvarado tenía tomada la decisión de recuperar Arica e Iquique.

Los temas limítrofes han vuelto a estar en la palestra, a raíz de declaraciones de militares argentinos sobre el Estrecho de Magallanes. ¿Cómo ve esta situación?

Lo veo complejo. Por eso, me parece bien, y coincido con el ministro de Defensa, Fernando Barros, en que, en el marco de la restricción presupuestaria que tenemos, los recursos de Defensa crezcan en más de un 7%, porque la disuasión, mirando nuestra historia, no es una opción, es una obligación. Velasco Alvarado era aliado del presidente Allende y Videla de Pinochet.

¿Está de acuerdo con la adhesión de Chile al plan Escudo de las Américas?

No, ahí no. Lo que pasa es que el Escudo de las América tiene dos capítulos. Estoy de acuerdo en el primero, que es la coordinación para combatir el narcotráfico. Pero en el segundo nos metieron un gol, con el control de la inversión y las cadenas logísticas. Porque, para mí, lo que está pasando hoy en el mundo es una segunda Guerra Fría que, a diferencia de la primera, donde se conquistaban territorios, la guerra fría entre Trump y China es quién hegemoniza comercialmente el mundo. Nuestra paradoja es que China es nuestro principal socio comercial y el objetivo de Trump es que China salga de América Latina.

¿Cómo ha visto estos primeros siete meses de Kast?

El gobierno se desplomó en materia de adhesión ciudadana, cosa que no es nueva, porque al presidente Boric, a los seis meses, le pasó lo mismo cuando la opinión pública lo asoció a la derrota de la Convención. En el caso de Kast, en su campaña él levantó dos promesas que hicieron mella en la población, sobre todo en el mundo popular, seguridad, migración y crecimiento económico. La pregunta que hay que hacerse es por qué la última encuesta Cadem arroja que el gobierno y el Presidente tienen un 32% de aprobación y 65% de desaprobación. Mi lectura es simple: porque el ciudadano común y corriente, aquel que escuchaba al candidato diciendo ‘quedan 20 días, quedan 15 días, quedan 3 días y vamos a echar a los inmigrantes y particularmente los venezolanos’, bueno, la realidad es otra. Y, segundo, prometió sacar adelante la economía para que saliera de ‘la quiebra’ en que estaba. Tres comparaciones: el crecimiento de Boric en el último año fue de 2,5%; el crecimiento proyectado para este año, es entre 0 y 0,2 y si no menos 0. El desempleo de Boric, altísimo, fue de 8%, ahora es un 9,6%; la inflación de Boric fue de un 2,8% y 2,9%, ahora estamos entre 4% y 4,5%.

¿Llegó con metáforas Kast a La Moneda?

No, llegó con un compromiso muy entusiasta, pero creo que este gobierno, al igual que el de Boric, se puede estabilizar en torno a un núcleo duro en torno al 28%, 30% y 35%.

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