Cada 26 de enero, el Día Mundial de la Educación Ambiental nos desafía a reflexionar sobre una cuestión crucial para nuestro futuro: ¿cómo educar para vivir en armonía con el planeta? En Chile, este llamado resuena con una urgencia particular. Con una posición privilegiada para liderar la transición energética global, enfrentamos un desafío crítico: la falta de talento humano capacitado para convertir nuestras ventajas en oportunidades reales de desarrollo sostenible. En este contexto, la educación ambiental se convierte en mucho más que un componente pedagógico; es un pilar estratégico para abordar la crisis climática y fomentar una transformación productiva que integre sostenibilidad, innovación y progreso.
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