Alfonso Swett y Claudio Agostini

Alfonso Swett y Claudio Agostini

Presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio y Escuela de Gobierno, Universidad Adolfo Ibáñez

Pulso

Integración tributaria: un gran paso hacia la equidad con progresividad


Mucho se ha comentado en estos días sobre uno de los principales elementos que contiene la propuesta de reforma tributaria presentada por el gobierno. Nos referimos a un sistema con completa integración tributaria. Han surgido críticas iniciales a esta propuesta de integración que queremos analizar, en primer lugar, desde la evidencia de las cifras de la Operación Renta 2018, y en segundo lugar, desde la claridad de conceptos tributarios básicos.

Una primera crítica que ha surgido es que un sistema integrado sería regresivo. Las cifras de la Operación Renta 2018 muestran que si bien el sistema semiintegrado les subió el impuesto en 9,45% adicional a 10.440 personas del tramo de más altos ingresos, también les subió el impuesto a casi 300.000 personas de los tramos más bajos. El resultado de la aplicación del semiintegrado significó más que duplicarles los impuestos personales a 257.305 personas que antes pagaban entre 0% y 8%, o sea, el doble de los impuestos que les correspondía pagar de acuerdo a sus ingresos.

Estos datos confirman que en Chile el sistema integrado es el gran paso hacia la equidad horizontal con progresividad. Y se podría dar un paso adicional en la reforma, eliminando las exenciones tributarias y los espacios de elusión que favorecen a personas de mayores ingresos, como ocurre, por ejemplo, con la renta presunta.

Una segunda crítica es que un sistema integrado favorece a las grandes empresas y no a las pymes. Esa mirada tiene un error fundamental. La teoría y la evidencia es que solo las personas pagan impuestos, siempre. En el caso del impuesto a las empresas, la mejor evidencia hasta ahora es que ese impuesto recae fundamentalmente sobre sus dueños.

Por eso, lo relevante es considerar quiénes son los dueños de las empresas y no su tamaño. Hay muchas empresas grandes que tienen socios minoritarios con ingresos bajos, como personas jubiladas que tienen unas pocas acciones, por ejemplo. Esas personas se ven perjudicadas fuertemente con la desintegración. Por lo anterior, nuevamente podemos afirmar que el sistema integrado es un gran paso hacia la equidad con progresividad.

Revisemos conceptualmente lo que hay detrás de un sistema integrado. Un sistema integrado consiste en que los impuestos pagados por una empresa se reconocen cuando el dueño de la empresa paga sus impuestos personales. Por ejemplo, si una empresa tuvo utilidades de 1.000 y pagó 250 en impuestos de Primera Categoría, cuando el dueño pague sus impuestos personales en el impuesto Global Complementario, se le reconocerán como pagados esos 250. Entonces, si el dueño tiene que pagar 300, pagará solo 50, porque 250 ya fueron pagados en la empresa.

El resultado final es que una persona paga la tasa que le corresponde de acuerdo a sus ingresos y, por eso, la integración tributaria es una condición necesaria para que exista equidad tributaria horizontal, es decir, que dos personas que tienen los mismos ingresos paguen los mismos impuestos, independiente de la fuente de esos ingresos.

Por el contrario, si hay desintegración tributaria, no se reconocen como pagados los impuestos que ya pagó la empresa. En este caso, al mismo dueño anterior, si tiene que pagar 300 en el impuesto Global Complementario, no se le reconocerán los 250 ya pagados y terminará pagando en total 550. Es decir, pagará más impuestos que lo que le corresponde de acuerdo a sus ingresos.

Es así como la desintegración tributaria puede generar inequidades muy grandes, especialmente en los tramos de menores ingresos. Por ejemplo, el dueño de una pyme que gana $ 500 mil mensuales en su empresa, pagaría $ 100 mil al mes en impuestos si el impuesto a las utilidades es de 20%. En un sistema integrado, se le reconocería lo pagado en su pyme y, por eso, cuando tenga que pagar el impuesto Global

Complementario, se le devolvería todo lo pagado y su tasa final de impuestos sería cero, que es lo que corresponde dados sus ingresos. En un sistema desintegrado no se le devolvería nada y pagaría 20% de sus ingresos en impuestos, a pesar de estar exento.

Por todo lo anterior, aplaudimos la integración total, ya que tener un sistema no integrado no es el instrumento adecuado para lograr progresividad; equivale a usar un serrucho en vez de un martillo para clavar un clavo.

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