Marcelo Loewe, físico y violista: “La música es una fuente de disciplina y método súper útil en la física”


Con ambos padres dedicados de manera profesional al chelo, no es raro que Marcelo Loewe haya empezado temprano con estudios de música. A los 7 inició sus clases de violín. A los 15 se cambió a la viola. Y siguió en esa línea, hasta que en 1977 sacó en la UC la licenciatura de interpretación musical superior con mención en ese instrumento. Pero esa es sólo una parte de la historia. Porque paralelo a eso, Loewe estudiaba Física en la Universidad de Chile. Se tituló el mismo 1977. Hoy este doctor en Física de la Universidad de Hamburgo y académico de la Católica, se dedica con pasión a esta disciplina científica. Sin olvidar la música, claro. Que es su perfecta otra mitad.

-¿Cómo ingresa la física a tu mundo natural, que es la música?

-Eso ha sido hasta hoy una eterna pregunta. No lo sé. La física es una cuestión que me fascinó desde siempre. Además hay ciertos paralelos, yo diría más sicológicos que conceptuales, con la música. Ambas tratan de buscar una cierta belleza.

-¿De qué manera?

-En la física te sorprendes cuán compacto y bello puede ser desde el punto de vista matemático la descripción del mundo. Realmente hay una belleza subyacente que sorprende mucho. Y en música buscas todo tipo de emociones a través de la belleza.

-Es un punto en común

-Es una intersección. Y la otra intersección es que en cierto modo la música también tiene una estructura lógica y matemática muy precisa, si estudias armonía clásica. Hay reglas muy precisas y si las violas la armonía suena mal. En música moderna eso ya no es un elemento válido, pero sí en lo clásico.

-¿Por qué seguir dos carreras y no dedicarse 100% a una?

-Se dio naturalmente. Pero siempre tuve la angustia de qué iba a pasar en algún futuro. Integré por varios años la Orquesta de Cámara de la Católica. Lentamente empecé a tomar más peso a la física como fuente de vida, de ingresos. Pero sigo activo en música, ahora tengo un cuarteto de cuerdas con el que toco regularmente. Ensayamos dos veces por semana, tenemos cuatro o cinco conciertos por año. A veces echo de menos una actividad más intensa musicalmente, pero también necesito una actividad intelectual más alejada de emociones.

-¿Qué de la música te ayuda en el ejercicio de la física y viceversa?

-Cada una es un escape a la tensión que genera la otra. Te permite no convertirte en un ser obsesivo. Es muy bueno liberarse unas horas al día, pensar en otras cosas. En ese sentido, te ayuda a complementarte emocional e intelectualmente. Mi rutina diaria parte con una hora y medio de viola en mi casa. Luego, la física. Si falta tiempo, retomo en la noche.

-¿Puedes desconectarte absolutamente de una para entrar en la otra?

-Cuesta mucho. Hay un traslape que permanece en el tiempo; estás comenzando a hablar de física y literalmente estás recitando la sonata que estabas estudiando antes y viceversa. Cuesta, pero se logra.

-¿Es raro que un científico se dedique a estos asuntos?

-No. Heisenberg era un muy buen pianista. Se dice que Einstein tocaba razonablemente el violín. Me parece que tiene que ver con la disciplina. La música es una fuente muy importante de disciplina y método, súper útil en la física.

-Conversan bien tus vidas paralelas, entonces.

-Tú estás siempre ondulando de un lado para otro. A diario. No sé si son vidas paralelas, diría vidas entremezcladas, como un tejido.

Entonces, Loewe habla de sus hijos. Que se hicieron cargo de la herencia del padre, pero que, a diferencia de él, no entremezclaron las vidas. “Tengo un hijo violinista, 100% violinista, que se fue muy joven a Berlín. Tengo una hija que estudia chelo en el Conservatorio de la Chile. Otro de mis hijos es puramente físico, está haciendo un posdoctorado en Estados Unidos”.


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