Presidente de Sonda: “Con la IA son cada vez menos útiles las personas autómatas, necesitamos personas más integrales”
José Orlandini es un optimista de las oportunidades que genera la inteligencia artificial para el avance de las personas y las empresas. Admite que trabajos como el de la programación se reducirán drásticamente, pero también que se crearán otros, para personas que sepan de ciencia. Y de humanidades. Eso sí, cree que Elon Musk está equivocado al anticipar el fin del dinero en 10 años gracias a la IA. "Yo creo que la IA va a tener que ser regulada", opina.
La Inteligencia Artificial (IA) está en boca de todos. Por sus oportunidades, pero también por sus riesgos. A algunos les entusiasma, otros le temen. Más aún cuando gurús de la tecnología como el hombre más rico del mundo, Elon Musk, hace atrevidas predicciones como que la IA va a superar por mucho la inteligencia humana en todo aspecto o que producto de ella, habrá tanta abundancia de bienes en el mundo que el dinero no tendrá sentido.
Dado su nivel de economía media, Chile está lejos de la vanguardia en el desarrollo de motores de IA, pero ¿cuán avanzados estamos en su utilización?
José Orlandini es presidente de la principal empresa tecnológica del país y una de las más grandes de América Latina, Sonda, y, como tal, está obligado no sólo a subirse sino a navegar en la ola de la IA, a entenderla, dominarla y aplicarla para sus clientes.
Él está más del lado de los optimistas que de los catastrofistas. Aunque admite que falta mucho en la masificación de su uso, sobre todo en las empresas. Según la encuesta Tech Trends de Sonda revelada en julio, el 88% de sus clientes empresas declararon usar IA -hace un año era el 16%-, pero donde un 40% está recién explorando o desarrollando pilotos, un 30% la aplica en algunos procesos, un 13% la tiene instalada como eje estratégico de su operación y solo 5% la ha integrado de forma transversal en toda su operación.
De hecho, en la mayoría de las empresas, cuenta Orlandini, el uso de IA está centrado en la gerencia general o el directorio, y principalmente como herramienta básica, para una traducción o una presentación.
“En general, el uso de inteligencia artificial en América Latina es bien parecido. Es muy difundido, pero en usos básicos: es decir, para mejorar un documento o para un PowerPoint. Son cosas útiles, pero no cambian la forma de hacer negocios a las empresas”, remarca.
¿Cómo entonces hacerla más masiva o más productiva?
-Nuestro discurso es industrializar la IA. Y ahí lo mejor es poner ejemplos, pues cada industria tiene problemas diferentes que no son tan traspasables de una a otra. En forma interna, por ejemplo, tenemos un data center grande, donde los clientes ponen sus servidoresy nos encargan que los cuidemos; entonces, si se llena la memoria, hay que borrar algo, o si fallan las comunicaciones, hay que crear una comunicación alternativa. Hoy el 60% de esos incidentes los detecta la IA y los resuelve. También aquí para programar, para generar códigos, que es de las cosas en que más se usa la IA en el mundo, hoy nos ahorramos el 40% respecto a un año y medio.
¿Ahorro en costo económico?
-Sí, porque se bajan las horas. Pero la IA tiene un costo que no deja de ser relevante y que, para uso profesional, se paga en lo que se llama tokens: cierta cantidad de palabras o caracteres que responde la IA. Pero sumando todo esto, nos ahorramos 40%. Es más, hemos usado la IA para ganar más propuestas y nuestros equipos de desarrollo no han disminuido sino aumentado, porque siendo más eficientes, logras ganar más cosas.
¿Qué contratos, por ejemplo?
-Codelco nos contrató para desarrollar agentes (software de IA dedicado a una tarea) que le permitieran automatizar procesos administrativos, como los análisis de contratos o de cumplimientos de contratistas. Ya tenemos en operación más de 100 agentes que les permiten ahorrar muchísimas horas. Otro caso contingente es la detección de fraudes en licencias médicas: lo hacemos desde hace dos años y ahora con IA. Entregamos mensualmente a Fonasa un informe con todos los sospechosos de fraude. La IA busca patrones que uno no se imagina: o sea, antes era cuando un médico entregaba 100 licencias en un día, pero ahora la IA hace otras asociaciones: por ejemplo, a un médico con un laboratorio.
¿Algún otro ejemplo de uso más público?
-El reconocimiento automático de alimentos en la balanza de los supermercados: pones la palta en la balanza y te reconoce que es una palta, no una manzana ni un pan, y si es para hoy, para mañana o para la semana. Tiene ventajas para el público, porque es más cómodo, y para el supermercado, pues el motivo por el cual se empezó a usar no fue por comodidad, sino para evitar robo, porque la gente tomaba un filete y lo pesaba como una palta. Ahora, yo creo que en dos años esa va a ser la forma en que todos vamos a comprar.
Ni el Papa ni Musk
¿Qué podemos esperar con el avance de la IA en un plazo corto? Elon Musk dijo a The Economist que en 10 años no se va a necesitar el dinero, ¿se ve un poco arriesgado?
-Elon Musk es un referente, es fuerte contradecirlo, pero yo creo que está equivocado. Es que de la IA se dice tanto: hay una encíclica del Papa (León XIV), que analiza los puntos de riesgo más que la utilidad, o el jefe de la CIA, John Ratcliffe, comparó a la IA con armas nucleares digitales. También es una exageración. O sea, ninguno de los dos extremos es válido: ni son armas digitales, ni es tan buena que se va a acabar la economía.
Entonces, ¿para qué va a servir la IA, efectivamente?
-La IA va a encontrar nichos en los cuales va a ser muy efectiva. Y, probablemente, otros donde no tanto, por lo que su incorporación va a ser mucho más lenta. En lo que obviamente es efectiva es, por ejemplo, en el desarrollo de software.
¿Eso significa que los ingenieros en computación o los programadores se van a quedar sin trabajo?
-El trabajo está cambiando. Y efectivamente, estas cosas hacen que algunas personas se queden sin el trabajo rutinario que tenían. Pero si queremos hacer una aplicación para cualquier cosa, la idea de qué hacer no lo hace la IA, necesitas a un ingeniero que sea capaz de racionalizar lo que quieres hacer. Después, para programarlo, el tipo que estaba todo el día programando, efectivamente va a desaparecer o va a disminuir drásticamente.
Ha habido una controversia en Chile respecto al énfasis que este gobierno le ha dado, en cuanto a becas y programas, a la ingeniería y matemática por sobre las humanidades, y lo han justificado con el avance de la IA. ¿Qué va a requerir la IA?
-Se requiere gente con más criterio. Y eso probablemente incluye a las humanidades. La IA está haciendo que cada vez sean menos útiles las personas que son autómatas y solo programan lo que alguien les dice. Vamos a necesitar personas más integrales, que sean capaces de definir la aplicación, de saber para qué lo vamos a hacer, qué puede ser un negocio y qué no, qué puede ayudar a la gente y qué no. Si quieres llamarlo humanidades, entonces probablemente sí se necesitan humanidades. Pero lo que sí estoy seguro es que se necesita gente con conocimiento más integral, que sea capaz no sólo de saber cómo programar, sino que para qué. La discusión política se ensucia un poco, porque ¿eso es humanidades o ciencias? Como totalmente dicotómico y esa dicotomía entre científico y humanista es medio falsa. Yo creo que se necesitan personas más integrales.
Como presidente de una empresa de tecnología, ¿le tiene miedo a la IA?
-No. Yo soy un optimista de la IA, creo que va a ser una oportunidad para nosotros, pero también va a ser una oportunidad para la humanidad. A la larga, va a mejorar la vida de las personas. Ahora, para esta empresa de tecnología, es una oportunidad de negocio importante. Facilita mucho la incorporación de tecnología, la hace más barata y eficiente. Y por lo tanto, nuestros negocios deberían aumentar en los tiempos que vienen.
Pero para algunas empresas puede no serlo.
-Hay algunas que sí se van a ver afectadas. Aquellas, por ejemplo, que lo único que hacían era programar softwares. Pero yo creo que el trabajo global aumenta, aunque eso no significa que hayan algunos afectados en el camino. En la revolución industrial, los que cosían pantalones uno a uno se vieron afectados, pero al final se generó más trabajo, porque se hicieron más pantalones en las fábricas.
Le pregunto por el temor a que la IA aprenden por sí mismas y superan controles. Esto genera incertidumbre respecto a lo que puedan hacer. Algunos ya creen que va a superar a la raza humana. Musk lo desliza.
-Yo creo que la IA no nos va a dominar. Ahora, como toda tecnología, se puede usar para cosas malas. Hoy un hacker está usando IA para atacar servidores de bancos, Y cuando llegó internet y las redes sociales, se usó para la pedofilia. Pero esa misma tecnología nos ha ayudado muchísimo.
¿La IA debe ser regulada?
-Yo creo que la IA va a tener que ser regulada. Uno de los riesgos mayores es que no logremos reconocer cuándo es IA y cuándo no, o que no logremos reaccionar en educación. O sea, hoy día los profesores universitarios no saben cuándo la tarea la hizo la IA o el alumno.
Muy lejos de EEUU y China
¿Cuán lejos estamos desde América Latina o Chile respecto al avance de la IA en Estados Unidos o China?
-La respuesta la separo en dos. En general, motores de inteligencia artificial, o sea, si en Chile quisiéramos competirle a ChatGPT o Gemini, estamos a infinitos pasos, porque se necesita mucha gente y mucha plata. Pero en el uso de ChatGPT o Gemini, estamos a la par que cualquier empresa mundial. Esa es la gran ventaja que tiene la IA: el que paga su token tiene acceso a lo que quiere, salvo algunas restricciones de Estados Unidos, pero más por sus guerras que por otra cosa.
¿Cómo se ve el avance de los motores de IA en China?
-China y EE.UU. están bastante a la par en generación de IA. En EE.UU. las empresas son las que tienen la capacidad económica y en China es el gobierno. Y hay algunos algoritmos que han salido de China que hoy día se analizan que son mejores que los últimos de EE.UU. Esto va a ser una carrera permanente. Van a estar los dos invirtiendo mucho hasta que va a llegar un momento en que se va a homologar y la tecnología china va a ser similar a la americana.
América Latina tiene una mirada solamente receptora de la IA. ¿Es probable ver desarrollo en la región que sea un contrapeso, incluso geoestratégico, a las dos grandes potencias?
-No creo que podamos ser contrapeso en América Latina. Lo que sí podemos hacer en Chile y la región son aplicaciones que hagan un muy buen uso de la IA y logren ventajas, como lo hizo Cornershop, que generó una idea de negocio genial con una app de e-commerce. Pero no generar motores de IA, no en los próximos diez años, porque la capacidad de procesamiento que se requiere es alta y son muchos recursos.
El plan para el repunte de Sonda y los proyectos adjudicados
El 27 de julio, Sonda reveló sus resultados al primer semestre, que mostraron una mejoría en su rendimiento respecto al año anterior. Sus ingresos crecieron un 10%, a US$792 millones, pero sus utilidades, aunque subieron, solo sumaron US$11 millones. El Ebitda alcanzó a US$ 64 millones. Su acción, tras alcanzar un máximo de $445 a mediados de 2023, ha fluctuado en torno a los $300 casi todo este año, sin indicios de despegue.
“El precio de la acción está impactado por varios aspectos. Uno, nuestros márgenes efectivamente no han sido tan altos, pese a que mejoraron, y esperamos que a futuro mejoren. Pero lo que tiene más impacto es su profundidad, es decir, se transa muy poco”, explica Orlandini. “Y a eso se suma que en comparación con otros mercados, Chile está bien castigado”, añade. “La única posibilidad que vemos de mejorar el precio es mejorando las utilidades”, puntualiza.
En mayo Sonda aprobó su primer aumento de capital en 14 años por US$55 millones, equivalente al 20% de sus acciones, para financiar su línea de proyectos 2026-27. Más oferta de acciones mejorará la liquidez.
Un informe de una corredora decía que Sonda valdría más sin su operación en Brasil...
-No estamos de acuerdo con operarnos de Brasil, sentimos que tiene futuro. Los márgenes en Brasil son más bajos que en muchas otras operaciones, pero tenemos muy buenas proyecciones, buenos proyectos y estamos apostando a mejorar los márgenes, más que a salirnos. Nos costó muchos años llegar adonde estamos en Brasil y ahora esperamos recuperar los frutos en pocos años.
Orlandini cuenta que este interés por mejorar resultados está centrado en un plan estratégico de tres componentes: servicios de mayor valor agregado, como IA o ciberseguridad; mayor eficiencia, y grandes proyectos.
Dentro del último foco de su plan, Orlandini enumera los últimos grandes contratos que se han adjudicado.
En Chile, junto a la francesa Ineo, en el consorcio Novamobility, se adjudicaron un proyecto de 12 años del Ministerio de Transportes de mejoría en la regularidad de los buses del sistema Red Movilidad de Santiago, con sistemas de optimización de asignación, tiempos de espera y comunicación en tiempo real con el usuario, que incluye paraderos inteligentes. La inversión es de US$150 millones.
También están trabajando en un proyecto de tobilleras electrónicas para Gendarmería, que se ajudicó en 2025, pero se firmó este año, que pretende cambiar el sistema de monitoreo telemático de condenados y personas sujetas a control, que, según registros públicos, es de US$70 millones.
En Copiapó instalarán un sistema de luminarias inteligentes, de alumbrado público y comunicación, por US$15 millones.
Dentro de los destacados del extranjero, en Guatemala se adjudicaron el sistema de pago del teleférico urbano integrado con la red de transporte público, del orden de los US$15 millones de inversión.
En Río de Janeiro ganaron la gestión de buses y paraderos de Movirío, un sistema de buses en vías segregadas.
En México, trabajan junto a Siemens en el sistema de señalización y comunicación de la línea de ferrocarril México DF-Irapuato, de unos 500 kilómetros.
Y en Perú, en un contrato de US$15 millones, realizarán un sistema de alerta temprana para la prevención del crimen en la ciudad norteña de San Martín, que inunda de cámaras y con IA se analizan patrones que permiten anticipar la ocurrencia de delitos.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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