Cómo las empresas se hacen cargo de los gases de efecto invernadero

Mejorar la eficiencia de sus procesos productivos, establecer nuevos mecanismos de medición y verificación, además de fijar un foco en la economía circular, son las principales medidas que han tomado las compañías que se destacan en la materia.


El cambio climático y los efectos de los gases de efecto invernadero (GEI) ya no son ajenos a las empresas, pues algunas de estas están tomando medidas para enfrentar este problema y mejorar su relación con el entorno. Perfeccionar procesos productivos, establecer nuevos mecanismos de medición y un foco en la economía circular, son las claves de su estrategia.

Según estadísticas del Ministerio de Medio Ambiente, los gases de efecto invernadero en el país han aumentado un 113% desde 1990 a la fecha. Por otra parte, el estudio The Global Carbon Project concluyó que durante el 2018 las emisiones de dióxido de carbono alcanzaron 37,1 gigatoneladas, lo que equivale a un 2.7% más que en 2017.

Ateniendo a esta realidad, algunas empresas han decidido tomar medidas al respecto. Por ejemplo, desde hace más de 15 años Colbún viene desarrollando un modelo de gestión de cambio climático que busca mantener un mix de generación bajo en CO2, junto con detectar los principales riesgos y las oportunidades vinculadas a esta temática.

Este modelo se apalanca en cinco ejes principales: Establecer un precio interno al carbono; el desarrollo de un portafolio de proyectos que generan bonos de este elemento; la medición, verificación y reporte internacional de su rastro, la promoción de iniciativas que busquen medir, reducir y neutralizar su propia huella; y por último, la participación activa en la discusión público-privada respecto a este tema.

“A través de estos cinco ejes, esta estrategia nos ha permitido alinearnos con la meta que tenemos a nivel corporativo, y que busca mantener el factor de emisión de CO2 de Colbún por debajo del factor de emisión promedio del Sistema Eléctrico Nacional (tonCO2e/MWh), de manera de ser un aporte tangible a la sustentabilidad de la matriz energética”, explica Cristián Mosella, Gerente de Innovación y Cambio Climático de Colbún.

Hoy, esta empresa suma cinco centrales acreditadas para emitir bonos de carbono. De cara al futuro, Colbún se propuso incorporar más energías renovables a su matriz (solar y eólica), hasta llegar a los 4.000 MW al 2030. “El desafío es transitar desde un modelo económico lineal a uno circular”, dice Mosella.

Colbún no es la única empresa que ha presentado avances en ese sentido. Hace cuatro años, Falabella se incorporó voluntariamente al programa “Huella Chile” para medir el alcance de su rastro de carbono. De esta manera, durante este año se plantearon catastrar al 100% de sus tiendas, además de los centros de distribución y su propio edificio corporativo.

Falabella también desea potenciar su estrategia de reducción y neutralización de emisiones en 2019, la que ya ha presentado avances. Desde el 2017 incorporaron el uso de energías renovables y a la fecha, un 40% de sus tiendas se abastecen con este recurso.

“La política es incorporar todas las nuevas tiendas a este tipo de energías. Con ello, disminuiremos aún más la emisión de decenas de miles de toneladas de CO2”, asegura Pamela Lagos, gerente de Gestión de Sostenibilidad de Falabella Retail.

En ese sentido, Lagos asegura que es fundamental “transmitir, en un lenguaje práctico, a nuestros clientes la importancia de implementar proyectos que ayuden a mitigar el impacto del cambio climático”.

CCU es otra de las empresas que tiene su foco puesto en la disminución de sus gases de efecto invernadero. Para lograrlo, está abordando este desafío desde tres dimensiones: Continuar implementado, por medio de la metodología TPM, la eficiencia de procesos productivos; considerar variables de eficiencia eléctrica y/o térmica, en las decisiones de renovación de procesos o equipamientos; e implementar proyectos específicos, tales como el uso de energías renovables, tanto interna como externamente.

“Hemos alcanzando tempranamente los objetivos para el 2020, que nos habíamos propuesto en 2010, y ya estamos trabajando en la elaboración de nuevas y desafiantes metas para el año 2030, en sintonía con los objetivos que tiene el país de reducir la huella de estos gases”, destaca Carlos Pulgar, subgerente de Medioambiente de CCU.

De cara al futuro, desde la compañía señalan que es importante reforzar las capacitaciones para inducir el cambio cultural que se requiere para abordar el desafío. “Es necesario contar con la disponibilidad técnica y económica que permita desarrollar e implementar proyectos de generación de energías renovables, de forma de hacerlos y mantenerlos disponibles en las distintas ubicaciones geográficas de nuestras instalaciones industriales y logísticas”, dice Pulgar.

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