Nadie nos enseña a cuidar a nuestros hijos y tampoco a nuestras personas mayores

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Los avances de la medicina han logrado disminuir la mortalidad y aumentar la expectativa de vida, por lo que el envejecimiento es una realidad en todo el mundo. Actualmente en Chile, las personas mayores de 65 años o más alcanzan el 11,4% de la población, es decir, más de dos millones.

Se trata de un grupo etario muy diverso, donde algunos tienen una excelente salud y otros son totalmente dependientes del cuidado de otras personas, pero todos tienen ciertas cosas en común: estudiaron (poco o mucho), trabajaron, formaron familia (la mayoría), cuidaron a sus hijos y ahora viven la última etapa de sus vidas, donde, a mi parecer, deben disfrutar de todo lo que sembraron.

En este sentido, la familia tiene un rol fundamental. Como hijos, nietos o bisnietos, tenemos la hermosa posibilidad de compartir con nuestras personas mayores, de aprender de su experiencia y consejos, pero también es nuestra responsabilidad cuidarlos y brindarles la mejor calidad de vida de acuerdo a nuestras posibilidades.

Muchas veces con el afán de "cuidarlos", les decimos que se queden acostados, que no se levanten, que no salgan de la casa y esto es exactamente lo que NO debemos hacer, eso es un mensaje de inutilidad que tiene un gran impacto en su autoestima. Nuestro rol es fomentar la funcionalidad y la independencia, evitando los peligros asociados a la inmovilidad. Si necesitan ayuda para vestirse o para ponerse de pie, podemos brindársela, pero no debemos hacer las cosas por ellos. El mensaje siempre debe ser: "Usted puede hacerlo y, si le cuesta, yo le ayudo, pero primero intente hacerlo solo" (aunque se demore).

Uno de los pilares en la vida de nuestras personas mayores es su entorno social, sentirse parte importante de la dinámica familiar, no ser un "estorbo" o "molestar". Es fundamental que se sientan queridos, que estén acompañados, que sean integrados en las conversaciones, si escucha con dificultad háblenle lento, más fuerte, mirándolo a la cara y dándole tiempo para responder. Pregúntenles sobre su infancia, su juventud, sus fracasos y sus éxitos, jueguen con ellos a las cartas, dominó o lo que les guste, sonríanle, háganle cariño, abrásenlos y díganle que los quieren.

Nosotros tenemos la posibilidad de disfrutar a nuestros mayores (no la desaprovechemos), pero también tenemos la responsabilidad de cuidarlos de la mejor manera que podamos, con cariño y respeto.

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