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Nouriel Roubini: “Estados Unidos no tiene una política racional hacia América Latina”

El destacado académico de la Universidad de Nueva York (NYU), y que es conocido globalmente por su apodo de “Doctor Doom”, tras haber anticipado la crisis subprime, conversó con Pulso sobre los efectos de la IA, tecnología de la cuál es muy optimista; de las políticas arancelarias de Donald Trump y de las últimas decisiones de la Fed. El economista estará esta semana en Chile, en un evento financiero.

Optimista por el desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA) está el profesor emérito de la Escuela de Negocios de la Universidad de Nueva York (NYU), Nouriel Roubini,

El famoso doctor en Economía de Harvard y asesor senior de Hudson Bay Capital Management LP, que se ganó el apodo de “Doctor Doom” cuando predijo la crisis financiera subprime de 2008, estará el 1 de octubre en Chile, donde será el speaker principal de “La Gran Jugada”, un encuentro organizado por Regum, compañía especializada en educación financiera y análisis económico.

Antes de su llegada al país, Roubini conversó -vía telemática- con Pulso sobre la decisión de la Fed de subir la tasa de política monetaria por primera vez desde 2023, el impacto de la IA, y las políticas económicas y arancelarias del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

La Reserva Federal subió la semana pasada la tasa de interés por primera vez en tres años, a pesar de que el presidente de EE.UU., Donald Trump, cuando nombró a Kevin Warsh a la cabeza de la institución, pidió que las tasas bajaran. ¿Cómo analiza esta decisión?

-La Reserva Federal tomó la decisión correcta. En primer lugar, ha demostrado su independencia. El presidente Trump había llegado a decir recientemente que la Fed debería bajar las tasas, pero la realidad es que la inflación sigue estando muy por encima del objetivo, mientras que hay un crecimiento económico sólido, la tasa de desempleo es baja y la creación de empleo es robusta. Por lo tanto, Estados Unidos tiene un problema de inflación. No tiene un problema de crecimiento ni de desempleo. Y, por lo tanto, no solo la Fed ha tomado la decisión correcta, sino que el comité ha señalado, a través de sus propias previsiones, que la mayoría de sus miembros esperan otra subida de las tasas este año, en octubre o diciembre.

¿Es necesaria esa alza adicional?

-Si te preocupa la inflación, subir las tasas solo en 25 puntos base no es suficiente. Así que la señal ha sido que tendremos que subirlos más. Y creo que es la decisión correcta. Es económicamente sensata. Además, demuestra la credibilidad y la independencia de la Fed en un momento en el que está siendo objeto de ciertos ataques políticos por parte de Trump.

Kevin Walsh ha dicho que las condiciones financieras siguen sin ser restrictivas, ¿coincide?

-Las condiciones financieras son bastante favorables. Los mercados bursátiles se encuentran cerca de máximos históricos. Las tasas de interés a corto plazo son bajas, ajustadas a la inflación, y los rendimientos de los bonos y los diferenciales de crédito siguen subiendo, aunque de forma moderada. Por lo tanto, se necesita cierto grado de endurecimiento de las condiciones financieras para enfriar la economía y frenar la inflación hasta alcanzar el objetivo con el tiempo.

¿Ha sido mayor de lo esperado el impacto de la guerra en el aumento de los precios de los combustibles?

-Sin duda es un factor. Lo que ha ocurrido desde la última decisión de la Fed en julio es que, en primer lugar, la inflación general y subyacente se han mantenido persistentes. En segundo lugar, el crecimiento y el empleo han sido sólidos. Y, en tercer lugar, como lo señaló el presidente Walsh en su rueda de prensa, la situación geopolítica de Medio Oriente ha vuelto a empujar los precios del petróleo por encima de los US$100 por barril. Habían bajado hasta los US$80 o menos, pero ahora, incluso con los recientes brotes de violencia y escaramuzas, se sitúan por encima de los US$ 100. Y eso aumenta la inflación general y, a través de efectos de segunda vuelta, también puede aumentar la inflación subyacente con el tiempo. Por lo tanto, ese es uno de los factores que ha llevado a esta decisión. Del mismo modo que el Banco Central Europeo tomó una decisión similar hace dos semanas, y el Banco de Japón también lo hizo la semana pasada por el mismo tipo de consideraciones.

¿Cree que los aranceles de Trump, la política arancelaria, tienen algo que ver también con el aumento de la inflación en Estados Unidos?

-Bueno, la tasa arancelaria promedio se incrementó del 3% al 30% en abril del año pasado. Pero debido a la reacción negativa del mercado y al riesgo de una posterior desaceleración del crecimiento y un aumento de la inflación, Trump decidió echarse atrás, o como quiera que se le llame. La gente conoce a eso como “TACO” (Trump Always Chickens Out). Trump se echó atrás por completo. Y la tasa arancelaria pasó del 30% al 25%, al 20%, al 15% y ahora al 12%, y sigue bajando día a día, porque tenemos un problema de inflación y un problema de asequibilidad. Así pues, si se hubiera mantenido en el 30%, la inflación se habría disparado de verdad en Estados Unidos.

¿Qué opinión tiene a nivel general de la política arancelaria de Trump?¿Cree que esta política podría acabar socavando la influencia de Estados Unidos en el escenario mundial y, sobre todo, su relación con socios como Chile y otros países y sus aliados?

-Sin duda, con el tiempo, podría tener esos efectos negativos. Por un lado, en Latinoamérica, últimamente los presidentes que están llegando al poder tienden a ser ahora ligeramente más de centroderecha que antes, y hay países que, políticamente, simpatizan con el presidente Trump, pero lo que está ocurriendo es que Estados Unidos no tiene una política racional hacia América Latina. Debería apoyar a sus aliados, entre otras cosas liberalizando el comercio y reduciendo los aranceles, y, como sabemos, existe una competencia en América Latina entre Estados Unidos y China.

En esa disputa China ha ido acercándose a Estados Unidos en los últimos años...

-China ha realizado numerosas inversiones, incluso en Chile, en infraestructuras y otros ámbitos, y Estados Unidos no puede esperar que estos países, ni siquiera los que se sitúan políticamente en la centroderecha, rechacen la inversión china, a menos que Estados Unidos cuente con una política racional y constructiva para potenciar el comercio y la inversión con América Latina. Incluso, los presidentes de centroderecha seguirán haciendo negocios con China a menos que haya más libre comercio. Así pues, no parece que este punto haya calado aún en Washington y en la Casa Blanca, pero esperemos que los gobernantes de América Latina puedan plantear ese argumento a Estados Unidos e insistir en que deberían reducir los aranceles en lugar de aumentarlos. Eso sería bueno para ellos, bueno para Estados Unidos y bueno para el mundo.

IA

Uno de los temas principales de la economía mundial actualmente es el impacto de la IA en el mercado laboral, economía y ahora incluso en la seguridad de la humanidad. ¿Cuál es su opinión sobre el desarrollo de esta tecnología? ¿Está de acuerdo en que debería frenarse, como dicen ahora los CEO de estas empresas?

-En mi opinión, la IA es la tecnología del futuro y es una de innovaciones más importantes de la historia de la humanidad. Va a aumentar el crecimiento potencial y el crecimiento de la productividad; se van a extender por todo el mundo porque son tecnologías de uso general; van a beneficiar a la humanidad; vamos a vivir más tiempo y con mejor salud, y muchas otras cosas positivas: este es el primer punto.

En segundo lugar, a corto plazo, la demanda de mano de obra con la IA aumenta, no disminuye. Estamos viviendo un auge de la inversión en capital, no solo en EE.UU., sino también en Asia. Además, se necesitan todos los minerales críticos —ya sea cobre, litio u otros— para producir la energía y alimentar los centros de datos. Por lo tanto, ese auge de la inversión, que inicialmente se está produciendo en EE.UU., pero que luego se extenderá a Asia y, de forma indirecta, a Latinoamérica y otros lados, es positivo para el crecimiento mundial y para la demanda de mano de obra en todo el mundo.

¿Y a más largo plazo?

-A mediano y largo plazo, la IA puede provocar desempleo tecnológico, y tendremos que averiguar cómo abordar ese problema, pero no va a suceder en los próximos años; se trata de preocupaciones a largo plazo. Y, en segundo lugar, por supuesto, existe cierta preocupación respecto que algunos de estos agentes puedan volverse autónomos y tomar decisiones perjudiciales; por ello, incluso dentro del propio sector se ha reconocido que quizá sea necesario establecer algunas medidas de seguridad, como evaluadores independientes de los modelos de vanguardia, para garantizar que estén en consonancia con nuestros objetivos como seres humanos. Pero, en mi opinión, el auge de la inversión en IA va a continuar. Puede que se ralentice un poco, pero va a continuar, y esperemos que, con el tiempo, descubramos cuáles son las mejores formas de aprovechar sus beneficios, al tiempo que regulamos la IA de manera que algunos de los posibles efectos secundarios perjudiciales se minimicen con el paso del tiempo.

Pero es difícil lograr una coordinación o regulación que incluya a un actor como China.

-Esa es una de las razones por las que existe una especie de carrera para ver quién va a lograr la inteligencia artificial general o la superinteligencia, y ese es el argumento que esgrime el presidente de EE.UU., Trump. Si se produce una ralentización del desarrollo de la IA en EE.UU., perderemos la carrera frente a China. Creo que, en el caso de la proliferación nuclear y de las armas biológicas y químicas, hemos sido capaces de alcanzar acuerdos internacionales para garantizar que se controlen los aspectos más peligrosos de estas tecnologías. La IA es más complicada que las armas biológicas o nucleares, pero al menos se puede iniciar un diálogo. Ni siquiera China querría una situación en la que la IA causara un daño significativo a la humanidad. Llevará tiempo, pero veo que, con el tiempo, incluso los rivales encontrarán la manera de llegar a un acuerdo sobre medidas que limiten los efectos más peligrosos de la IA.

En el corto plazo, eso sí, no existen los incentivos para esta ralentización, considerando el impacto que está teniendo el auge de la IA y los data centers en el PIB de Estados Unidos...

-No es fácil, pero yo diría que, si nos aseguramos de que existan unas barreras de seguridad que impidan que los peligros de la IA se materialicen, eso no significa que la carrera por alcanzar la inteligencia artificial general vaya a ralentizarse radicalmente. Quizá se ralentice un año más o menos, pero la tendencia sigue apuntando hacia una enorme cantidad de innovación que será beneficiosa para el crecimiento, la productividad, el bienestar humano, la cura de enfermedades, la longevidad y la mejora de la situación de la humanidad. Así pues, hay formas de obtener la mayor parte de los beneficios y evitar los efectos perjudiciales, y se puede hacer incluso independientemente de China; se puede continuar la carrera de los laboratorios de vanguardia hacia la inteligencia artificial general, aunque no se tenga un acuerdo con China, al tiempo que se imponen ciertas medidas de seguridad que garanticen que esto no se salga de control. Y sería racional incluso para China, independientemente de cualquier acuerdo internacional, asegurarse de que sus propios modelos se controlen de forma que no causen ese daño. Así pues, incluso sin cooperación internacional, quizá ambas partes se den cuenta de que son necesarias ciertas medidas de seguridad para evitar aquello que ambas considerarán peligroso.

Se ve que, en general, es optimista respecto a esta tecnología...

-Sí, soy optimista. En general, creo firmemente que estas innovaciones van a tener un efecto neto positivo para el crecimiento, la productividad y el bienestar de la humanidad. Y, por supuesto, tenemos que gestionar esta nueva tecnología, pero creo que los aspectos positivos van a superar con creces los riesgos extremos.

En Chile se aprobó recientemente bajar los impuestos corporativos para aumentar la inversión. ¿Cree que es una buena idea?

-Independientemente de si en Chile gobierna un gobierno de centroizquierda o de centroderecha, en general hay una buena gobernanza y buenas políticas macroeconómicas. Creo que, en general, reducir los impuestos y la regulación puede ser bueno para el crecimiento económico, y los beneficios se verán en el futuro, pero, por supuesto, dado el aumento de la deuda pública como porcentaje del PIB, si se recortan los impuestos, con el tiempo también habrá que controlar el gasto para asegurarse de que el déficit y la deuda no sigan aumentando. Por lo tanto, siempre que se mantenga la prudencia fiscal, esas reformas estructurales resultarán beneficiosas para el crecimiento económico a largo plazo.

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