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Chile envejece y el costo lo pagan las mujeres: el cuidado amenaza con profundizar la brecha laboral

Chile cruzó un umbral demográfico que cambiará la economía durante las próximas décadas. Las proyecciones indican que hacia 2069 la mitad de la población pertenecerá al grupo de adultos mayores. Ese fenómeno, lejos de ser sólo un desafío previsional o sanitario, comienza a instalar una presión silenciosa sobre el mercado laboral: quién cuidará a una población crecientemente dependiente.

Las actividades que promueven un mejor envejecimiento (y que no son ejercicio físico), según un reciente estudio. Foto: Pexels

El nuevo Zoom de Género elaborado por el Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales (OCEC-UDP), Fundación ChileMujeres y la Cámara de Comercio de Santiago pone cifras a un problema que hasta ahora permanecía relativamente invisible. Hoy, el 65,6% de quienes cuidan a personas de 15 años o más con dependencia funcional son mujeres. Y ese rol tiene un costo laboral evidente: menor participación, mayor desempleo y una inserción más precaria en el mercado del trabajo.

La fotografía habla por si sola. Mientras las mujeres que no ejercen labores de cuidado presentan una participación laboral de 54,1%, entre las cuidadoras esa cifra cae a 39,2%. A ello se suma una mayor informalidad y subempleo, configurando una brecha que ya no responde únicamente a la maternidad, sino a una nueva etapa del ciclo de vida: el cuidado de adultos mayores.

Para Juan Bravo, director del OCEC-UDP, el principal hallazgo del estudio es que el envejecimiento acelerado transformará el cuidado en uno de los factores más relevantes para explicar la evolución futura del empleo femenino. “Las mujeres cuidadoras de personas adultas con dependencia funcional exhiben menor participación laboral, mayor desempleo y una mayor inserción en empleos de mala calidad en comparación con las mujeres que no ejercen este rol”, afirma.

El economista advierte que se trata de un cambio estructural y no de un fenómeno transitorio. A medida que aumente la población con dependencia severa, crecerá simultáneamente la demanda por cuidadoras especializadas, pero también el número de mujeres que abandonarán el mercado laboral para asumir esos cuidados de manera informal dentro de sus familias.

El impacto, sostiene, será especialmente severo para las mujeres con menor nivel educacional, cuyos ingresos potenciales muchas veces no justifican el costo de contratar servicios de cuidado externos. “Lo más probable es que el efecto final sea reducir con mayor fuerza la participación laboral de las mujeres con bajos niveles educativos”, señala.

Desde Fundación ChileMujeres observan una transformación que redefine el debate sobre la igualdad de oportunidades. “El cuidado en Chile sigue siendo, mayoritariamente, una tarea realizada por las mujeres. Es un ciclo que nunca termina: primero los hijos, después los adultos mayores, casi sin pausa entre una etapa y otra”, afirma su gerenta general, María José Díaz. Ese tránsito entre maternidad y cuidado de familiares mayores configura, a su juicio, un “segundo techo de cristal”.

Las cifras muestran que la inactividad femenina por cuidado de adultos mayores ya comenzó a crecer. Antes de la pandemia representaba el 0,6%, y en 2024 llegó al 1,4%, restando cerca de un punto porcentual a la participación laboral femenina.

El desafío también interpela al sector privado. La presidenta de la Cámara de Comercio de Santiago (CCS), María Teresa Vial, sostiene que el problema refleja una falla estructural mucho más profunda que las políticas empresariales tradicionales.

“Tenemos un segmento de la población, mayoritariamente femenino, que pasa del cuidado de menores al de adultos mayores, dificultando su inserción laboral en el mercado formal”, indica

A su juicio, el desafío es compartido: avanzar hacia una mayor corresponsabilidad entre hombres y mujeres, desarrollar una industria formal de cuidados y adaptar el mercado laboral con mayor flexibilidad para que las personas puedan compatibilizar empleo y responsabilidades familiares.

El debate ya dejó de ser exclusivamente social. Como advierte Bravo, una menor participación laboral femenina implica menos crecimiento potencial para el país. En una economía que enfrenta una desaceleración producto del envejecimiento, mantener fuera del mercado a miles de mujeres significa desperdiciar capital humano, reducir productividad y profundizar las brechas de pobreza.

La gran interrogante es si Chile llegará preparado. Porque el envejecimiento ya no pertenece al futuro. Y si el país no construye una red de cuidados capaz de repartir esa carga entre el Estado, el mercado y las familias, la mayor longevidad podría terminar consolidando una de las desigualdades más persistentes del mercado laboral chileno.

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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

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