El nombre se utilizó en correos electrónicos y otras comunicaciones privadas para preservar la confidencialidad. Es práctica usual, en ambientes de negocio, bautizar con nombres de fantasía una operación que exige reserva. Internamente, en Latam habían llamado Proyecto Disney a las negociaciones de 2019 con Delta, una alianza que terminó con la estadounidense como accionista de la chilena. Este año debieron buscar otro nombre en clave para hablar del rescate para la crisis financiera y operacional que desató el Covid-19. Y escogieron el nombre Proyecto Charlie. El alfabeto radiofónico denomina Charlie a la tercera letra del abecedario, la C, la que es usada en todas las matrículas de los aviones inscritos en Chile. El nombre tenía, además, una semejanza fonética que permitía referirse en secreto al objetivo final del plan en ciernes: Chapter 11, el temido Capítulo 11 de la Ley de Quiebras de Estados Unidos.
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