La vida quieta de una chilena en Arabia Saudita

Natacha, usando su abaya y hijab, en La Meca.

Hace un mes se levantó oficialmente la prohibición para que las mujeres pudieran manejar en Arabia Saudita. A comienzos de año se les permitió la entrada a los estadios. ¿Cómo es integrarse en una sociedad así?, ¿cómo moverse en un país donde se ganan esas libertades, pero aún se permite la poligamia?, ¿cómo se ejerce la felicidad? La chilena Natacha Duartt, casada con un profesor musulmán, vive hace ocho meses allá. Y responde claro.


El 24 de junio, día en que terminó la prohibición para que las mujeres manejaran en Arabia Saudita, Natacha Duartt (32) subió un emocionado mensaje a su blog keepcalmnacha.wordpress.com. Allí aparece detrás del volante, con anteojos de sol, sonriendo. Su ropa y su cabello están cubiertos por un abaya y un hijab, ambos negros.

Natacha es chilena, ingeniera y vive hace ocho meses en ese país. Hace siete años que está casada con Nawaf, un profesor musulmán saudita, a quien conoció mientras hacía un diplomado en Australia. Como en Arabia Saudita se necesita un permiso para los matrimonios con personas extranjeras, estuvieron años en ese trámite. Tiempo en el que mantuvieron una relación de esposos a distancia, con viajes de un continente a otro. Hasta que en diciembre pasado, Natacha y su hijo Ammar, de 5 años, pudieron instalarse definitivamente en Medina. Junto a Nawaf.

Antes de conocer a su marido, Natacha era ignorante del islam. Lo poco que conocía era lo que veía en las noticias. Luego, de a poco, se fue encantando de esa religión, “con la ceremonia de rezar siempre en la misma dirección, respetando los tiempos y siempre lavándose antes de cada rezo. Supe que el islam es una religión de paz, en que Dios (Alá) es uno solo y está ligado a la importancia de la familia y de la comunidad”, explica. Tras el nacimiento de Ammar, ella decidió convertirse.

-¿Cómo eras antes de entrar a este mundo? ¿Qué hacías que ahora es distinto?

-Lo primero que cambió fue la vestimenta. Acá uso la abaya, que cubre toda mi ropa; aquí no podría ponerme un jeans y salir así. Debajo del abaya me visto igual que en Chile. Uso jeans, faldas o vestidos cortos. A nadie le importa lo que traes debajo. Lo mejor es cuando tengo que ir al minimarket y ando en pijama: me pongo el abaya, salgo y nadie se da cuenta. También me maquillo igual que siempre, aunque si salgo a la calle voy a cara lavada; quizás solo me encrespo las pestañas. Pero mi personalidad sigue igual: alegre, openminded y positiva.

Cuando llegó en diciembre, Natacha usó abaya. Pero no hijab, el velo para cubrir el cabello. “Quería ver la reacción de la gente al ver una mujer sin hijab y me sentí incómoda. Aterricé en Jeddah, una ciudad puerto más abierta culturalmente, pero aun así llamé la atención. Rápidamente me lo puse y decidí usarlo hasta hoy”, cuenta.

-¿Cómo ha sido acostumbrarte a este país?

-Ha sido bueno, tengo una vida bastante hogareña. La calidad de vida es muy importante, hay tiempo para entretenerse, relajarse, viajar, estar en familia. El país corre a un ritmo diferente porque no existe el estrés, los tacos o la falta de tiempo. Como musulmana, estar en Medina es importante y preciado para mí desde el rezo de la mañana hasta el de la noche. Hay una riqueza cultural que se refleja en la comida, su gente y las vestimentas. Es un país modernizado y se ve en sus calles, colegios, universidades, hospitales, educación y salud gratuitas.

-¿Qué diferencia hay entre Arabia Saudita y otros países musulmanes?

-Es el más conservador de los países musulmanes, el más religioso, el menos liberal. Ven la fortuna de tener en su tierra La Meca y Medina (ambas con mezquitas sagradas).

Arabia Saudita, donde viven 32 millones de habitantes, de a poco ha empezado a abrir sus puertas al mundo. Hace tres años sorprendió con una reforma económica denominada Vision 2030, cuyo principal objetivo es dejar de depender del petróleo, con énfasis en el turismo y actividades culturales. Se han reabierto los cines y se han hecho mejoras en salud y educación. Además, se han ido permitiendo más libertades para las mujeres, como la autorización para manejar o ir al estadio, para votar por autoridades, para ser soldados en la Fuerza Armada. Según cifras del gobierno, hoy más del 50% de los universitarios titulados son mujeres y hay planes para incentivar su inserción laboral.

Pero esa realidad convive con costumbres como la poligamia. “Sí, está permitida según la ley del sharia en el Corán. Nació en los tiempos de Mahoma, cuando hubo guerras, los hombres se fueron a luchar y quedaron miles de viudas. Entonces esto fue una forma de protección a las familias abandonadas. Ahora casi no pasa. Los más jóvenes ya no la practican. Porque como a todas las esposas hay que darles lo mismo, casas, por ejemplo, es más complicado. Cuando hay casos de infertilidad, a veces la misma esposa le da la opción al marido de una segunda mujer con quien tener hijos. Porque hay cariño y no quieren separarse. Una prima de mi marido lo hizo así”, dice Natacha.

-¿Tú se lo permitirías a tu esposo?

-No. Siempre fue conversado con mi marido laque no habría una segunda esposa y él tampoco quería. Las esposas pueden incluir en el contrato matrimonial que no aceptan que su marido tenga una segunda esposa. Pero es raro hacerlo, uno confía en la palabra del otro.

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Natacha se levanta a las seis de la mañana, prepara a su hijo para el colegio, toman desayuno y su marido se va con el niño. Luego hace las labores del hogar, va a comprar al minimarket y prepara el almuerzo para la familia. Almuerzan juntos, y mientras padre e hijo duermen siesta, ella llama a Chile. En Arabia Saudita, por el calor, todo cierra entre el mediodía y las cuatro de la tarde. Cerca de la noche, Natacha y su familia salen al parque.

Natacha no trabaja. Pospuso su búsqueda laboral porque está embarazada de un segundo hijo. Que será una niña.

-Vas a tener una hija. ¿Cómo ves su futuro como mujer en Arabia Saudita?

-Sin importar donde esté, siempre va a ser una hija de dos mundos. Dos culturas diferentes que convergen. Creo que las oportunidades que tendrá acá van a ser mejores que en Chile, viviendo en la tierra del islam, con educación gratuita y salud.

-¿Podría ella resentir no haber vivido en una sociedad más “liberal” o haber tenido más restricciones que su hermano?

-Respecto de las oportunidades y restricciones, tiene que ver mucho con la crianza que uno aplique en su casa. Si a mi hijo le doy permiso para salir y que llegue al otro día y a mí hija no, el mensaje que le transmito es: “Tu hermano tiene más libertad que tú”. Esa realidad aplica en Chile desde el inicio de los tiempos. Las mujeres haciendo diferencias en la crianza de niños y niñas, incentivándolos a ellos con juguetes científicos y a las niñas con muñecas. El mensaje siempre ha sido el mismo: “Los hombres tienen más oportunidades que las mujeres”; y eso ha alimentado a los movimientos feministas de Chile. Las oportunidades, salarios, discriminaciones a la mujer en lo laboral, en la universidad, en la salud… ¿puedo pensar que es menos restrictiva esa realidad en Chile? Por eso creo que los grandes cambios van en la crianza. Si en Arabia Saudita sigue existiendo la figura del guardián, ése será su padre o hermano y no le vamos a prohibir nada. A mis hijos los voy a educar siempre con iguales oportunidades y restricciones. Me pasa seguido que en Chile se asombran, desde la ignorancia, que yo viva en un país “machista”. Se nos olvida que Chile no es un país igualitario y que las diferencias entre hombres y mujeres se ven todos los días.

-¿Te sientes feminista?

-Soy proequidad de género. No siento que seamos iguales en lo biológico, pero sí siento que esas diferencias deben complementarse en las diferentes estructuras sociales y equiparar las brechas que nos separan. Me enorgullecen los vientos de cambio y cómo las mujeres están alzando su voz, lo mismo cuando veo sororidad, que es el mayor trabajo que tenemos entre nosotras. Pero siento que hay un trabajo personal que es más importante para estos cambios y por eso insisto pasan por la crianza y cómo enrielamos a nuestros niños porque ellos son la sociedad del futuro.

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-Se han ido conociendo movimientos feministas compuestos por musulmanas que defienden el uso del hijab y otras tradiciones. ¿Son conceptos compatibles el feminismo y el islam?

-Por supuesto. Históricamente las opresiones a la mujer siempre han venido de la cultura machista en que nos hemos criado, y ésa es una realidad mundial. No tiene que ver con las religiones, aunque en algún punto se cruzan. Tiene que ver con la evolución de las diferentes culturas. Creo que cada comunidad está teniendo mujeres con voz de acuerdo con las necesidades que esa comunidad tiene. Mientras que en Chile se discute la ley de aborto, en España pelean por los abusos sexuales que quedan impunes. Acá en Arabia Saudita quieren más mujeres en disciplinas deportivas. Aquí no me creerían si les dijera que en Chile existe la ley de divorcio desde el 2004. Acá el divorcio y aborto en caso de riesgo de la madre están especificados en el Corán, jamás pondrían en riesgo la vida de una madre. Cada país tiene su lucha de acuerdo con la necesidad de sus mujeres, por eso no es correcto enjuiciar cómo evolucionan las culturas en diferentes temas. Acá esa lucha va de la mano con la religión y no por eso deja de ser feminista.

Junto a Nawaf, su marido, en Buraydah.

-¿Por qué hay reacciones tan divididas sobre que las mujeres manejen? En tu blog mencionaste que algunas tenían miedo a que las obligaran a sacarse el velo para comprobar su identidad.

-Exacto. La mayoría de las mujeres no entienden de dónde nacen estos cambios que se ven un poco forzados para la sociedad. Que las mujeres manejen, que les quiten la guardia masculina, entre otras cosas, se ven como cambios presionados desde Occidente y genera reticencia. Siempre ha sido un país religioso y temen que esos cambios puedan amedrentar el resguardo del islam en su origen. Creo que toda cultura tiene miedo a los cambios. Pasó en Chile con la ley de divorcio y pasa acá con que las mujeres manejen. De mis cercanas en Arabia Saudita pocas lo harán, prefieren seguir teniendo choferes o esperando al marido para que las transporte. Para mí, es bastante más cómodo manejar, estoy acostumbrada a eso y probablemente significa más para mí comparado con las mujeres saudíes. Las más felices somos las extranjeras.

-En tu blog hablas de que hay machistas tanto en Chile como en Arabia Saudita, pero que la sociedad musulmana es mujercéntrica. ¿Qué tan distinto es respecto a la chilena?

-Es muy diferente. Acá la madre, dicho por el Corán, es lo más importante para cada persona. Con esa idea también se cuida y respeta a los adultos mayores. La madre siempre está protegida y cuidada por los hijos; y comúnmente los deseos de las madres son ley aquí. A diferencia de Chile, a las mujeres en edad fértil no se les discrimina laboralmente. Se ve a la mujer como el eje de la familia, las decisiones de la casa y los grandes cambios sociales pasan por ellas. En Chile aún no se le reconoce ese valor a la mujer. Aquí el acoso callejero está penado por ley y no existe.

-Pero igual es un país con decapitaciones públicas, donde la homosexualidad está prohibida, y que hasta hace poco las mujeres no podían conducir o trabajar. ¿Cómo entenderlo?

-Las decapitaciones públicas no son comunes. Son medidas extremas y generalmente un asesino puede ser perdonado por la familia en el juicio o se le pone un precio para indemnizar. Lo que está penado por la ley, más que la homosexualidad, es la sodomía y actos homosexuales en la calle. Aquí ellos no viven relaciones abiertamente públicas, la mayoría decide hacer su vida afuera. Respecto a las mujeres, nunca se les ha prohibido trabajar. Lo que pasa es que culturalmente nunca han tenido la necesidad. El islam especifica que el rol de proveedor es del hombre; y si la mujer trabaja, ese dinero es suyo y puede administrarlo como quiera. Ahora la mujer está saliendo a trabajar y el gobierno incentiva esto con beneficios para las empresas. Esperan que parte de la economía se reactive con más fuerza laboral femenina. No hay prohibición religiosa que le diga a la mujer que no pueda trabajar, ha sido algo cultural-económico. Como pasó en Chile antiguamente.


Recuadro

¿Qué usan las musulmanas?

El hijab es parte del vestuario que debe usar una mujer musulmana y está ordenado por Dios (Alá) en el Corán, o libro sagrado. Este es un velo que cubre solamente el cabello de las mujeres, que no debe ser visto por otros hombres que no sean su marido o un pariente consanguíneo. El niqab es un velo que sólo deja al descubierto los ojos de las mujeres; “es el más usado por las mujeres en Arabia Saudita”, dice Natacha Duartt. El abaya es un manto tipo vestido que cubre desde los hombros a los pies de las mujeres. Se usa sobre la ropa. “Siendo un país musulmán, usar abaya e hijab es obligación; aunque raramente es controlado por la policía religiosa. Pero no es tan ajeno a Occidente si tomamos en cuenta que nuestras abuelas iban a misa con velo y las monjas lo usan hasta hoy”, explica Natacha. El maquillaje es considerado otra forma de atraer la atención masculina y mostrar la belleza de las mujeres, por eso normalmente las mujeres que lo hacen deben ponerse encima un niqab.

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