René Cortázar (DC): “Hay que hacer una reforma política de fondo no un maquillaje, entrar a picar como dicen los gasfíteres”

El exministro apuesta por cambiar el sistema electoral para terminar con el fraccionamiento y la bancada del 1%: “Acá está en juego si los próximos 30 años vamos dar un giro al optimismo o si vamos a tener unos próximos 30 años de enorme frustración”.




“Cuando me preguntan qué puedo aportar, digo que ‘cuando fui ministro de Trabajo al inicio de la transición hicimos los primeros acuerdos entre la CUT y los empresarios, que nunca se habían hecho; y después, cuando estuve con el Transantiago llegué a acuerdo para tener financiamiento y que no subieran las tarifas’. Sé de la artesanía de ir buscando entendimientos entre personas que piensan diferente y ese puede ser mi aporte: facilitar el construir entendimiento”. Así se presenta el ex ministro René Cortázar (DC) quien por primera vez decide emprender una aventura electoral.

¿Qué lo impulsó a este desafío con resultado incierto?

Estoy convencido que el país, en los últimos años y crecientemente, ha ido en una trayectoria hacia la mediocridad en materia de desarrollo y en muchos aspectos de la convivencia. Esto proviene de un deterioro de las reglas del juego cuya causa es la mala calidad de la política produciendo esa sensación de pesimismo, de estar frente a una situación que cada vez empeora más.

¿Por qué pasó aquello?

No es una coincidencia ni algo en lo que se pueda culpar a los dirigentes uno a uno sino que se deterioraron las reglas básicas del sistema político en su funcionamiento. El ejemplo más claro es la Cámara de Diputados, donde tenemos 15 partidos políticos cada uno para su santo. Entre 15 ¿quién se hace responsable de resolver los problemas del país? Tengo la convicción de que en la Convención lo que está en juego es muy similar a lo que ocurrió con la transición a la democracia y se requiere una reforma política de fondo.

¿Ese será su desafío si resulta electo constituyente?

La reforma política es la clave y hay que hacerla en la Constitución porque ésta fija las reglas. Está en juego, nada menos que, si los próximos 30 años vamos a salir adelante, dar vuelta la situación, dar un giro al optimismo o si la Convención sale mal, seguir en la mediocridad, deteriorarnos cada año un poquito más y tener unos próximos 30 años de enorme frustración.

¿De qué dependerá ello?

Lo clave es lograr un nuevo entendimiento, un Nuevo Pacto Social que sirva de base para el desarrollo y bienestar en los aspectos que importan a la gente. Eso dependerá de que haya dos tercios de esa Convención que concuerden una reforma política de fondo no un maquillaje, y eso supone entrar a picar como dicen los gasfíteres. Si eso no se corrige no hay salida. Hoy podríamos construir un acuerdo muy mayoritario, no vamos a tener una oportunidad como ésta en los próximos 30 años, no es como dejarla pasar y lo hacemos en 2023. No será así. La oportunidad es ahora, no es para siempre, y dura hasta enero o mayo de 2022.

¿Qué pretende reformar?

El fraccionamiento es un aspecto muy central de la reforma política. Hoy por ejemplo, se elige en el distrito en que postulo, 8 diputados, los que al final salen con 5%- 4% de los votos. El parlamento está lleno de diputados que salieron con 2% de los votos, ¿a quién representan?, ¿a quién responden? Imaginemos sólo como ejemplo, que en esas 8 comunas se eligiera el mismo número, pero un diputado por comuna, por lo cual el diputado debería tener cerca del 50% de los votos para ser electo. Por lo mismo, los partidos no podrían ir separados como hoy porque para tener 50% de los votos estarían forzados a crear coaliciones, a entenderse entre sí. Un Parlamento con pocos bloques tendría más facilidad para entenderse, y cuando hubieren problemas graves no podrían mirar para el techo.

Pero en Chile hubo un sistema con dos grandes bloques generado por el binominal, que se modificó, ¿por qué volver a él?

El binominal es inaceptable porque el tercio pesa lo mismo que dos tercios, no tiene principio democrático. Yo jamás pensaría en un sistema así. Estoy hablando de sistemas que existen en Reino Unido, Alemania, Corea, Nueva Zelandia, Japón, Francia, Estados Unidos, lo tienen las grandes democracias del mundo, donde las mayorías no pesan lo mismo que las minorías, sino que las mayorías ganan y por eso es democrático.

Usted ha sido ministro del trabajo y director de empresas, ¿cómo se plantea ante la cantidad de ideas que están sobre la mesa en cuanto a los derechos sociales?

Primero hay que entender que la Constitución es la brújula que debe inducir al sistema político a ir cumpliendo mediante leyes. Hay gente que plantea garantizar en la Constitución el derecho a la salud pero no se preocupa como eso que está escrito sea un hecho real. Si no se incorpora ese derecho en una ley con recursos, produce una tremenda frustración porque pasa el tiempo y no cambia nada. Hay que buscar que el derecho sea real y no solo retórico.

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