Alfredo Sepúlveda: "Las barras bravas son fascismo tribal en su expresión más pura"

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Foto: Javiera Gandarillas

Este mes el escritor publicó el último libro de su saga infantil sobre los tres equipos más populares de Chile. Ahí cuenta la historia de los clubes, pero omitiendo a unos actores de moda durante el reciente estallido social: los barristas, a quienes él prefiere alejar de sus lectores por su nivel de violencia. "Eso se vive dentro de la barra brava como una normalidad y me parece peligroso para un niño de 9 o 10 años", explica.




La de Alfredo Sepúlveda es una pluma versátil. El periodista, escritor y académico trabaja en distinto frentes: en marzo reeditará la biografía que escribió de O'Higgins (Bernardo, de 2007) y hoy está terminando un libro sobre la Unidad Popular que llegaría a las librerías en abril. Además, por estos días está en plena difusión de la última pieza de su trilogía de libros infantiles Papá, porque eres de…, donde cuenta la historia de la U, la UC y Colo Colo, siendo el tomo dedicado al equipo albo el último en llegar a librerías.

"Son libros infantiles donde un papá le cuenta al hijo la historia del club. Hay un tío malévolo que lo quiere cambiar de equipo y ahí el papá le cuenta esa historia", explica Sepúlveda, y agrega una parte esencial: "En ninguno de los tres libros menciono a las barras bravas; no las elegí para la historia de los equipos, pese a que considero que son libros de historia. Los hice en clave relato infantil, no son cuentos de hadas, pero sí de identidad y de vinculación".

-Las omites pese a que son un elemento que desde hace décadas ha caracterizado la experiencia de ir al estadio en Chile, ¿por qué?

-No quería hacerlas parte de la experiencia formativa de un niño de 9 años. Sé que aunque no me guste están presentes, pero preferiría que sean como el alcohol o el sexo, que la experiencia llegue después, cuando el niño tenga la madurez intelectual para enfrentarlas, porque son experiencias tremendamente fascistas. Es fascismo tribal en su expresión más pura, la aniquilación del otro simplemente porque es distinto. Eso se vive dentro de la barra brava como una normalidad y me parece peligroso para un niño de 9 o 10 años.

Esta reflexión Sepúlveda la lleva a cabo en el café del GAM, mientras toma un expreso sin azúcar ni sacarina, a pocas cuadras de Plaza Italia, el hábitat natural de los barristas que en el viejo Chile llegaban a ella para celebrar triunfos y hoy lo hacen para apoyar el movimiento social que nació el 18 de octubre. "Me impactó mucho una foto donde se veían hinchas de los tres equipos abrazados. En un nivel superficial, uno podría pensar que eso es bueno, que se acabó la guerra. Aunque para mí esa es la unión de los tres sindicatos fascistas", dice el autor de Breve historia de Chile: de la última glaciación a la última revolución, revelando su desconfianza de la nueva imagen del barra brava chileno.

-¿Qué supone esta nueva unión?

-Es algo que hay que analizarlo, entenderlo y ver hasta dónde nos lleva. Con la crisis social, las tres barras cruzaron el Rubicón de la identidad y creo que van a tener que reordenarse simbólicamente en el futuro porque ya hicieron esta especie de Teletón de las barras bravas que es bastante inexplicable porque simplemente no pueden coexistir. Son organizaciones hechas para el choque y si les quitas eso y les das una causa común se empiezan a transformar en otra cosa que comparte su identidad.

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Foto: Javiera Gandarillas[/caption]

-Un nuevo escenario.

-Sí, la manifestación más fuerte de eso fue que las tres barras unidas jamás fueron vencidas y pudieron parar la actividad que les da sentido: el fútbol. Si las barras detienen el fútbol, ¿qué son y qué las convoca?, ¿están construyendo una paralegalidad, un estado paralelo o una nueva convivencia? Es casi una serie distópica de Netflix.

Cambiando de pasión

Confeso hincha de la U y autor del libro de cuentos Sangre azul (1995), Sepúlveda dice que la idea de escribir esta saga -publicada por la editorial B de Blok- surgió con la idea de unir los libros de historia que ha venido haciendo en los últimos años con un proceso que le ha tocado vivir en su casa. "Desde hace 90 años, una de las herramientas para crear el vínculo padre-hijo es esa adscripción al equipo de fútbol, algo que no tiene lógica ni razonamiento, simplemente es. Eso siempre me ha parecido muy bonito y estoy en eso con mi hijo", cuenta.

Una tradición que destaca por seguir siendo oral, aun en una época digitalizada. "Es básicamente sentarse con el papá frente a la fogata. Eso es algo interesante que tiene el vínculo tribal con el club de fútbol", dice el autor sobre una actividad que, sin embargo, este año no pudo concluir de manera normal por la oposición de las barras bravas.

Esa es una contradicción que Sepúlveda explica acudiendo a una escena de la película argentina El secreto de sus ojos (2009), cuando los personajes de Ricardo Darín y Guillermo Francella hallan en un estadio al asesino que había cambiado de vida para no ser encontrado gracias a la única cosa que no podía cambiar: la pasión por su equipo de fútbol. "Esta decisión de las barras de ir contra el fútbol también es la determinación de oponerse a la piedra basal de todo hincha, que es poder ir a ver a su equipo. Ellos están cambiando el objeto de su amor. Quizás consideran ingenuo o infantil ser hincha de un equipo de fútbol, pero sin duda que ese hecho implica un cambio copernicano en la relación de las barras consigo mismas", opina el escritor.

-El fútbol está plagado de frases célebres, una es del argentino Jorge Valdano, quien dijo que "el fútbol es lo más importante entre las cosas menos importantes". ¿Las barras se dieron cuenta de eso?

-Probablemente perdieron esa mal llamada inocencia que los obligaba a estar todos los fines de semana hinchando por un equipo de fútbol.

-¿Puede perdurar su convivencia en Plaza Italia?

-Si no hay fútbol, sí. Si desaparece como actividad, da lo mismo quién salga campeón o los equipos no se van al descenso por secretaría como el caso de la U, esto puede durar mucho tiempo. El deporte es la única actividad que queda donde el desempeño físico es lo único que importa. Son dos equipos que supuestamente están iguales y deben arreglárselas compitiendo. Ganas o pierdes: simple, fácil, limpio. Si pierde eso, entra al plano de la abstracción: ¿Quién es mejor, Colo Colo, la U o la Católica? No está resuelto. Quizás les conviene que sea así para mutar en otra cosa, pero no me atrevo a decir en qué.

-En este idilio entre barrabravas, ¿quién pasa a ser su enemigo ahora?

-El Estado, supongo. Aunque tampoco hay una comprensión de lo que significa el Estado… es lo que tienen ellos en la cabeza.

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Foto: Javiera Gandarillas[/caption]

-Hace un par de semanas salió una entrevista al Chapa Fuenzalida, jugador de la UC, quien reconocía que los futbolistas de Colo Colo no quisieron jugar por estar amenazados. ¿Cómo se explica esta contradicción de apoyar la causa social, pero a través de violencia?

-Son juegos de poder, esto es Game of Thrones. Todas estas organizaciones de naturaleza fascista saben leer muy bien el poder y sus debilidades, y en el minuto en que las ven las aprovechan. Eso es lo que vieron en los jugadores de fútbol, quienes tienen una relación positiva y negativa con las barras. Les conviene tenerlas de amigas y luego, cuando se les vuelven en contra, no les conviene… pero ellos abrieron la puerta para que los apoyaran. Abrieron la puerta para que gritaran contra el rival, para sacar al entrenador que no les gustaba o para darles entradas y ahora, que las barras vienen con la factura las barras bravas, los jugadores la deben pagar.

Buscando símbolos

Para Sepúlveda, todos estos elementos -la historia de los equipos de fútbol, el deporte en sí, sus barristas violentos, la situación del país a dos meses del estallido social- funcionan como una danza de símbolos que tiene un escenario lógico en la Plaza Italia, un sitio sobre el que también reflexiona: "Me llama la atención que se haya arrasado Plaza Italia, porque siempre fue la bisagra simbólica de la sociedad chilena entre los de arriba y los de abajo, una función que dejó de cumplir, no es más el encuentro de dos mundos: hoy es el territorio de uno solo, del barrio bajo".

-¿Qué opinas de esa intención simbólica de llamarla Plaza de la Dignidad?

-Creo que esta revolución está buscando y construyendo sus propios símbolos. Hasta ahora, Plaza Italia era la presencia de la Torre Telefónica, el gran símbolo de la Concertación, la apertura de un país que nacía a la democracia, a los grandes capitales internacionales. Era un lugar que simbolizó una especie de ideal socialdemócrata europeo al que ya no se le creyó y ahora es una hoja en blanco. De alguna manera fue paradójico cuando esta gente que quería que se acabaran las manifestaciones armó un lienzo en blanco por la paz, fue la expresión más radical de la hoja en blanco que volvió a ser llenada por miles de manos.

-¿Cuáles son los símbolos del estallido?

-El más importante es la bandera mapuche. Hay una vuelta de mano simbólica de la ocupación que hizo el Estado de Chile en 1880. Se instala esa bandera como un símbolo nacional en el medio del corazón de la civilidad, eso no había pasado antes. Los otros símbolos no sé si están destinados a perdurar.

-Al revés, ¿qué símbolos deberían ir en retirada?

-Todo el movimiento de estatuas forjadas en bronce de la escuela europea modernista de fines del siglo XIX y principios del XX. De esas estatuas figurativas Santiago está lleno, como Baquedano o Pedro de Valdivia. Hoy hay un odio a la figuración o, más bien, un amor por la abstracción.

-Algunos plantean que hay que debatir sobre si es buena idea volver a levantar las estatuas derribadas, ¿qué opinas?

-Cuando se erigen estatuas eso responde a una cierta visión histórica, y en términos del relato que tenemos de los mapuches, este cambió hace varios años. Esas estatuas de todas maneras no tenían mucho futuro. Yo escribí un libro de historia de Chile, y Pedro de Valdivia fue un criminal, básicamente un buscavidas y más allá de su sed de dinero y poder, no hay nada muy positivo que decir de él. Pero está con nosotros porque fue quien "fundó" Santiago y Concepción y trajo la nación española que produjo el mestizaje que es finalmente Chile. O sea, algo hizo, no creo que sea irrelevante para la historia. Pero en términos de honrarlo, hace muchos años que esa idea cambió después de los trabajos de Gabriel Salazar, Pepe Bengoa o Pedro Cayuqueo.

-¿Qué debería reemplazar a esas estatuas?

-Es un trabajo en desarrollo. Hoy existe una sociedad multicultural y en toda esta discusión hay un gran ausente: el mundo de la inmigración y los mapuches. Parte de lo que ocurre en Plaza Italia es tratar de encontrar los símbolos, se están buscando, y no me atrevería a decir que hay uno definitivo porque esto no ha concluido.

Título: Papá, ¿por qué eres de Colo-Colo?

Autor: Alfredo Sepúlveda

Precio: $ 11.000

Editorial: B de Blok

Páginas: 140

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