Sergio Undurraga: “Pensar que el modelo Chicago se puede vender como empanadas no tiene mucho sentido”

Para uno de los autores de el Ladrillo, la aplicación en Brasil de un programa de reformas similar a Chile no será tarea fácil y apunta a gradualidad. En el terreno previsional, apuesta por incentivos tributarios para que los brasileños se decidan por ahorrar en forma independiente.


“Los Chicago boys salvaron a Chile, arreglaron a Chile, arreglaron el desastre”, declaró el nuevo ministro de Hacienda de Brasil, Paulo Guedes, en una reciente entrevista con Financial Times, para dejar en claro la receta a la que están mirando él y su jefe, el presidente electo Jair Bolsonaro, para que la mayor economía de América Latina pueda resucitar.

Guedes ha apuntado a reformas estructurales, como un nuevo sistema previsional similar al de Chile -aunque los trabajadores podrían elegir si permanecen en el actual-, un programa de privatizaciones y una apertura de la economía al exterior para revivir una economía a la que le ha costado sacudirse de su más profunda recesión en décadas, en medio de un creciente déficit fiscal y deuda pública y una alarmante corrupción.

¿Cuánto podrá avanzar en una línea de políticas similar a la de Chile tras el golpe del 11 de septiembre? “No es algo simple de ejecutar”, dice el empresario Sergio Undurraga, uno de los autores de El Ladrillo, el documento que sentó las bases de la política económica de la dictadura militar y del que se distribuyeron 200 ejemplares numerados la tercera semana de 1973.

“La situación era bien distinta. Chile estaba con una hiperinflación gigantesca, había problemas de desabastecimiento, el Banco Central no tenía reservas, los préstamos no se pagaban, o sea, una situación mucho más caótica de la que uno ve hoy día en Brasil. Ahora, ¿cómo van a hacer o qué es lo que pueden hacer? La principal dificultad que veo es cómo van a enfocarlo y cualquier cambio que quieran hacer, en cualquier sector, va a ser algo consensuado con algún grupo político interno y más bien va a ser una cosa paulatina”, señala.

Puede que Guedes -un doctorado en Economía en Chicago- quiera hacer todas las cosas de una vez, “pero juntar fuerzas políticas para cambiar la previsión, para cambiar el sistema financiero, para abrir la economía…, uno genera demasiados anticuerpos en muchos sectores y yo no lo veo fácil”, agrega Undurraga en su oficina en Ekonométrica.

Se estima que la deuda neta del sector público de Brasil alcanzará a 55% del PIB en 2018, con un déficit fiscal superior al 8%. En el último sondeo Focus, que realiza el Banco Central de ese país, los analistas estimaron que el PIB crecería 1,36% este año, mientras que la inflación se ubicaría en 3,71%.

En medio de la atomización política, la estructura federativa, el tamaño estatal, hemos visto hasta hace poco también protestas masivas con impacto político. ¿Es posible que tengamos un resultado que sea una experiencia nueva, distinta, que inspirada en el modelo chileno termine con un modelo brasileño democrático?

– Los países son distintos, tienen distintas estructuras sociales y obviamente pensar que el modelo Chicago se puede vender como las empanadas no tiene mucho sentido, tienen que adaptarse. Ahora, cómo lo pueden hacer, no lo sé, pero creo que abrir la economía brasileña parcialmente, por lo menos rebajar el nivel de protección que tiene, es algo que se puede hacer sin provocar grandes crisis.

La otra reforma importante de resolver es el problema del Banco Central, que funciona financiando al gobierno, entonces no tiene capacidad de autonomía real, aunque han avanzado bastante. O sea, han logrado controlar la inflación, tienen un nivel de reservas que les permite manejarse en un proceso de apertura al exterior y tienen bastante flexibilidad cambiaria, entonces eso permite una política monetaria, diría, que evite un des- cuadre de la economía. Pueden tener una política monetaria más bien cercana a las ortodoxas sin generar una tensión política demasiado extrema.

¿Aconsejaría terapia de shock o gradualidad?

– Lo que en Brasil pueden manejar sin necesidad de mayorías parlamentarias es la parte fiscal. Ahí pueden hacer un avance importante en reducir el déficit. Ahora, para hacer una reforma importante en el tema previsional, que dicen que es una de las causas principales de ese déficit, yo creo que tiene que haber un acuerdo político. Aparentemente, el actual presidente estaba cerca de llegar a algún tipo de acuerdo parlamentario que permitiera yo no sé si un cambio drástico, pero sí empezar a reformar el sistema previsional por etapas, porque ahora los sistemas previsionales no se pueden cambiar de cero. Creo que puede ser políticamente viable, pero toma tiempo el lograr acuerdos y que se puedan implementar.

Una cosa es cuando el sistema de capitalización individual para la jubilación es obligatorio y otra cuando a la gente se le pregunta si quieren seguir bajo el paraguas del Estado en un esquema de reparto…

– Pero uno puede hacer una cosa paralela, por ejemplo, crear incentivos para que la gente que ahorre en forma independiente tenga un mecanismo tributario que lo favorezca. Eso yo lo veo viable. Ahora, en estos temas la gente siempre mira el corto plazo y va postergando las decisiones de ahorro, y cuando llegas a empezar a ahorrar probablemente ya sea muy tarde.

Pero usualmente son los propios líderes políticos quienes alimentan bastante el corto plazo en sus campañas

– Totalmente. La política es de corto plazo. Los gobiernos cambian cada cuatro años.

Y también hay un tema de expectativas

– Claro, pero yo creo que, además, se puede avanzar, aunque no sé cuánto, por etapas en la parte previsional. Ahora, la privatización de empresas más que el monto que pueden recaudar, lo que pasa es que alivianan el manejo del Estado. Si para manejar 150 o 200 empresas hay que ser genio o tener una estructura como las grandes empresas mundiales y eso, lograrlo a través de la estructura estatal -en que los incentivos no son económicos, sino que son políticos- es una cosa que en ninguna parte del mundo se ha logrado bien, salvo algún país como Suecia.

Ahí tenemos una mezcla con impuestos muy elevados a las personas y las empresas

– Claro. Ahora yo creo que en Brasil en la parte tributaria también tienen un sistema muy complejo. Lo que he oído de chilenos que hacen negocios allá es que la parte de las leyes tributarias es extremadamente compleja y con tasas muy altas, entonces todos los incentivos para evadir, eludir, postergar, son gigantescos. Ahora, no sé en qué medida puedan ellos reformar esto, porque los temas tributarios son bien específicos de cada país y es difícil decir tienen que hacer esto o esto otro, pero si quieren reducir el déficit o bajan el gasto o suben impuestos, no hay otras recetas y no es una cuestión ideológica, es una cuestión práctica.

No me imagino una política de shock. Puede que digan que es una política de shock, pero no veo que la implementación la puedan hacer muy rápido. Y, de hecho, en Argentina el Presidente Mauricio Macri trató de hacer una cosa por etapas y “se le arrancó la moto” no más. Es distinto el caso de Brasil, porque puede manejar el tipo de cambio en forma mejor que en Argentina, donde la mitad de las cosas eran en dólares negros entonces tenías una economía dolarizada con una economía en pesos y, claro, la gente empezó a desconfiar del peso y se pasó al dólar de capitán a paje. Yo en Brasil eso no lo veo tan simple. Ahora, Brasil tiene problemas sociales complejos: el norte es una zona muy pobre, toda la parte de las favelas es una parte compleja y muy extendida, entonces tampoco es fácil y es necesario que el Estado haga más políticas sociales, pero muy focalizadas. Yo creo que en eso, dado el tamaño de Brasil, tienen que tener capacidad de ajuste en el sector público.

Como uno de los autores de El Ladrillo, ¿cómo siente que ha evolucionado la visión desde el exterior del modelo chileno?

– Mirado desde fuera es un país al que se le considera exitoso. Los chilenos somos muy criticones, pero mirado desde fuera este es un país que ha tenido un crecimiento económico bastante alto, mucho más alto que el promedio de América Latina, las políticas han sido bastante consistentes en el tiempo, Chile es una economía muy abierta, que también ha sido una cosa exitosa con dificultades, porque somos dependientes de las exportaciones, pero el nivel de bienestar y desarrollo que se ha logrado… De hecho, Chile era el décimo país de América Latina en ingreso per cápita y hoy día yo creo que es el primero. Y en términos de mediciones de bienestar y de modelo en la parte social también Chile tiene todos los mejores indicadores en América Latina.

¿Qué habría pasado con la aplicación del programa de El Ladrillo en democracia? ¿El éxito de su implementación pasa por un régimen autoritario y ahora se va a poner a prueba en una democracia como Brasil?

– Es la pregunta del millón de dólares, pero lo que pasó en Chile es que la crisis fue muy profunda y cuando llegas a esos extremos los países aguantan un montón de cosas. El gobierno militar partió con mala pata, porque subió el petróleo y bajó el cobre, entonces se le agudizó la crisis y estaban todos los bancos del mundo con cheques protestados. Entonces era muy complejo como tú partías de nuevo armando la economía. Además, la mayoría de las empresas que manejaba el Estado estaban intervenidas y la mayor parte ni siquiera era del Estado, sino que eran empresas privadas que habían sido intervenidas por el gobierno y manejadas con criterios absolutamente políticos y oportunistas. Era una situación que me imagino más parecida a la de Venezuela en esa época, no la de Brasil, que habría sido “papaya” para nosotros en ese entonces. Es difícil comparar y pensar cómo habría sido. Ahora, en el gobierno militar se cometieron errores en la implementación del programa, hubo dificultades dentro del gobierno para implementarlo, costó mucho partir con la contención del gasto público. ¡Si la inflación siguió rampante el primer y segundo año porque no había cómo hacer el ajuste!.

Si hubiera sido democrático probablemente habría sido más lento el proceso. Pero cuando hay una crisis desatada es difícil, cualquier cosa que hagas tú es dramática.

“Fue un programa económico para salir de una crisis y eso se transformó después en modelo”

Han pasado más de 40 años, ¿cuánto del modelo sigue actualmente vigente?

-Lo encuentro divertido, porque no sé quién le puso modelo, porque fue un programa económico para salir de una crisis y eso se transformó después en modelo. Pero el punto importante es que las bases de la economía de que haya libertad de trabajo, de que haya libertad de emprendimiento, de que puedas tener propiedad privada, son cosas fundamentales que se habían perdido en Chile y eso fue la base de cómo se reorganizó todo. Y yo creo que eso sigue vigente, con mucha gente que no le gusta, con muchas críticas, pero sigue vigente y va a seguir así. La segunda cosa, que fue una enseñanza para todos, es que para parar la inflación, que fue un desastre en el país y era un desastre para los pobres, había que tener ordenadas las finanzas públicas y de ahí se derivaba un Banco Central que fuera capaz de tener una política independiente de las presiones políticas del momento y eso se mantiene. La apertura al comercio exterior también Chile aprendió que era súper conveniente.

¿Y qué evaluación hace de la gestión bajo los gobiernos de la Concertación, la Nueva Mayoría y Chile Vamos?

-Yo creo que como en todas las cosas, en 40 años suceden muchos cambios, no solo en Chile, sino que en el mundo. En lo fundamental, las ideas matrices se han mantenido en los gobiernos con distintos énfasis y yo creo que eso ha sido bueno para el país y explica cómo estamos. Ahora, que hay sectores que no les gusta el modelo o quieren cambiarlo por otra estructura económica, que digan por qué lo quieren cambiar, porque aquí se critica mucho, pero ¿cuál es la alternativa real para un país chico, con poca población y niveles tecnológicos bastante medianos? La fórmula es una economía abierta, que sea eficiente y que esté tecnológicamente al día.

Si escribiera un El Ladrillo versión 2019, ¿qué medidas sugeriría? ¿Qué cambiaría?

-Creo que la economía de mercado es el mejor camino para tener desarrollo económico. Es muy importante la educación y que haya más énfasis en la educación técnica. Creo que lo que están haciendo los gobiernos de impulsar más tecnología y más ciencia en las universidades es algo que se necesita urgente y pienso que básicamente Chile va a seguir siendo un país chico y cada vez más chico. Y a los chilenos ni se nos ocurre. Entonces vamos a tener que tener una economía abierta, vamos a tener que ser competitivos con cualquier ideología, y si te sales de esa línea te trancas.

¿Cómo ve al Presidente Piñera?

-Creo que lo está haciendo bien. Obviamente, tiene todos los problemas que tiene manejar un gobierno, pero yo creo que las políticas básicas están en la dirección correcta. Ahora, pasar de crecer del 2% o el 1,5% al 4% y mantenerse en el 4% no es fácil. Lo que necesitamos es un tremendo esfuerzo de ahorro y de inversión, y eso no depende tanto del Presidente como de cada uno de los chilenos.

¿Qué piensa de que en Brasil se ha planteado reformar el sistema previsional con un modelo como el chileno y aquí existe un movimiento como No+AFP?

-En Chile yo creo que el sistema ha sido exitoso. Lo que pasa es que hemos ahorrado poco, porque dados los niveles de ingreso que ha tenido el país, si tú eres un trabajador común y corriente, te rebajan el 10% del sueldo o tienes que ahorrar el 10% del sueldo, es una cifra súper significativa, y si te dicen que para que esta cuestión funcione tienes que ahorrar el 20%, la persona dice mire, no. Uno de los errores importantes en el diseño fue establecer una edad de jubilación que en ese momento era muy razonable, pero nadie previó que hoy día la gente puede seguir trabajando 10 años más. Entonces este aumento de la longevidad te genera un vacío gigantesco de ahorro.

Ahora, sobre la administración de los fondos en Chile, cualquiera que sean los “pelambres” contra las AFP, la verdad es que lo han hecho súper bien. Si uno mira estadísticamente las rentabilidad que han acumulado los fondos de pensiones muestra que no es una administración mediocre, uno tiene una buena administración. No será top, porque tiene restricciones, pero es difícil sacar rentabilidades más altas a través de 30 o 40 años.

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