Huawei: Más que una empresa, un símbolo del modelo político-económico chino


Cualquier ejecutivo que le haya tocado negociar con análogos chinos sabe que el factor familiar es clave para generar confianza. Es parte de su cultura. Por eso el arresto de la directora financiera Huawei, Meng Wanzhou, no sólo generó la cólera de su padre, fundador de la compañía, sino también la del gobierno chino, que –siguiendo la misma lógica cultural- considera a esta empresa casi como parte del clan familiar del éxito tecnológico-económico del país asiático, comparable a otras como Lenovo, ZTE, Alibaba Group, Tencent e incluso, Baidu.

Es clave entender esta relación entre un sistema político proveniente del comunismo y una expansión comercial propia del capitalismo, un experimento hasta ahora exitoso económicamente, que genera una serie de relaciones de confianza entre sector público y empresarial.

Por eso que para el gobierno chino, el arresto es una apuñalada por la espalda, a días de haber logrado una tregua comercial con EEUU. De hecho, esa es la razón del nerviosismo de todos los mercados en el mundo, incluyendo el chileno (ver nota relacionada): la incertidumbre ante esta incisión de confianza entre ambos países, justo cuando se había logrado una paz relativa dentro de la guerra comercial.

Y para agravarlo, la petición de arresto había sido hecha por la administración de EEUU.

De la conectividad al Top 2 en venta de smartphones

El apoyo del gobierno chino a Huawei se explica por su historia. Nació a fines de los 80 con un capital inicial de US$3.500 (de esa época), un poco antes de la era de las puntocom norteamericanas. Pero no surgió como una empresa de contenido o servicios en internet.

Todo lo contrario. Su core era proveer la conectividad necesaria para que las telecomunicaciones funcionaran. O sea, la fabricación de centrales (PBX) para conectar diferentes puntos. Sus principales clientes eran las compañías de telecomunicaciones.

Ya entrado los 90 siguió por el mismo camino, apoyando tecnológicamente a la prometedora  “red de redes” (internet), que daba sus párvulos primeros pasos a nivel masivo. Huawei tenía los equipos y la espalda para hacerlo, por eso, en 1996 decide salir de las fronteras y en 1997 lanza productos para conectar las redes inalámbricas GSM, CDMA y UMTS.

En 2000, cuando el mundo se sacudía de la falsa resaca del “bug del milenio” (Y2K) comenzaron los problemas con Estados Unidos. Este país reclamó que Huawei había instalado un sistema de telecomunicaciones en Irak haciendo vista gorda de las sanciones de la ONU. Acto seguido, el gobierno chino lo negó, apoyando a la empresa local. EEUU insistió.

Fue el comienzo de una tensa relación, que una década más tarde no le importaría en absoluto a los millones de usuarios norteamericanos y del mundo occidental que compraban entusiasmados los smartphones Huawei, por su gran desempeño y precio.

Y que 18 años después, resurgiría con una nueva acusación por parte del gobierno de Donald Trump por la sospecha que la compañía china ahora estaría rompiendo las sanciones comerciales a otro país del Medio Oriente: Irán.

Pero también ha tenido problemas con otras gigantes tecnológicas, principalmente por acusaciones de copiar productos y dejar que otros inviertan en I+D, para luego entregar una oferta de tecnología más barata.

En 2003, Cisco demandó a Huawei Technologies y sus subsidiarias Huawei America Inc. y FutureWei Technologies Inc. por la copia ilegal de la propiedad intelectual de esta compañía californiana.

Y a pesar de que la firma china ha realizado alianzas con IBM, Siemens o Symantec y otras grandes compañías, siempre ha estado en la mira de los gigantes tecnológicos celosos de su propiedad intelectual.

Hoy, Huawei es el mayor proveedor mundial de equipos de redes de telecomunicaciones y el segundo mayor fabricante de teléfonos inteligentes, con ingresos por unos US$92.000 millones el año pasado.

A diferencia de otras grandes empresas tecnológicas chinas, realiza gran parte de su negocio en el extranjero y es líder del mercado en muchos países de Europa, Asia y África. O sea, un verdadero símbolo del mix político-comercial del modelo chino.

Aunque en el mundo occidental muchos se han mantenido fieles a la marca de la manzana, desde que Huawei irrumpió en el mundo de los smartphones después del 2010,  los consumidores han visto en sus equipos una adquisición más pragmática e ideal para sacar selfies, navegar por internet y no preocuparse de los golpes al dispositivo.

Algo así como lo mejor de los mundos de Apple y de Samsung, pero en una nueva y joven marca. Por la otra vereda, Huawei ha armado una estrategia de marketing pocas veces vista en la historia de la publicidad.

A fines de agosto de este año, Huawei logró una de sus metas más importantes. Superar a Apple en venta mundial de smartphones, quedando en segundo lugar después de Samsung.

El fabricante chino vendió unos 54 millones de teléfonos el trimestre pasado, 40% que el mismo período de 2017, según estudios de IDC, Canalys e IHS Markit. Un verdadero caso de éxito del modelo desarrollo de la República Popular China. Un heredero de la política de “Puertas Abiertas” del gigante de oriente.

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