Guy Sorman: “El Estado emprendedor es una suerte de sustituto de la ideología marxista”

El economista y filósofo francés asegura que hablar de la contienda electoral entre José Antonio Kast y Gabriel Boric como una contraposición entre ultraderecha y comunismo “es una explicación superficial”. Ambos, cree, actuarán de forma más racional y volverán al centro si logran triunfar. “Hoy en día todos son socialdemócratas, ya sea de izquierda o de derecha”, asegura. Sorman asegura que hoy hay consenso respecto a que el libre mercado funciona, pero no soluciona todos los problemas.


Filósofo, economista y periodista. Todos esos títulos tiene el pensador francés Guy Sorman, una de las voces más respetadas de la corriente liberal y que desde Europa ha seguido siempre de cerca lo que ocurre en Chile. Tanto así, que el año pasado no dudó en tomar posición ante la consulta sobre una nueva Constitución: “si fuera chileno, votaría ‘Apruebo’”, dijo.

Aunque en esta nueva elección que enfrenta Chile no se la juega por ninguna de las alternativas, sí tiene una clara opinión sobre el proceso en su conjunto que comparte con Pulso. Desde su punto de vista, Chile está lejos de estar decidiendo un presidente entre dos extremos político-económicos. Es más, aquel lo considera un análisis “ridículo” y “superficial”.

A su juicio, lo que ocurre en Chile no es particularmente diferente a lo que ocurre en muchos países, incluyendo el suyo. No sólo por la búsqueda ciudadana de nuevos rostros, lo que representarían para los chilenos Gabriel Boric y José Antonio Kast en el esquema político nacional, sino también por la ruta socialdemócrata que cualquiera de ellos y cualquier país ha de seguir. “No es algo en lo que puedas ir en contra”, afirma.

¿A su juicio, Chile realmente se está enfrentando a una decisión polarizada entre la ultraderecha y el comunismo?

—Esto es más bien una muestra más de que la gente está cansada de todos los partidos tradicionales que han estado en el poder por más de 30 años. La gente quiere rostros nuevos, nuevos discursos y nuevos programas. Eso es lo que veo en esta elección, algo que -por cierto- también veo en Francia.

Entonces, tienes nuevos candidatos y, por supuesto, resulta fácil decir que es una elección entre un ultraderechista y un comunista, pero esa es una explicación superficial. Es verdad que uno es mucho más conservador y que el otro es más cercano a la tradición marxista, pero eso se irá lejos cuando sean electos. Actuarán de forma más racional y volverán al centro.

Me parece extraño que esa explicación resulte convincente y que siga leyendo en todos los medios que se trata de un ultraderechista versus un comunista. Esa es ridículo, porque si tú le preguntas a la gente que vota por ellos no se definen a sí mismos como fascistas o comunistas, ellos simplemente quieren algo nuevo, como también quieren una nueva Constitución y quieren que en la política entren nuevos conceptos y nuevas ideas.

Algunos sectores están inquietos por la alianza de la candidatura de Gabriel Boric con el Partido Comunista y de hecho es cuestionado permanentemente al respecto. ¿Cuál es su visión?

—(Sonríe) El comunismo ya no existe, ¿ok? Es una suerte de fantasía que no existe en ninguna parte. No hay partidos comunistas y no hay países comunistas, porque incluso los países que pretenden ser comunistas, como Cuba, Venezuela o China, ya no son comunistas, son mercados abiertos capitalistas con dictaduras.

El concepto “comunista” se ha vuelto un concepto absolutamente abstracto, que sirve para atacar a otros o para promover tus políticas, pero no es algo que tenga sustancia. Comunismo hoy día no significa nada. Es una suerte de nostalgia, es una ideología que existió en el pasado y que desapareció en 1991 con el fin de la Unión Soviética.

¿Si el Partido Comunista estuviera en el poder en Chile, qué haría? ¿Transformaría a Chile en otra Cuba, en otra Venezuela? Eso es absolutamente ridículo.

¿Socialdemócrata es un concepto que explica mejor la posición de Boric?

—Sí. Yo tiendo a ver que hoy en día todos son socialdemócratas, ya sea de izquierda o de derecha. Hay una suerte de consenso según el cual el libre mercado funciona, que el capitalismo funciona, que es algo que se ha probado en todos lados.

Pero a ese consenso sobre el modelo económico hoy se suma el consenso respecto a que el libre mercado por sí solo no resuelve todos los problemas. Por ejemplo, lo que tiene que ver con la educación primaria, el sistema de pensiones, el sistema de salud... Entonces debe haber algún tipo de redistribución en nombre de la justicia social o en nombre de la eficiencia, para que el sistema funcione.

El debate económico sobre el libre mercado se acabó, pero lo que no está cerrado es aquel sobre el balance perfecto entre libre mercado y bienestar social. Entonces, me parece que todos hoy en día son socialdemócratas, aún desde una vereda conservadora.

Piñera es un socialdemócrata. ¿Si la gente de derecha sale electa qué van a hacer? Ellos mantendrán el libre mercado, pero también tendrán que hacer algo con el sistema de pensiones, con la educación primaria que es un desastre en Chile. Tendrán que ser, en algún sentido, socialdemócratas. No tienen alternativa.

Hoy en día no puedes decir, incluso en Estados Unidos, que el libre mercado es la solución para todo. Todos nos hemos vuelto moderados estos días, basados en la experiencia.

A otro sector le preocupa la ultraderecha y referentes como Donald Trump y Jair Bolsonaro, que comparten con José Antonio Kast una agenda valórica más conservadora, medidas severas para frenar la inmigración y una visión favorable a la rebaja de impuestos de empresas. ¿Qué opina al respecto?

—El problema no son los niveles de impuestos, sino el que no se usen bien y no se dirigen a las personas correctas. Ese es un nuevo consenso.

Sobre Bolsonaro y Trump lo que puedo decir es que esos dos tipos son básicamente psicópatas, locos y racistas, lo que no tiene nada que ver con ideologías. También tenemos cosas así en Francia con el partido de ultraderecha, porque es parte de una nueva tendencia, que es una suerte de reacción del hombre blanco, el cual se siente amenazado por las demandas Mapuche en Chile, de las demandas de las personas negras en Estados Unidos, de las demandas de los árabes en Francia.

Además, les aterroriza el crecimiento del poder de las mujeres, por el feminismo. Esto es algo nuevo y es extremadamente importante. Desde mi punto de vista, el feminismo es un progreso tremendo y políticas en su contra se van a tener que desestimar, porque el feminismo en Chile es cada vez más fuerte.

Las mujeres son la mitad de la población y cualquier político racional tomará en consideración el empoderamiento de las mujeres. Estamos en una revolución que busca igualdad entre hombre y mujeres y todo político deberá entenderlo.

Esto es como la socialdemocracia, necesitamos el libre mercado y necesitamos el Estado, no es algo en lo que puedas ir en contra. No puedes decir que no haya más impuestos, que no haya más Estado, porque sin ellos no tienes bienestar y no tienes más escuelas. El poder de las mujeres es exactamente lo mismo, es una tendencia global, una revolución global, y puedes decir algunas cosas para atraer algunos votos marginales de la extrema derecha, pero no llegarás muy lejos. Una vez en el poder tendrás que respetar el poder de las mujeres.

Según lo que ha señalado, indistintamente de quién llegue a La Moneda, se tendrá que enfrentar el desafío de ofrecer más bienestar desde el Estado. ¿Cómo se debe enfrentar ese desafío?

—Hay dos derechos básicos. Uno es la educación primaria que, como dije, en Chile es un desastre y se configura como la principal fuente de desigualdad. El otro es el sistema de salud.

¿Cómo pueden pagar eso? Reduciendo el presupuesto de los militares, el cual es extremadamente relevante y reduce los ingresos que se obtienen del cobre. Esa es una herencia de la era de Pinochet y ahí puedes encontrar el dinero que necesitas. Chile es un país que crece y que tiene la capacidad de financiar un sistema decente de salud y de educación primaria.

¿Qué opina de las corrientes de pensamiento que le asignan un rol más relevante al Estado en la economía, ya sea como emprendedor o como un agente que impulsa la apertura de algunas industrias?

—Estos conceptos, como el del Estado emprendedor, estuvieron muy de moda cuando yo era estudiante, 50 años atrás. Lo que me parece interesante es que todas esas ideas estén de regreso. ¿Por qué sucede eso? Porque hay gente a la que no le gusta el libre mercado. El libre mercado es eficiente, funciona, pero a muchos no les gusta. Todos están tratando de inventar algo que sería más justo.

Este concepto de Estado emprendedor es una suerte de sustituto de la ideología marxista, porque no puedes decir que estás a favor de una economía comunista. El problema es que si revisas ejemplos de Estado emprendedor no puedes encontrar uno solo exitoso, en absolutamente ninguna parte.

Singapur suele ser citado como una ejemplo exitoso...

—Singapur no es un Estado. Singapur es un negocio familiar. No es una verdadera democracia, no es una economía de libre mercado. Es un negocio familiar que ha sido extremadamente exitoso. No puedes tomar a Singapur como un ejemplo. Dame otro ejemplo.

¿Corea del Sur?

—Esa es una historia totalmente diferente. Cuando se convirtió en un país en 1953, decidieron ir por el capitalismo y el libre mercado, siguiendo el modelo de Estados Unidos, pero no tenían dinero y tampoco habían muchas empresas. Entonces, lo que hizo el gobierno fue seleccionar las mejores y más dinámicas compañías, como Samsung y Hyundai, y las ayudó a encontrar dinero, lo que consiguieron en Alemania.

Por lo que ahí hubo una suerte de combinación entre el capitalismo alemán, el gobierno surcoreano, que tenía un mercado muy pobre, y algunos muy destacados emprendedores. Pero esto no tiene nada que ver con un Estado emprendedor. Sí consiguieron algún apoyo del Estado, siendo un link entre las compañías y el mercado financiero.

¿Entonces no está de acuerdo con que el Estado dé su apoyo a algunos sectores?

—El problema está en que no sabes qué industrias. Si te dijera diez y quince años atrás que las empresas más ricas y poderosas serían Amazon o Netflix no me creerías, porque en ese tiempo no podías saberlo.

El problema de abrir nuevos mercados desde el Estado es que tú no sabes en absoluto qué va a funcionar y qué va a ser exitoso. Facebook empezó como un negocio muy pequeño y se ha vuelto hoy en día una de las empresas más grandes de la tierra.

Hay muchos empresas surgiendo cada año, que vienen con nuevas ideas, el 99% de ellas va a fallar y un 1% será exitosa. El gobierno no está en posición de decir cuáles serán las exitosas y cuáles no.

El respeto a la competencia, la apertura de fronteras, la bienvenida a las empresas extranjeras, ese es el rol que le corresponde al Estado en esta área, porque es el rol que le funciona. La economía no es sobre tener ideas brillantes, es sobre mirar lo que funciona y lo que no. La economía no es una ciencia sobre ética, es una ciencia que mira la historia de la humanidad. El comunismo no funciona, el Estado emprendedor no funciona, Corea del Sur funciona pero ahí tienes que indagar en los detalles para ver exactamente por qué funciona, lo mismo con Singapur. Si olvidas los detalles y las circunstancias, entonces tendrás una ideología muy general, que probará ser absolutamente inútil.

Thomas Piketty señaló recientemente en El País que “estamos en una situación similar a la que llevó a la Revolución Francesa”. ¿Comparte esta opinión?

—Como me suele ocurrir con mi buen amigo Piketty, mitad y mitad. Es cierto que hemos visto emerger una clase super-rica, que no tiene ciudadanía. Lo que significa que esta gente vive en París, Londres, Nueva York, Mónaco... Ellos no pagan impuestos.

Pero tú tienes que entender de dónde vienen. No vienen desde el emprendimiento, ellos se convirtieron en super-ricos porque retienen los principales recursos de sus países de origen, como petróleo y gas en Rusia. A estas personas las critico no porque sean super-ricos, sino porque no son reales emprendedores.

Por otra parte, con decir esto no se abre paso a una revolución en contra de unas mil personas que no están en ninguna parte. Ni siquiera sabes sus nombres. Para una revolución tú necesitas tener al menos dos grupos de personas y no es esa la situación. Un escenario prerrevolucionario no es muy realista.

Una de mis principales críticas a Piketty es que él quiere gravar con impuestos los ingresos, pero nunca vas a ser capaz de encontrar los ingresos de la gente que es muy rica. Este dinero puede estar en algún lugar en las Islas Vírgenes o en Panamá, así que no podrás gravarla.

Es un gran error pensar que la riqueza hoy en día es sobre dinero. No es así. La riqueza en la actualidad es sobre conocimiento, y si quieres realmente avanzar en algún tipo de equidad, algún tipo de justicia social, tienes que ir a la raíz del problema, el cual está en la educación primaria.

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