Los diarios de 100 caminantes

La caminata es el medio de transporte más popular en la Región Metropolitana. ¿Qué mira alguien que camina? ¿Qué siente, qué detalles llaman su atención, qué estrategias usa para optimizar su recorrido? Dos arquitectas crearon un sencillo cuaderno-diario para que los caminantes registren sus experiencias en distintas rutas en Santiago. Ya más de un centenar de personas lo han completado. Aquí, varias de esas historias; muchas de ellas dibujadas, otras escritas con detalle exquisito.

“Caminar es algo que tiene mucha importancia en mi vida. Todos los días camino para trasladarme, pero muchas veces camino y doy vueltas para pensar, descansar, estar sola. Camino cuando estoy feliz y con mucha energía; y camino cuando estoy triste y no puedo respirar hondo. Camino para ‘elaborar’ lo que sea que me esté pasando. A veces camino para fantasear. Quizás necesito mover las piernas como un motor mecánico para echar a andar mi pensamiento, no sé… En ese sentido me fue difícil esta croquera porque no miro mucho a veces, ni me doy cuenta dónde estoy o si está pasando algo a mi alrededor. Aún así, curiosamente, me importa mucho que el lugar por donde camino sea agradable”.

Catalina tiene 27 años. Y ésas son parte de sus reflexiones cuando, dos veces a la semana, hace a pie el trayecto desde la Casa Central de la UC, en la Alameda, hasta el metro Pedro de Valdivia, en Providencia. No sólo son ideas que acumula en su cabeza. También las escribió. En un pequeño cuaderno de 15 páginas, forrado con un mapa antiguo. Ella lo llama simplemente croquera. Pero en realidad se parece más al diario de vida de una caminante.

Ese cuaderno-diario es una idea que salió de la mente de dos arquitectas. Nicole Pumarino (31) y Karen Seaman (35), ambas con magíster en temas de urbanismo. El año pasado se conocieron trabajando juntas para la Municipalidad de Providencia. Y se dieron cuenta de que ambas eran buenas caminantes. Se iban a pie al trabajo y compartían lo que se encontraban en el camino: una nueva tienda, el estado de las baldosas de la vereda, un peatón arrastrando un carrito de compras, el tiempo de espera en un semáforo. En noviembre decidieron participar en un taller de diseño urbano en Valparaíso. Su proyecto fue un cuaderno para que un caminante registrara una ruta cotidiana, forzándose a mirar aquellas cosas en las que nunca había reparado: las construcciones, los aromas, la gente que se cruza, los colores predominantes. El objetivo era visibilizar todo lo que pasa cuando uno camina. Lo llamaron La Reconquista Peatonal. Fue un éxito en esa reunión porteña.

Las dos arquitectas detrás de La Reconquista Peatonal: Nicole Pumarino y Karen Seaman. Foto: Juan Farias

Entusiasmadas, decidieron masificarlo. “Armamos una red cercana, con amigos. Usamos nuestras redes sociales. Todo muy artesanal. Y la gente empezó a participar”, dice Nicole. Los cuadernos se repartían uno a uno. La gente se inscribía en el correo del proyecto (lareconquistapeatonal@gmail.com) y se coordinaba la entrega. Cada persona mantenía el cuaderno por tres semanas y luego lo devolvía, de manera también presencial. Se empezaron entonces a acumular las historias. En cuadernos escritos y dibujados con ganas por caminantes alertas.

Álvaro (35) escribe en su cuaderno: “Como suponía que me iban a preguntar cosas de mi camino, en cuanto recibí este cuadernillo me puse a observar más qué era lo que pasaba en mi ruta. Me di cuenta que pocas veces levanto la cabeza y que habían muchas cosas que no me había detenido a mirar”.

Domingo (36) caminó junto a su hijo Manuel, de 3. Y consigna: “Aprovecho la instancia para enseñarle cosas a mis hijo: leer números y letras, enseñarle cómo se llaman las cosas, cómo funciona la ciudad, las estaciones del año”.

Como el cuaderno da sugerencias más que indicaciones rígidas, cada caminante lo llena cómo mejor le parezca. Cada uno con sus propios códigos. Hay personas que califican con notas y usan números. Otros dibujan lo que ven en el camino, desde flores hasta edificios. Algunos sólo con lápiz grafito, otros desbordados de color. Algunos caminantes hacen inventarios, otros arman historias y escenas. “Tomar la decisión de irse caminando a un lugar es otra forma de pensar y de vivir la ciudad. Y estos cuadernos son un buen soporte para eso, porque permiten salirse fácil del formato y dar cuenta de la complejidad de lo que te está pasando. Eso no pasaría en una encuesta o en un soporte digital”, explica Karen. “Por ejemplo cuando en el cuaderno nosotros ponemos ‘árboles’ y dejamos el espacio para que el caminante rellene, unos ponen notas de 1 a 7, otros sacan una flecha y escriben ‘entre los árboles hay uno muerto’; otros simplemente pasan de largo”, agrega Nicole.

A estos cuadernos de Ruta Cotidiana -donde las personas registran lo que ocurre en su camino más habitual- se sumaron otros en marzo. Enfocados sólo en mujeres. Los llamaron simplemente Las Caminantes. Allí cada mujer elige cuatro rutas y se dedican a escribir o dibujar la experiencia de recorrerlas a pie. “Nos habían dicho que pusiéramos lo del acoso, pero nosotras decidimos no ponerlo expresamente. No queremos obligar a nadie a contarnos algo que tal vez ni siquiera es tema para ella, que tal vez ni siente. Aparecieron, claro, situaciones difíciles en ese sentido para algunas caminantes, pero también surgieron cosas que uno ni siquiera imagina. Como una caminante que le gusta caminar sola de noche, porque se siente más tranquila. O la que dice que la gente en la calle la tratan distinto si anda con tacos o zapatillas”, cuenta Nicole.

Cuaderno de Rocío (24).

La caminante mayor de esos cuadernos de mujeres se llama Ema. Tiene 86 años. Los recorridos que registra no tienen dibujos, pero sí escritura. Son rutas prácticas: de su casa en Providencia al médico; o al centro a jugar bridge con las amigas. Parte de esos trayectos lo hace a pie; otra parte en micro. Para ella la seguridad en la calle no se relaciona con los robos, sino con no caerse. Con llegar sana y salva. En sus observaciones, también campea la nostalgia: “Pocuro era un buen lugar para caminar; vivo 20 años acá, pero los jardines ya no están, ahora hay mucha tierra, dicen que es para economizar el gasto de agua. Las plazas son lugares de gimnasia, no se puede caminar, dentro de las plazas se hace difícil sentarse a descansar, hay que caminar con mucho cuidado”.

Cuatro estrellas en el cielo

Según cifras que maneja el Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones, en la Región Metropolitana todos los días se realizan alrededor de 18 millones de viajes, de los cuales un 34% (casi 6,4 millones) son caminatas. El transporte público y el transporte privado alcanzan el 29,1% y el 28% de los viajes, respectivamente. Esas mediciones muestran que las caminatas son el principal medio de transporte de los santiaguinos, salvo en las comunas de los sectores oriente y suroriente. Y que los sábados y domingos, además, caminar es la forma más común de desplazarse.

Eso es lo que dicen los números. Las dos arquitectas detrás de La Reconquista Peatonal querían caminar una ruta distinta: llenar esas cifras con experiencias particulares. “Nuestro primer objetivo es que la gente camine. Y, dentro de eso, dos metas específicas: visibilizar esas experiencias de caminata y empoderar a los caminantes”, explica Nicole Pumarino. Dice que el tema está arriba y genera interés: en estos nueve meses, ya han reunido más de 100 cuadernos de caminantes. En mayo decidieron exponerlos por una tarde en una sala del campus Lo Contador de la Universidad Católica. “Fue un montón de gente. Miraban, sacaban fotos, reconocían sus cuadernos. Los caminantes nos decían que ahora miran de manera distinta el camino que han hecho todo el tiempo. Caminan de manera más consciente”, cuenta Karen Seaman. Una mujer, por ejemplo, les reconoció que recién al llenar el cuaderno se dio cuenta que el Paseo Ahumada tiene árboles.

Cuaderno de Acoyani (29).

La escala humana que da la caminata, explican las arquitectas, permite fijarse en situaciones y detalles que no serían posibles con otro medio de transporte. Importa el olor, la velocidad del viento, lo que acoge, lo que amenaza. “Se nota en las observaciones que se hacen: ‘va mucha gente con bolsas’, ‘la vereda es ancha, pero vamos apretados’, ‘hay que ir atento a los arreglos’, ‘dos baldosas están sueltas’, ‘venden aros al estilo indio’… son cosas que si uno pasa rápido no las ve”, dice Nicole. Muchas veces el nivel detalle sorprende. Como el cuaderno de Bernardita (23), donde ella al finalizar su recorrido, frente al GAM, a las 7.31 a.m., consigna que en el cielo aún quedan cuatro estrellas. O Catalina (37), quien escribe: “Los jardines de las casas de Providencia y Ñuñoa tienen muchas enredaderas de suspiros azules”.

Los cuadernos, insisten sus creadoras, están llenos de sorpresas. “Hay una parte en la que preguntamos si tienen condiciones físicas especiales, pensando en alguna discapacidad. Y una mujer nos puso: ‘sí, soy muy grande, necesito espacio’. Y claro, es una condición especial que no habíamos pensado. Eso es algo que queremos lograr: visibilizar aspectos de la caminata que todos dan por sentado: el tamaño de la persona, el peso que carga, la edad, la hora en que camina”, dice Nicole.

“Lo otro es el amor por las rutas”, señala Karen. Y muestra el cuaderno de Constanza (28). El recorrido es de 25 minutos entre calle Amapolas y San Pío X. Luego de poner su playlist “Viernes en mi corazón”, camina hasta llegar al motivo de su viaje. Escribe: “Manchitas es la razón por la que camino por Avenida el Bosque. Es una hermosa gatita que conocí en una caminata anterior y que vive en el medidor de agua de un edificio. Los conserjes y vecinos la alimentan. Incluso veo que un gallo que se ve bien curao la saluda. Yo hasta me asusté cuando se acercaba, me sentí vulnerable. Pero filo, Manchitas vale la pena. Le hago cariño y le entrego las sobras de comida que le compré”.

Está también Marcela (43), quien registra: “Me gusta pasar por ese edificio de Carlos Antúnez donde viví varios años con dos amigas. Éramos veinteañeras y lo pasábamos bien. El edificio es de los años 40 ó 50, de un arquitecto famosillo. Tenía piscina atrás, donde nos juntábamos con amigos. Lo compró una inmobiliaria hace años. Hicieron bolsa la piscina y construyeron un edificio horrible pegado. Hoy vivo muy cerca, de pura nostalgia creo”.

Cuaderno de María José (27)

Historias tan personales de caminata son difíciles de sistematizar y cuantificar en un informe. Las dos arquitectas de La Reconquista Peatonal lo saben, pero no las inquieta. No está ahí el valor de este proyecto. “Esta herramienta es poco sistematizable en el sentido de la eficiencia, y eso es algo que nosotras ya declaramos que no buscamos; no esperamos que esto lo podamos sistematizar en un excel”, explica Nicole. Aquí lo que manda es el valor de la experiencia individual, subjetiva, parcial. La sorpresa de un caminata personal.

La fuerza del viento

Las más de 100 experiencias de caminatas reunidas hasta ahora abarcan trayectos en las comunas de Santiago centro, Providencia, Recoleta, Independencia, Macul, Renca, Las Condes, Vitacura, La Cisterna, La Reina y Ñuñoa. También Córdoba, en Argentina, donde las arquitectas a cargo del proyecto lo expusieron en un taller y aprovecharon de pasarles el cuadernito a los asistentes.

Pero aún falta. La Reconquista Peatonal tiene el desafío de ampliar su cobertura. Y eso se hará de la mano de una nueva versión de los cuadernos, que se llama Metro a Metro. Se trata de convocar a personas que caminen de una estación a otra, consecutivas, y registren ese trayecto con lo que llama la atención de un peatón. La idea es que, de esta manera, sumando caminatas, a abril del próximo año estén mapeadas por superficie las seis líneas del tren subterráneo. Reconstruidas con experiencias de caminantes.

“Ahora probaremos de manera digital”, explica Nicole. No habrá cuadernos esta vez. Las personas deben ingresar en esta página, completar sus datos, descargar e imprimir el cuaderno Metro a Metro -que es sólo una hoja- y tomarse una semana para contar su experiencia. Finalmente, deben escanear el documento y enviarlo al correo lareconquistapeatonal@gmail.com.

Nicole Pumarino -quien acaba de comenzar un magíster en planificación en Londres- y Karen Seaman -quien hoy se dedica a asesorías de urbanismo- sueñan. No sólo con su participación a mediados de octubre en el encuentro Walk 21 en Bogotá, donde hablarán de este proyecto que han levantado a pulso, sino con las potencialidades futuras. Porque se podrían hacer cuadernos para todo tipo de caminantes.

Cuaderno de Isabel (35).

Ellas mismas enumeran ideas: sólo caminantes hombres, caminantes acompañando a abuelos, caminantes con perros, caminantes con niños, niños caminantes, migrantes caminantes, caminantes turistas.

“Cuando empezamos, pensamos que iba a aparecer mucho caminante furioso, y en realidad todo lo contrario. A la gente le gusta caminar, se siente libre, en conexión con sí misma, controla sus tiempos, le pasan cosas que no le ocurren en otro momento del día ni en otro medio de transporte.”, dice Nicole.

“¿Conclusiones hasta ahora? Que a la gente le encanta caminar, que ese encantamiento es súper democrático en edades y sectores, que los entornos urbanos pueden ser amables”, agrega Karen.

Hoy ambas están analizando el contenido de los cuadernos y buscando cómo visibilizar las experiencias reunidas. Les encantaría una gran exposición. O armar un libro. O incluso atreverse con un cuaderno en territorios más acotados, como un barrio. Dice Nicole: “Esto podría ser una muy buena herramienta como diagnóstico de barrios. Todos sus habitantes podrían registrar en un cuaderno lo que pasa en sus caminatas por allí. Luego se podrían encontrar factores comunes, buenos y malos, para llegar a una respuesta espacial que mejore esas condiciones. Provocar un cambio real. Si la gente se moviera caminando, las ciudades realmente serían otras”.

Hay que tener paciencia, advierten. No hay apuros. La velocidad de La Reconquista Peatonal, dicen, es la de un caminante. Paso a paso. Sobre todo si uno lleva consigo una creación propia. Como lo hace Constanza (38) cuando sale a pasear en coche a su hija Amelia, de dos meses, hasta el Parque Inés de Suárez. Escribe la madre en su cuaderno: “La caminata se ha convertido en una experiencia completamente distinta con una guagua. Ahora requiere planificación horaria, con detenciones necesarias y por recorridos que sean seguros. Como la velocidad también cambia, es posible percibir cosas que antes pasaban desapercibidas: sonidos de aves, olores, colores de árboles, fuerza del viento, exposición al sol. Todo para intentar que el viaje sea lo más placentero para Amelia”.


Estrategias para disfrutar caminatas

  • “1. Escuchar las conversaciones de otros peatones. 2. Cambiarse de vereda en caso de querer más sombra o más sol. 3. Detenerse a observar detalles. 4. Interactuar visualmente con otros peatones. 5. A veces es agradable cruzar donde no está permitido para cambiar los ritmos e incorporar grados de adrenalina”. (Constanza, 35).
  • “Usa siempre zapatos cómodos. Levanta la vista del suelo, hay mucho paisaje en el recorte de la perspectiva. Baja la velocidad y mantente alerta. Mira a otros a la cara, tal vez te saluden. Sonríe mientras caminas, te hace sentir ligera”. (Andrea, 46).
  • “Saltar la reja que separa el corredor de buses de Vicuña Mackenna, para llegar antes al metro. Irme lento en el primer tramo cuando voy de vuelta a la casa para observar los árboles y oír música. Correr el último tramo si voy atrasado”. (Cristóbal, 24).
  • “Música: ni muy fuerte ni muy despacio. Muy fuerte puede ser peligroso, sobre todo en los cruces. Muy despacio hace que uno pierda la oportunidad de escuchar conversaciones, que SIEMPRE sacan una sonrisa. ¿Las mejores? Las de las abuelitas. ¿Las peores? Las de los escolares, hacen que a uno se le caiga el carnet al no entender qué hablan. ¿Las más o menos? Las de los hombres, dejan pausas muy largas”. (Constanza, 28).
  • “Yo miro a la gente con que me cruzo e imagino sus vidas. A veces trato de cruzar miradas para sentir que estamos conectados, que somos hermanos en medio de la vorágine. Trato de ir con tiempo, para no estar corriendo. Fluyo entre el tumulto como si fuera un videojuego; el desafío es no chocar. Tomo conciencia de mi cuerpo y postura; del viento en mi cara”. (Josefina, 30).


Lecturas recomendadas

“Hay harta literatura sobre el tema, porque caminar es inspirador, es reflexivo. Los filósofos todos caminaban para pensar”, dice la arquitecta Karen Seaman. Y enumera algunos libros imprescindibles para caminantes.

  • Wanderlust. Una historia de caminar, de Rebecca Solnit.
  • Caminando. Prácticas, afectos y corporalidades en la ciudad, de Martín Tironi y Gerardo Mora.
  • Del caminar sobre el hielo, de Werner Herzog.
  • Flaneuse. Una paseante en París, Nueva York, Tokio, Venecia y Londres, de Lauren Elkin.
  • El arte del paseo inglés, selección cuentos de varios autores ingleses.

 

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