¿Es el porno una forma de violencia contra la mujer?

Foto: Archivo

Recurrente fórmula de educación sexual en la que hombres y mujeres han aprendido sobre sexo. Aprendizaje que lleva a normalizar conductas violentas sexualmente, como la violación. Porque la pornografía no es solo fantasía, es violencia cultural, enfatizan expertas.


La primera semana de octubre se celebró el Salón Erótico de Barcelona, en España, actividad que para promocionarse lanzó un video que causó polémica. El motivo fue que se centraba en la falta de educación sexual actual que existe en la sociedad y presentaba además una reflexión sobre comportamientos machistas inculcado por industria pornográfica.

Un tema sensible en la sociedad española por el juicio a “La Manada”, el caso de violación grupal ocurrido en la celebración de San Fermín en el año 2016. “El porno más machista será la única clase de educación sexual a la que asistirá tu hijo o tu hija. Y mientras siga así seguiremos fabricando violadores en manada y acumulando minutos en silencio”, dice en el video la actriz Sílvia Rubí sobre las dinámicas machistas y vejatorias en sus representaciones de la sexualidad.

¿Cómo se vincula el porno con el machismo? La pornografía convencional, o el “porno machista”, como le llaman en el video, no es sólo fantasía, es violencia cultural, indica Camila Mella, socióloga de la U. de Chile y directora de contenidos de La Rebelión del Cuerpo. “Para resumirlo en una oración: el porno se relaciona con la violencia hacia las mujeres porque legitima la violencia hacia ellas”, aclara.

La pornografía es un modo de violencia machista, agrega Guila Sosman académica de la Facultad de Psicología UDP y psicóloga clínica perito-judicial, porque crea y perpetúa cierto estereotipos de la división de los roles sexuales de hombres y mujeres, “en los cuales los hombres aparecen como quienes deciden, muchas veces de manera unilateral cuándo, cómo y con quién tener relaciones sexuales, dejando a la mujer en un rol pasivo y de objeto sexual que está a disposición de los deseos masculinos”.

En ese escenario la mujer pasa a ser un objeto manipulable y que debe satisfacer las demandas masculinas. Además como aparece en el video, la pornografía facilita y mantiene que tanto hombres como mujeres naturalicen ideas erradas y estereotipadas de los distintos géneros, dice Sosman. “Una muestra de esto es que si la mujer tiene cierta vestimenta (escote, mini falda, etc.) implicaría necesariamente que la mujer desea tener relaciones sexuales o que está incitando a que esto ocurra. Algo similar pasaría con la idea de que está permitido tener relaciones sexuales con una  mujer que ha consumido alcohol, porque si está en ese estado  esta “buscando” que algún hombre la aborde para tener sexo”.

Por hombres y para hombres

En términos prácticos, explica Mella, la industria del porno es mayoritariamente manejada por hombres, tanto en el área de producción y dirección como de consumo. Y en términos de contenido, mayoritariamente, se retratan escenarios de subordinación femenina y dominación masculina. En este sentido, la importancia del consentimiento de la mujer estaría relegado a un segundo plano, explica la socióloga, “porque a través de le pornografía los hombres y mujeres han aprendido eso, lo que puede implicar que se justifique y normalicen conductas violentas sexualmente, como es la violación”.

Otro aspecto a tener en cuenta, indica Mella, es que la pornografía es más consumida por hombres que por mujeres, siendo a veces esta su principal fuente de información para su “educación sexual”. Dado lo anterior, “los hombres aprenden a relacionarse con el sexo opuesto de manera violenta y mecánica, sin tener en cuenta que ésta debe ser una relación de a dos en la que ambos consienten y están de acuerdo con que esto  ocurra. Asimismo la pornografía muestra las relaciones sexuales en general obviando las emociones  y la afectividad que son uno de los componentes a tener en cuenta”.

Sin embargo la narrativa que se presenta en esas producciones, no se limita solo en la industria del porno, también se filtra a otros campos. Por ejemplo, dice Mella, “en la publicidad de jeans con mujeres en topless, de bebidas alcohólicas con mujeres en bikini, o en frascos de perfume que emulan la silueta de la sex symbol de moda” .

Lo que se hace entonces, con esta retórica “convencional” del sexo, explica Mella, es que al ser uno de los principales motores del consumo, a la vez que refuerza el imaginario de que las mujeres siempre están disponibles para el placer masculino y que ahí radicaría su “valor” social.

“Erika Lust, una de las impulsoras del porno feminista, ya lo dijo en su charla TEDx del año 2014: “ya es hora que el porno cambie” porque “el porno machista es la única educación sexual que tus hijos/as reciben”. Poner el énfasis en lo violento de la pornografía convencional no es “perna”, “mojigata”, ni “censuradora”, es abogar por igualdad de género tanto “en pantalla” como en “la vida real”, sostiene la socióloga.

Video Salón Erótico de Barcelona:

 

 

 

 

 



Seguir leyendo