Enric Sala, explorador de National Geographic y autor: “La supervivencia de la persona más rica depende de la salud de la más pobre”

Foto: National Geographic

Este español, comparado con Jacques Cousteau y que ha impulsado la protección de áreas marinas en todo el mundo, acaba de publicar en plena pandemia su libro The Nature of Nature. Para el explorador, el coronavirus ha revelado las múltiples igualdades que vive el planeta. Al referirse a la negativa de Chile de firmar el acuerdo de Escazú, Sala señala que “si se piensa sólo a nivel nacional, no vamos a salir bien de esta”.




Lo han descrito como el Jacques Cousteau de su época. El español Enric Sala se ríe de eso, pero mucho lo une al legendario explorador francés. Primero, las credenciales. Sala es del selecto grupo de exploradores en residencia de National Geographic, a quienes la institución apoya e impulsa para que realicen expediciones en las que ya no se trata tanto de descubrir la naturaleza, sino que de preservarla a través de la investigación y la comunicación.

Sala ha dedicado sus últimos 12 años a mostrar e inspirar la protección de áreas marinas mundiales a través de su proyecto Pristine Seas. Ha logrado ayudar a catalizar la creación de 22 reservas marinas, cuatro de ellas en Chile, en lugares donde no se puede pescar ni alterar la naturaleza. Ha hecho 31 expediciones, publicado más de 150 papers académicos y producido 30 documentales.

En su directorio está Leonardo DiCaprio -a quien Sala devolvió el gesto siendo parte del directorio de la fundación de la estrella de cine- y ahora quiere ir por más. Junto a otros destacados activistas y conservacionistas, busca lograr que el 30% de los mares y tierras del mundo estén protegidos el 2030. También acaba de lanzar el libro The Nature of Nature, con el que quiere dar luces concretas de cómo combatir la catástrofe climática a nivel individual y nacional. Su obra es una llamada de emergencia para redefinir nuestra relación con la naturaleza.

-¿Por qué cree que el coronavirus está vinculado con la manera de cómo depredamos a la naturaleza y nos relacionamos con ella?

-En cada año de la última década ha habido dos nuevas enfermedades infecciosas que vienen o de animales salvajes, o del ganado que se cría en condiciones horrendas. También hay más destrucción de bosques y nuestro modo de vida está muy globalizado; todo el mundo se la pasa viajando. Esos son los dos factores: la probabilidad de que el spillover, o derrame del virus, pase de un animal salvaje a una persona se ha incrementado porque hay más comercio de especies y también porque destruimos sus hábitats naturales cada vez más. Y el segundo paso es cuando salta de una persona a ser un brote. Antes había brotes, pero se quedaban contenidos localmente. Ahora como todo mundo vuela a todos lados, es muy fácil que se conviertan en una pandemia.

-Esa necesidad de hacer cambios urgentes lo hizo dejar de ser un académico y ser un conservacionista y activista. Se negó a seguir escribiendo “el obituario de la naturaleza”.

-Sí, me sentía como el médico que te dice “te vas a morir”, con mucho detalle, pero sin ofrecer una cura. En los últimos 30 años he visto lugares que amaba, como arrecifes de coral que ahora son cementerios cubiertos por bacterias y algas. Paredes de corales blandos en el Mediterráneo que están totalmente muertos o han quedado los esqueletos cubiertos por moho, debido a las temperaturas altas, al calentamiento del mar. He visto lugares donde ya no quedan peces. Los cambios que he visto en mi vida han sido dramáticos y se han acelerado. Cada vez estamos acelerando más la destrucción de la naturaleza.

-¿Nada de optimismo en estos 30 años?

-He visto mucho declive, colapsos, pero también dos cosas que me dan esperanza. Una es ir a esos lugares prístinos, donde no hay nadie, donde todavía no se ha pescado, que nos muestran cómo era el mar del pasado y también cómo podría ser el mar del futuro. Lugares que nos muestran que el mar, si le damos espacio, tiene unas posibilidades enormes de recuperación. Y la otra es haber observado la recuperación con mis propios ojos en lugares que estaban degradados y que se han protegido de la pesca y otras actividades dañinas.

-O sea, como dice Jane Goodall, la naturaleza tiene una capacidad de curación enorme.

-Inmensa, y sobre todo el mar. Se recupera más rápido que la tierra y eso es algo que mucha gente no sabe. Lo hemos visto; se protege una zona y en tres a cinco años tienes cambios significativos en el ecosistema. Lo he visto con mis propios ojos, lo he medido, lo he fotografiado. Es extraordinario, un milagro.

-En Chile hay cuatro parques marinos parte de su proyecto.

-Con el Presidente Piñera fue Motu Motiro Hiva en 2010; con la Presidenta Bachelet fue primero Las Desventuradas (San Ambrosio y San Félix), después Juan Fernández y Diego Ramírez y el Paso Drake al mismo tiempo, en el último año de su mandato. Chile tenía un 29% de su zona económica exclusiva totalmente protegida de la pesca y de actividades dañinas. Si le añades la Isla de Pascua, un área multiuso donde se permiten varios tipos de pesca, Chile tiene un 42% de su zona económica exclusiva bajo algún tipo de resguardo.

-Chile no firmó el acuerdo de Escazú, argumentando que podía afectar la soberanía nacional. ¿Qué opina?

-La crisis que nos afecta es global. Estamos todos interconectados. Por lo tanto, si se piensa sólo a nivel nacional, no vamos a salir bien de esta.

Apoyar a las empresas del futuro

-¿Cómo explica que haya tanto interés y recursos para explorar vida en otros planetas versus gastarlos en no destruir este?

-No tengo ningún problema con que se dedique mucho dinero para la exploración espacial; me encanta la astronomía. El problema no es ese. Elon Musk, por ejemplo, dice que la especie humana tiene que ser una especie multiplanetaria. Me parece muy bien, pero que no sea porque hemos destruido el único planeta donde podemos vivir. Si queremos abrir una colonia en Marte o para cualquier otra cosa, bien, pero no destruyamos lo que tenemos, que no sea a consecuencia que hemos aniquilado nuestro propio planeta.

-¿Por qué pasa esto?

-El problema es que ahora mismo, se dedica mucho más dinero a la destrucción de la naturaleza que a protegerla, y aquí tengo unos nuevos datos. Ahora mismo, el mundo gasta más dinero en el consumo de helados que en áreas protegidas (mar y tierra). Nosotros estamos luchando porque el 30% del planeta esté protegido al 2030, y en este estudio, calculamos que como media se requerían anualmente 140 mil millones de dólares. Esto es mucho dinero, no tenemos el dinero, dirán. Bueno, resulta que se gasta más dinero en videojuegos cada año.

-Salió una declaración de varios economistas que apunta a eliminar los combustibles fósiles de aquí al 2050, como condición sine qua non en la reapertura económica.

-Lo veo absolutamente necesario, y si hay presión popular creo que es posible. Si no, si la gente es pasiva, las grandes compañías de combustibles fósiles van a continuar mandando. Desde un punto de vista racional, incluso desde un punto de vista económico, no tiene sentido lo que estamos haciendo. Es como si estuviéramos en el Titanic, intentando sacar el mayor dinero posible del casino, después de haber chocado con un iceberg. Eso es exactamente lo que estamos haciendo.

-¿Cree que el coronavirus es una ventana de oportunidad para combatir el cambio climático y la desigualdad?

-Totalmente, las desigualdades no las ha creado el coronavirus. Lo que ha hecho ha sido abrir la cortina y se ha visto más claramente que nunca. Antes la gente decía “cambio climático, eso es algo que va a pasar en el futuro, a mí no me va a tocar”. Incluso había una encuesta en EE.UU. que mostraba que más de la mitad de la población creía que el cambio climático iba a tener un impacto muy fuerte sobre la humanidad, pero más de la mitad creía que a ellos no les iba a tocar. Pero ahora se ha visto claro que no es así; estamos hablando de la combinación entre destrucción a la naturaleza, tráfico de animales salvajes y una pandemia, y ¿a quién le ha afectado? A ti, a mí, a todo el mundo. La salud, la supervivencia de la persona más rica del mundo depende de la salud de la más pobre en el país más pobre... No se escapa nadie.

-¿Será este el momento definitivo?

-Si no nos damos cuenta ahora, cuando todos hemos estado meses encerrados en casa, con gente que ha muerto, perdido sus trabajos, economías enteras destrozadas... El mundo está completamente boca abajo porque en China les gusta comer animales salvajes. Ahora es el momento, porque estamos hablando de nueve billones de dólares de pérdidas más las consecuencias. Entonces, 140 mil millones para proteger un tercio del planeta, considerando la pandemia, creo que es una buena inversión.

Es un mito que invertir en las sustentabilidad puede afectar a la actividad económica. Y eso nos lleva a la otra pregunta. ¿La economía trabaja para nosotros, el dinero trabaja para nosotros, o nosotros trabajamos para el dinero?

-De todas las soluciones prácticas que propone en su libro, ¿cuáles destaca como más efectivas y más posibles?

-A nivel del ciudadano de a pie, lo más eficaz es comer más plantas y menos animales. Eso traería muy buenas consecuencias para la salud individual, pero también para la naturaleza y para el cambio climático, porque por ejemplo el 41% del territorio de EE.UU. se dedica a ganado !por favor! Los americanos comen demasiada carne y el cuerpo humano no puede procesar tanta proteína; gran parte de la que se ingiere se orina. Tal cual. Los micronutrientes, proteínas y calorías que necesitamos para tener una vida saludable incluso para desarrollar músculo, todo lo podemos obtener de plantas. Si hubiera mucho menos cultivo de ganado, se necesitaría mucha menos tierra, menos agua. El agua dulce que se necesita para producir una hamburguesa son miles de litros, es demencial.

-Si tuviera que dar un consejo para un gobierno, por ejemplo como el chileno, cuando hay personas que piensan que la agenda de reactivación económica está en contradicción con una agenda verde, ¿qué habría que priorizar en la reapertura?

-La prioridad número uno es ayudar a la gente que esté en necesidad. Pero también tenemos que comenzar a preparar al país para que cuando vuelva una crisis de estas, no suframos como ahora, sino que pase como en Alemania, donde nadie perdió su trabajo. Si yo fuera gobierno, identificaría cuáles son las áreas más golpeadas durante la pandemia, qué es lo que ha hecho que Chile no sea resistente, resiliente a esta crisis global. Y no subvencionar a las empresas que contaminan y destruyen la naturaleza, porque luego estaremos en lo mismo. Hay que invertir en las empresas de mañana, no en las del pasado.

-¿Cómo incentivar ese cambio en las empresas hacia real sustentabilidad?

-Necesitamos voluntad política, el ideario político de líderes que han dado batalla muy bien como Merkel, Ardern, en Nueva Zelanda. Visión política y con un mandato. Y luego la industria se adapta rápidamente, innova y sabe que le va a ir mejor. Pero no se atreve nadie a dar el primer paso, quieren que estén todos regulados para no quedar en desventaja. En ese sentido, hoy hay un incentivo a ser el segundo pero no el primero en ser más sustentable.

-Pero es difícil que los gobiernos quieran regular ahora cuando hay una crisis económica global y puede ser peligroso, como dicen, poner “nuevas trabas” a la actividad económica.

-Sí, pero ese es el mito, ¿no?, “trabas a la actividad económica”... Estamos poniendo trabas a las empresas petrolíferas, a la empresa maderera para que no destruya más la Amazonía… Sí, ¡estamos poniendo trabas a la destrucción del planeta! y siempre oímos que si hacemos una transición a energías renovables, eso requerirá una inversión en educación y capacitar a la gente para sus nuevos trabajos y no tenemos ese dinero. Pero EE.UU. ha encontrado en los cuatro últimos meses, ¡dos billones de dólares!

-La pandemia lo hizo…

-Porque el gobierno del mundo ha decidido que la salud humana es una prioridad, entonces hemos encontrado dinero. Sí, la salud humana es una prioridad, pero entonces el cambio climático debería ser una prioridad. Ese dinero está ahí, lo que ocurre es que lo estamos dedicando a las actividades que perpetúan el problema. Es un mito que invertir en las sustentabilidad puede afectar a la actividad económica. Y eso nos lleva a la otra pregunta. ¿La economía trabaja para nosotros, el dinero trabaja para nosotros, o nosotros trabajamos para el dinero?

-Y por último, ¿qué viene después de esto para usted?

-Escalar al doble. En principio hemos decidido que en el 2020 íbamos a parar, después de 12 años, pero solamente el 7% del mar está protegido, necesitamos el 30%. Vamos a usar otra década para intentar llegar de 22 a 40 nuevas áreas protegidas. Y queremos añadir el componente de la educación, las comunidades locales, para crear un modelo en que las reservas marinas sean atractivas, que sea un negocio tan bueno que cada comunidad costera quiera tener la suya.

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