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Informe GET 2018 revela fuerte caída en el número de mujeres que trabajan sin remuneración

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A continuación abordaremos nuevas temáticas del Informe GET 2018 (Género, Educación y Trabajo) realizado por ComunidadMujer, estudio que profundiza la evolución de la brecha entre hombres y mujeres, a medida que distintas generaciones van envejeciendo, revisando su experiencia en cuatro ámbitos: escolaridad, inactividad, participación laboral e ingresos y pensiones.

Cabe recordar que las generaciones exploradas fueron identificadas en la investigación como las “abuelas y abuelos” (personas nacidas entre 1940 y 1944); “hijas e hijos” (1960 y 1964) y la de “nietas y nietos” (1980 y 1984).

Revisa los resultados más importantes del capítulo dedicado a la inactividad y el trabajo no remunerado de hombres y mujeres, así como su evolución en el tiempo.

Cae la inactividad pero las brechas de género persisten

Los datos recogidos en el informe revelan importantes avances en la reducción de la inactividad de las mujeres de distintas edades. “Abuelas”, “madres” y “nietas” han disminuido su tasa de inactividad, pero las brechas de género persisten, principalmente debido a la desigual distribución de las tareas domésticas.

En todas las generaciones, las mujeres identifican a los quehaceres de la casa y la crianza, que recaen casi siempre en ellas, como la principal razón para no trabajar remuneradamente y siguen teniendo muchas más probabilidades de estar en la inactividad que los hombres (Encuesta CASEN).

En detalle, se concluye que las diferencias de género sobre tasa de inactividad en las y los adolescentes (15 a 17 años) prácticamente desaparecen entre 1990 y 2015. Sin embargo, las razones para permanecer inactivos difieren absolutamente. Mientras la mayoría de los hombres declaran falta de interés por alguna actividad educacional o laboral, las mujeres mencionan la maternidad o embarazo como las razones para no estudiar o trabajar de forma remunerada. Es decir, en su caso, ser inactivas no significa “no hacer nada”, sino que dedicarse a labores de crianza y cuidado, en gran medida.

En las jóvenes de entre 18 y 24 años, si bien la tasa de inactividad bajó entre 1990 y 2015 de 42,9% a 21% su probabilidad de no estudiar ni trabajar de forma remunerada es de más del doble que la de los hombres, que en el mismo período pasó de 9,2% a 9,7%. Así, en este segmento etáreo en 2015 nuevamente la maternidad o embarazo destaca como uno de los determinantes entre las mujeres jóvenes para no estudiar ni trabajar remuneradamente (30,1%). Para los hombres, en tanto, cobra relevancia el haber finalizado recientemente los estudios (39,6%).

Entre las y los adultos de 25 a 59 años, en tanto, entre 1990 y 2015 destaca la entrada de una gran proporción de mujeres al mercado laboral y dentro de los hombres no hay cambios importantes. En 2015, la tasa de inactividad de las mujeres es de 34,7% y la de los hombres de 7,8%. Esto indica que, a pesar de la mayor incorporación de las mujeres al mundo del trabajo, la brecha de género no deja de ser enorme: la probabilidad de inactividad (estudio o trabajo sin remuneración) de las mujeres adultas es más de cuatro veces superior a la de los hombres, manteniéndose la actividad doméstica como una de las principales razones.

Entre las y los adultos mayores (60 años o más), es importante destacar que tanto mujeres como hombres incrementaron su participación laboral. Las mujeres mayores registraron un descenso de la tasa de inactividad menos marcado que las más jóvenes, pero proporcionalmente similar al que se dio para los hombres de la tercera edad, sin embargo, las diferencias de género continúan siendo muy relevantes.

Entre las mujeres mayores, la principal razón de inactividad —aparte de estar jubilada- es el trabajo doméstico, aunque con menos énfasis si se compara 1990 y la actualidad. En los hombres la razón más frecuente para encontrarse inactivo es estar jubilado y tener problemas de salud.

La mirada longitudinal de tres generaciones

Si los datos se observan desde una perspectiva longitudinal, estos dan cuenta de que las generaciones de las “abuelas”, “madres” y “nietas” comparten el hecho de presentar una tasa de inactividad superior a la de los hombres de su generación. Esta brecha se ha ido reduciendo para todas ellas, con un avance más marcado entre las más jóvenes. En el caso de los hombres, las cifras de inactividad varían muy poco.

Las “nietas” presentan tasas de inactividad más bajas que sus “madres” y “abuelas”, y en consecuencia, su nivel de participación laboral no dista tanto del de sus pares hombres. Además, son la única de las tres generaciones destacadas cuya tasa de inactividad está por debajo del 40% en todos los rangos etarios para los que se tiene información.

Educación e inactividad

Desde una perspectiva longitudinal, la mayor parte de las generaciones registran un declive de la tasa de inactividad a medida que aumenta su nivel educacional. Asimismo, se observa que la brecha de género se reduce paulatinamente. A grandes rasgos, casi no hay diferencias entre las mujeres sin educación formal y con Educación Básica, y su tasa de inactividad es la más alta del grupo (principalmente entre 50% y 70%) y va disminuyendo a medida que las mujeres envejecen.

Las mujeres que tienen Educación Media presentan tasas de inactividad más bajas (principalmente entre 30% y 50%), decrecientes con la edad, pero todavía muy distantes de la inactividad de las mujeres que alcanzan en la Educación Superior, que principalmente, para todas las generaciones y todos los tramos etarios, se ubica entre el 10% y el 20%.

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