El costo invisible de la maternidad que Chile sigue normalizando
El informe Zoom de Género N°37 confirma que cuando hay niños menores de cinco años en el hogar, la participación laboral femenina cae al 58,3%, mientras la masculina sube al 85,7%. La brecha no responde a capacidades ni compromiso profesional, sino a una estructura cultural y laboral que sigue asignando el cuidado principalmente a las mujeres.
Acabamos de celebrar el Día de la Madre entre regalos, saludos y campañas que reconocen el valor de cuidar. Pero mientras hablamos de maternidad desde la emoción, seguimos evitando una conversación incómoda: en Chile, tener hijos todavía implica un costo laboral concreto para las mujeres.
Las cifras conocidas esta semana en el informe Zoom de Género N°37, elaborado por la Universidad Diego Portales (OCEC UDP), ChileMujeres y la Cámara de Comercio de Santiago (CCS), vuelven a confirmarlo. Cuando hay niños menores de cinco años en el hogar, la participación laboral femenina cae al 58,3%, mientras la masculina sube al 85,7%. La brecha no responde a capacidades ni compromiso profesional, sino a una estructura cultural y laboral que sigue asignando el cuidado principalmente a las mujeres. Y aunque estos datos ya no sorprendan, siguen condicionando decisiones silenciosas todos los días: mujeres que postergan la maternidad, que sienten miedo de perder oportunidades o que asumen que crecer profesionalmente y maternar será incompatible.
Lo más preocupante es que seguimos abordando este problema como si fuera individual y no sistémico. Hablamos de conciliación, pero mantenemos modelos laborales diseñados bajo la lógica de que los hombres proveen y las mujeres cuidan. Tenemos talento femenino altamente calificado fuera del mercado laboral, hombres agotados intentando responder al rol tradicional de proveedor y un país preocupado por la baja natalidad, sin cuestionar seriamente las estructuras que sostienen esta realidad.
Aquí las empresas tienen mucho más que decir de lo que creen. No basta con sumar beneficios aislados o reaccionar caso a caso frente a una maternidad. Se necesitan políticas estructurales que entreguen certezas reales a las personas y también a sus equipos y liderazgos. Flexibilidad bien diseñada, corresponsabilidad efectiva, procesos claros de acompañamiento antes, durante y después de la maternidad, evaluación por objetivos y no por presencialidad, y liderazgos preparados para gestionar equipos diversos. Cuando las organizaciones ordenan estos procesos, no solo disminuyen la incertidumbre y las brechas, también mejoran la retención de talento, el compromiso y la sostenibilidad de sus culturas laborales.
La maternidad no debería transformarse en un riesgo profesional. Y mientras sigamos entendiendo el cuidado como un problema exclusivo de las mujeres, seguiremos perdiendo talento, oportunidades y desarrollo como país. La pregunta ya no es si debemos hacer cambios, sino cuánto más estamos dispuestos a esperar para asumir que construir espacios laborales más conscientes, corresponsables y humanos no es solo una conversación social, sino también una necesidad estratégica para Chile.
Por Belén Contreras Vilchez. Especialista en diversidad, equidad e inclusión.
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