Nueva realidad fiscal, nuevos desafíos

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La eliminación de este subsidio puede hacerse en etapas y en un período prolongado, para que no resulte en un elemento contractivo en un ciclo de bajo crecimiento.




En el actual contexto político y luego de casi tres meses de comenzado el estallido social es claro que el Estado deberá entregar de manera permanente beneficios adicionales a la población. Para su financiamiento se requiere tomar medidas - políticamente costosas - que aumenten la carga tributaria. No hacerlo sería irresponsable. Alcanzar un desarrollo sostenible requerirá de sacrificios y compromisos de políticos, empresarios y contribuyentes, entre otros.

Las autoridades deberán considerar alzas de tributos, reasignaciones de gastos y eliminaciones de exenciones tributarias. En el último caso debiera estudiarse eliminar el subsidio que tiene el diésel, cuyo gravamen específico es la cuarta parte del de la bencina (1,5 UTM versus 6 UTM por m3). La razón de igualar estos impuestos no es sólo recaudatoria - en régimen podría recaudarse más del 50% de lo que busca recaudar la reforma tributaria presentada por el gobierno - sino porque, además, se estaría corrigiendo una dañina distorsión. Los vehículos de carga y transporte generan mayores externalidades negativas en términos de congestión vehicular, contaminación y destrucción de las rutas - misma razón por la que deben pagar un mayor peaje. Es de toda lógica entonces que paguen más y no menos impuestos.

La eliminación de este subsidio puede hacerse en etapas y en un período prolongado, para que no resulte en un elemento contractivo en un ciclo de bajo crecimiento. En una primera etapa se puede implementar alzas sucesivas y separadas en el tiempo del impuesto al diésel, hasta igualarlo con el de la bencina. Debe considerarse también los efectos sobre el costo del transporte público, lo que requerirá de mayores subsidios para evitar alzas de tarifas.

El impacto será menor para las Pymes, porque a las empresas de transporte se les devuelve el impuesto pagado - hasta en un 80% - en proporción inversa a sus ventas. Una vez igualados los tributos y dado un tiempo razonable para que las empresas se ajusten - y la economía haya retomado una senda de mayor crecimiento - puede iniciarse una segunda etapa donde, también en etapas, se vaya reduciendo el porcentaje de devolución del impuesto.

En días previos las autoridades políticas anunciaron medidas para condonar deudas impagas y eventualmente otorgar un trato preferencial (de cargo de las concesionarias) por TAG a buses y camiones. Es hora que éstas tomen decisiones que, aun siendo costosas, son las correctas y que los empresarios del sector se sumen al esfuerzo necesario para alcanzar un desarrollo sostenible.

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