Óscar Landerretche: "No he visto pasos decididos de la izquierda democrática para generar gobernabilidad"

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El economista socialista dice que su sector debe cooperar para lograr un acuerdo amplio que permita "la necesaria acción represiva contra vándalos y delincuentes". Si esto no ocurre, advierte, "la noticia que les tengo (...) es que la respuesta será autoritaria" y que serán los sectores más pobres quienes sufrirán. El académico de la U. de Chile es partidario de una asamblea constituyente 100% electa y de una estrategia de desarrollo.


Crítico del rol que ha jugado su sector, la izquierda, en la crisis social, se encuentra el economista y figura del Partido Socialista (PS) Óscar Landerretche. Los ya 44 días que se cumplen no lo tienen optimista al también académico de la Facultad de Economía de la Universidad de Chile. "La historia indica que van a predominar las fuerzas destructivas", pero no por eso "no voy a contribuir todo lo que pueda para que las cosas salgan bien, pero no puedo estar optimista", sostiene.

La crisis social ya lleva un mes y medio aproximadamente, ¿cuál es su diagnóstico de por qué llegamos a esta situación límite?

-En los últimos años hubo un conjunto de cambios en las condiciones de vida económica y social de las personas, que son súper irruptoras y que han ocurrido en distintos momentos de la historia, como el alza que se produjo en distintos productos, como el agua, electricidad, el transporte. Pero también había deterioro en las condiciones de seguridad de las personas; seguridad en sus empleos, mayor informalidad por la entrada de las plataformas digitales que precarizaban el mercado laboral. Además, había un grado de incertidumbre por la llegada de los inmigrantes, había empezado a ocurrir la sustitución de trabajadores por máquinas. El gobierno de Sebastián Piñera había comenzado con un discurso de los tiempos mejores, pero claramente eso no estaba llegando. Había un conjunto de cosas y si a eso le sumamos que las instituciones estaban destruidas: la Iglesia, los carabineros, los juzgados, la gente se sentía sola.

El factor crecimiento, ¿qué rol ha jugado en esta crisis social?

-Es un factor. Las dos variables que discutimos son equidad y crecimiento, porque la mayor parte de los chilenos queremos vivir en un país más próspero y justo, pero si uno mira el desempeño de la economía chilena en esos dos planos, Chile había logrado ir lentamente mejorando la equidad con crecimiento. Eso hasta el segundo gobierno de Michelle Bachelet y que ha continuado en este gobierno.

¿Y eso empezó a pasar la cuenta?

-En los dos últimos gobiernos, el crecimiento empezó a ser mucho menor y la caída de la desigualdad fue más lenta, pero a ese factor se suma un comportamiento de la élite nacional que hace visible la desigualdad, no solo en lo económico, sino que en lo ético, en el abuso, donde se pasa a llevar a la gente. Hubo un conjunto de hechos que han sido muy notorios, ejecutivos castigados con clases de ética, el financiamiento ilegal de la política, donde no hubo mucho castigo. La gente se dio cuenta y ahí fallaron todas las instituciones.

El gobierno y la clase política han buscado acuerdos para salir adelante. Sin embargo, a la luz de los hechos, ni la agenda social ni el anuncio de una nueva Constitución han logrado detener las manifestaciones, ni tampoco los actos de violencia y delincuencia. ¿Cómo salimos de esta situación?

-Hay que hacer una gran diferencia entre lo que se hace en el corto y en el largo plazo. Hay una situación de emergencia y, en ese sentido, lo anunciado por el gobierno va en la dirección correcta: el calendario constituyente es positivo, la agenda social va por buen camino, pero tiene que ser mucho más agresiva que la actual. El tercer eje, que es el acuerdo por la paz, está medio débil.

¿Por qué?

-Tiene que haber un acuerdo político amplio, que le dé gobernabilidad democrática a la necesaria acción represiva contra los vándalos y delincuentes, que se están aprovechando de las manifestaciones políticas pacíficas y justas para apropiarse de la ciudad y los barrios. Y esto no se va a hacer si no es con policías. La izquierda tiene su responsabilidad en generar las condiciones políticas y los acuerdos con el gobierno y con la policía para que exista una forma de respaldarlos, porque tienen que terminar haciéndolo. Si esto no ocurre, la noticia que les tengo, y lo digo como profesor de historia económica, es que la respuesta será autoritaria. Eso ha ocurrido miles de veces, y en especial en América Latina. Serán los ciudadanos más pobres los que sufrirán y la izquierda será quien pierda, eso lo garantizo.

Y en este rol, ¿cómo ha visto a su partido, el PS?

-No voy a individualizar, porque cuando eso pasa uno genera la necesidad de que otra gente responda. No está el momento para ese tipo de códigos de farándula, al que le caiga el guante que se lo aguante. Pero no he visto pasos decididos de la izquierda democrática para generar gobernabilidad a la policía para generar el proceso de reformas que les dé sustento político a los cambios. Sin eso, no hay manera de administrar el corto plazo.

¿Cómo se logra este cambio, considerando que hay dos informes que dicen que se han violado los derechos humanos?

-El proceso de paz de Irlanda del Norte incluyó la Comisión Patten, que entregó un reporte en 1999 sobre el funcionamiento y doctrina de la policía, ya que tanto los ingleses como los irlandeses se daban cuenta de que la policía estaba funcionando como aparato represivo y no como una institución que servía para una democracia. Con ese informe se hicieron dos reformas: 2000 y 2003. Cuando se implementaron cambió completamente la policía. En Chile tenemos que hacer algo parecido. Tomará tiempo, pero tiene que ser pactado para que la izquierda pueda, en función de este proceso, respaldar el actuar de la policía hoy. Para que la policía deje de cometer los atropellos a los derechos humanos, en el corto plazo, tienen que pactarse compromisos protocolares que den garantías de que cuando se usa la fuerza represiva contra vándalos, delincuentes, narcotraficantes, se haga respetando los derechos humanos y civiles, pero también entendiendo, y eso tiene que entenderlo la izquierda, que algunos de estos grupos van a tener que ser reprimidos con algún tipo de fuerza. Eso es así, no entenderlo es querer hacerse el leso.

Usted habló de una izquierda democrática, ¿hay una que no lo es en el Congreso?

-Lamentablemente, hay sectores en la izquierda que les ha seducido la idea de derrocar al Presidente Piñera. Lo han dicho explícitamente, y eso es extremadamente equivocado. Les seduce la idea de que el proceso de cambio constitucional no sea por la vía institucional. Les seduce un cambio revolucionario, pero esos sectores están profundamente equivocados.

Y en ese sentido, ¿qué llamado le haría usted a la izquierda?

-Como socialista chileno, estando aquí, en la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, al lado del monumento a los detenidos desaparecidos, y en la memoria dolorosa de la izquierda chilena, porque particularmente en el PS existió la figura de Carlos Altamirano, un dirigente político que hizo un llamado a combatir una guerra que él sabía que solo se podía perder. No asumió las consecuencias en términos de los fallecidos, ya que fueron otros, fueron jóvenes. Ojalá la izquierda no vuelva a cometer ese error, porque la historia será implacable con ello.

No se ve muy optimista de la situación actual.

-No estoy optimista. El ser un lector de historia no me ayuda. La historia indica que van a predominar las fuerzas destructivas. Es difícil estar optimista, pero no por eso no voy a contribuir todo lo que pueda para que las cosas salgan bien, pero no puedo estar optimista.

¿Cuánto tiempo más resiste el país así?

-Nos queda muy poco tiempo, porque la gente cuando se desespera por la anarquía, la violencia rápidamente cambia de estado de ánimo. La gente anda con miedo de perder su empleo, de que le destruyan su negocio, de no poder salir de la ciudad. Queda poco tiempo. Ya ha habido incidentes donde la gente se empieza agredir entre ella.

Dado el nuevo escenario, ¿mantiene su aspiración presidencial?

-No tiene ningún sentido hablar de eso y es poco probable después de estar constantemente cuestionando el actuar de mi propio sector político. Mala suerte.

¿Cuáles son las medidas de largo plazo que usted menciona y qué acción debería tomar la clase política?

-Dentro de los próximos 10 años se debe aumentar muy fuerte el gasto público, del orden de 5% del PIB. Los planes que acaba de aprobar el gobierno son solo un décimo de eso. Inevitablemente deberá ser financiado por mayores impuestos, y si logramos establecer que la economía funcione con un poco de crecimiento, pero durante muchos años será financiado con déficits fiscales importantes, del orden de 4%, 5% o 6% del PIB. Chile tiene espacio fiscal, además si los mercados internacionales perciben que ese déficit tiene un camino de solución y son parte de una estrategia de desarrollo, nos van a dar el beneficio de la duda, porque tienen confianza en Chile. La reforma tributaria va bien orientada, pero no hay dudas de que se deberá hacer otra en un par de años.

¿Y cuál es la estrategia que debe impulsar Chile?

-Tenemos que hacer lo mismo que han hecho los coreanos, los finlandeses, los singapurenses: que el Estado, las empresas, los sindicatos y las comunidades pacten procesos de inversión en los cuales haya un valor compartido de todos. Todos deben ser partícipes del proceso y, a la vez, que asuman compromisos. Eso requiere una relación distinta entre Estado y empresa. Pasa por encima del concepto de subsidiariedad del Estado. Es un plan de desarrollo productivo a 10 o 20 años. Estamos enfrentando una amenaza existencial a la sustentabilidad del proceso republicano y democrático chileno. Sin algo como esto, no creo que sea posible avanzar.

¿Cómo ha visto al Presidente en esta crisis?

-Sus acciones se han visto un poco forzadas. Se nota que ha sido muy obligado por los componentes más jóvenes de su gabinete. Los ministros Briones, Blumel y Rubilar han jugado un rol importante, pero al Presidente lo siento como que nada de lo que hace es por convicción. Debería dar un giro y actuar como estadista, él debe ponerse a cargo de esto. Asumirá algunos costos, pero tiene dos años para sanearlos.

En cuanto al procedimiento del cambio constitucional, ¿cuál es la opción que elegiría: convención constituyente o convención mixta?

-Soy partidario de la asamblea constituyente 100% electa, y que haya muchas mayores facilidades para los independientes. Soy partidario de generar mecanismos para incluir lo más posible paridad de género. Soy partidario que exista un distrito especial para las zonas originarias.

Hay preocupación en el sector empresarial respecto del derecho de propiedad privada y del rol del Estado.

-Hay que bajarles la ansiedad a mis amigos los liberales y del empresariado, de que es el fin del mundo si aparece en una Constitución un conjunto de derechos sociales establecidos como garantía. El mundo está lleno de constituciones que declaran derechos que no se cumplen. Parte del rol de las constituciones es declarar las intenciones que tiene un proyecto republicano.

Otro de los cuestionamientos que se ha escuchado desde el PC y desde la Mesa de Unidad Nacional es que el alto quórum impedirá realizar cambios. ¿Cuál es su visión al respecto?

-Me parece bien los 2/3 para los cambios constitucionales con hoja en blanco. El argumento de que no es democrático y que 3/5 sí lo es, me parece que es un poco forzado. 2/3 es 66% y 3/5 es 60%; o sea, la democracia se juega en un 6%. Eso me parece que es un poco forzado.

Para los economistas una de las preocupaciones es que se cambie la autonomía del Banco Central.

-No le tengo ningún miedo a la asamblea constituyente. Y qué pasa si el Banco Central no está en la Constitución, está lleno de bancos centrales que no lo están y son independientes. No pasa nada. Tengámosles confía a los chilenos, la mayoría aprobará cosas razonables y moderadas.

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