Ignacio Gepp y la reintegración de la RT: "No es obvio que sea el único camino correcto"

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El Director Puente Sur Tax cree que reintegrar al 100% y tener un impuesto global complementario más alto, por ejemplo, de 40%, es volver a lo que teníamos antes del 2014.




Esta jornada se retomará el debate de la reforma tributaria en la Comisión de Hacienda del Senado, en un contexto complejo luego que el viernes senadores de Chile Vamos propusieran al gobierno abrirse a "negociar" la reintegración, pese al rechazo del gobierno. El director de Puente Sur Tax, Ignacio Gepp, analiza las alternativas posibles y evalúa desde el pragmatismo, las posibilidades de acuerdo político.

¿Cómo evalúa las alternativas que se han planteado? Se propone, por ejemplo, bajar el impuesto corporativo a 25%.

-Bajar el impuesto corporativo manteniendo el sistema semiintegrado no permite compensar la carga actual. Si tuviéramos, por ejemplo, un impuesto de primera categoría de 23% con el actual sistema, al distribuir un dividendo el accionista sujeto a un 35% de impuesto final igual tendría que pagar 8,05 puntos más en lugar de 9,45% como hoy. En ese escenario, terminaríamos con una carga final de 43,05% en lugar de 44,45%. Es decir, no es una mejora sustantiva.

¿Y si se consideran medidas para fomentar la inversión?

-Si uno piensa en incentivos a mantener la plata invertida en una empresa, la fórmula más obvia es que exista una gran diferencia entre el impuesto de primera categoría y los impuestos finales, ya sea global complementario o adicional. También es importante premiar las inversiones de largo plazo, donde ha habido un esfuerzo por levantar un negocio, con menores impuestos a las ganancias de capital. Pero por sobre todo es necesario estabilidad jurídica, que es justamente lo que no hemos visto estas semanas con, por ejemplo, esta disputa entre la Corte Suprema y el Tribunal Constitucional.

También se ha planteado reintegrar, pero subir el global complementario. ¿Es una opción?

-Reintegrar al 100% y tener un impuesto global complementario más alto, por ejemplo, de 40%, es volver a lo que teníamos antes del 2014. Funciona como una fórmula para llegar a un punto intermedio entre una carga de 35% y una de 44,45%. La pregunta honesta que creo debería hacerse es si queremos un sistema donde las rentas del trabajo (salarios) y las rentas del capital (ganancias) tributen igual. Ese es el espíritu del sistema integrado. Por el contrario, el sistema desintegrado apunta justamente a que los sueldos y los dividendos no tributen igual.

Entonces, ¿la reintegración no es imprescindible?

-Los sistemas son herramientas que apoyan la política tributaria de un país, no vacas sagradas. La reintegración es un corazón que merece ser aprobado, pero sin votos es como un corazón sin sangre. Si se cambia se desnaturaliza el proyecto y de eso no hay duda, pero no es obvio que la reintegración sea el único camino correcto para Chile. Ahora bien, es claro que mantener un sistema complejo como el actual no es en ningún caso una buena fórmula.

¿Por qué?

-Porque la reforma del 2014, no logró que los ricos pagaran más que los pobres. Lo que logró de una forma tramposa es que los dividendos tributaran más que los salarios. Y digo tramposa porque lo hace de una forma tal que hoy los inversionistas en Chile pagan más impuestos que los inversionistas extranjeros.

¿Seguirá el tema tributario abierto en la próxima administración?

-Ni esta reforma ni la pasada cierran el debate, porque no se logran con altos consensos en una discusión que debería ser técnica.

¿Alcanzará la reforma a aprobarse en los plazos?

-La aprobación de la reforma no solo es deseable sino que también posible. Los plazos son, sin embargo, parte del espectáculo mediático: no sabemos todavía cuánto más podrá alargarse la función.

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