Música, ciencia y creatividad

04 de noviembre de 2017Claudio Hetz



Existe un punto en común entre la improvisación musical y la ciencia. Un espacio en el que ambas se unen y fluyen hasta revelar espacios inesperados, donde desafiamos paradigmas, tratando de mover el límite de lo conocido. Creo que esta convergencia en la forma de explorar y conocer nos ha permitido, como grupo científico, avanzar en nuestras investigaciones.

Mi interés por la música partió a los 15 años, cuando aprendí a tocar con una guitarra acústica, pero rápidamente me moví hacia la eléctrica y el uso de efectos y moduladores de todo tipo. Un compañero de curso del colegio, que ahora es músico profesional (José Luis Santander) me dio las primeras herramientas. Partí practicando bases de blues y escalas pentatónicas, muy utilizadas en este tipo de música para improvisar. Más que aprender partituras, me dejé llevar por la experimentación a través de la improvisación, con ella cultivé la capacidad de expresar ideas, imágenes, sensaciones a través de un lenguaje que superaba el de las palabras. En este camino recibí la influencia de distintas fuentes, como el rock más experimental y progresivo, con las escalas simétricas de Robert Fripp, además de sus métodos, que tienen juegos matemáticos en su composición, música creada a partir de repeticiones de compases en números primos y capas maquinales que generaban espontáneamente estados cercanos al trance. John Coltrane me mostró un sentido más conceptual de la música como instrumento casi religioso vinculado a su faceta más espiritual. También la música clásica más contemporánea de Stranvinsky o las composiciones en piano de Debussy y Ravel me mostraron el poder de la música y el uso de armonías más disonantes para transportarte hacia paisajes, contar historias, reflejar estados de ánimo, o simplemente maravillarte con la belleza de su complejidad.

De alguna forma, la música como la ciencia han sido para mí una exploración. Cuando se improvisa en la música, no sabes dónde vas a llegar, se combinan sonidos, acordes, armonías, ritmos. Partes con una idea y luego de 10 minutos terminas desarrollando algo que es inesperado. En este sentido, siempre trato de comunicar a mis alumnos la idea de que la ciencia no es solo un trabajo, sino que es una profesión que también tiene un componente clave de creatividad. Desafiar los paradigmas es una forma de hacer conexiones que no son obvias y eso requiere experimentación intelectual, volar y relacionar puntos en una forma inesperada. La música, sobre todo la improvisación, y la ciencia abren espacio a la exploración a través de la creatividad. Como científico, el arte en general, y la música en particular, ayudan a desarrollar esa mirada.

Por otro lado, la música ha sido una ruta de escape, sobre todo la energía del rock. Participo en muchos proyectos, colaborando con múltiples personas de distintas partes del mundo, una decena de laboratorios. Todo eso es una tensión constante a lo que se suma mi autoexigencia y obsesión por avanzar. La música me ha permitido resetear mi cerebro, escapar un poco de la realidad hacia espacios menos lógicos, más libres. Con La Nave, banda en la que participo, nos reunimos al menos una vez a la semana a ensayar, a improvisar, durante unas tres horas. Tocamos y mejoramos nuestras composiciones, pero también improvisamos mucho sin una definición previa. Sin decir palabras, dialogamos con nuestros instrumentos en un idioma más que nada rítmico. Lo interesante es que muchas veces, cuando otras personas escuchan esas improvisaciones, piensan que son melodías pensadas, ensayadas, porque no hay desorden. Cuando improvisas solo existe el presente y el pasado, pero algo ocurre a través de la matemática intrínseca de la música porque hay elementos que te permiten predecir lo que viene y reaccionas milimétricamente. Muchas veces los cambios de armonía o de intensidad suceden espontáneamente en el momento preciso, como si la lógica matemática fluyera en la música dibujando una ruta. Finalmente te muestra un lenguaje diferente para explorar, uno en que los parámetros de la lógica aristotélica no son tan útiles porque te limitan respecto a lo que puedes llegar a crear.

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