Piñera pasa de los “cómplices pasivos” a la “democracia enferma”

P. Catena y X. Soto

Si bien dicen que el discurso del Mandatario es similar al de 2013, en La Moneda admiten que optó por una alocución “más cuidada”, que generara consenso en su coalición.


Doce minutos y 20 segundos duró el discurso del Presidente Sebastián Piñera, que estuvo precedido por un acto ecuménico, para conmemorar los 45 años desde el golpe militar. En La Moneda calificaron como “sobria” la actividad, la que -contrario a lo que algunos personeros de Chile Vamos querían- fue sin participación de dirigentes de los partidos políticos, en contraste con la ceremonia que el Mandatario realizó en 2013 -durante su primera administración- por los 40 años del quiebre de la democracia, donde sí estuvieron presentes.

Pero no solo la puesta en escena fue distinta, sino también el tono de su alocución, que para muchos significó “un giro más hacia la derecha”. En 2013, en los días previos al acto en La Moneda, Piñera emitió la comentada frase de los “cómplices pasivos”, lo que generó molestia en su entonces coalición de gobierno.

Luego, en su discurso de ese mismo año, si bien hizo alusión a los hechos que llevaron al golpe de Estado y el rol que, a su juicio, tuvo el gobierno de la Unidad Popular, enfatizó en las distintas responsabilidades civiles que hubo en la violación a los derechos humanos durante el régimen de Augusto Pinochet.

En tanto, Piñera adoptó un discurso más acorde con lo que han planteado desde su coalición, poniendo énfasis en que antes del 11 de septiembre de 1973 la “democracia estaba enferma”. Esto, en línea con lo que ya había sostenido en agosto, cuando confirmó la salida de Mauricio Rojas del Ministerio de las Culturas por calificar como “un montaje” al Museo de la Memoria, y también con lo que señaló el domingo pasado en el especial que publicó La Tercera. “La democracia estaba muy enferma, no fue una muerte súbita el 11 de septiembre”, dijo en la oportunidad.

En su intervención -que realizó en el Patio de Los Naranjos, acompañado de la primera dama, Cecilia Morel-, Piñera habló de “gobierno” y de “régimen”, no de “dictadura” para referirse al periodo que va entre 1973 y 1990. Además, si bien insistió en que “ningún contexto va a justificar jamás” las violaciones a los DD. HH., recalcó que “eso no significa que no podamos, o que no debamos hacernos algunas preguntas y extraer algunas lecciones: ¿Por qué se derrumbó nuestra democracia ese 11 de septiembre del año 73?”.

Así, el discurso del Jefe de Estado, a diferencia de 2013, cuando hubo una parte de la centroizquierda que destacó sus palabras, recibió críticas de parlamentarios de la ex Nueva Mayoría, quienes lo acusaron de “un retroceso” respecto de su postura de 2013 y de querer poner un “contexto” a las violaciones a los derechos humanos.

En La Moneda, en todo caso, sostenían que el discurso de Piñera fue muy similar al de 2013. Eso sí, reconocían que hay un cambio de énfasis y que esta vez fue más cauto, lo que -aseguran- apuntaba a no generar críticas al interior de su coalición de gobierno. “Cuidó sus filas”, dicen en Palacio. De hecho, si bien algunos en el oficialismo resintieron no haber sido invitados -al percatarse de que participaron ministros en el acto ecuménico-, pese a eso valoraron el discurso de Piñera. El presidente de RN, Mario Desbordes, señaló que “está bastante centrado y es lo que pensamos en Chile Vamos”, mientras que el diputado UDI Patricio Melero afirmó que “el Presidente logra equilibrar de mucho mejor forma los hechos que precipitaron el quiebre de la democracia”. Desde Evópoli, su timonel, Hernán Larraín Matte, señaló que “fue un discurso consistente con lo que ha sido la trayectoria del Presidente Piñera en relación al golpe, a las causas del quiebre de nuestra democracia y a la defensa irrestricta de los DD.HH.”.

En ese sentido, en Palacio desdramatizaron las críticas de la oposición y aseguraron que el discurso -que, según dicen, fue elaborado por el propio Mandatario- cumplió su objetivo, que apuntaba a instalar tres principales ideas: recordar los episodios que ocasionaron el quiebre de la democracia para que no se vuelvan a repetir; el llamado a la unidad, e instalar una mirada de futuro para alcanzar la “segunda transición”.

En esa línea, durante su alocución el Jefe de Estado emplazó a los que ostentan cargos de elección popular “a no dejarnos atrapar por las pequeñas divisiones”.

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