Toral después de Chang

FOTO / ROBERTO CANDIA

Hace tres años se enteró que estaba entre las víctimas de la estafa de Alberto Chang. Supo que sus ahorros de cuatro millones de dólares se habían esfumado en el aire. Mario Toral (85) dice que no sintió nada. Que no lo afectó emocionalmente. Pero igual se dio cuenta de las esquirlas: tuvo que cambiar radicalmente su apoteósico proyecto Fundación -hoy piensa en un galpón industrial- y pondrá en venta un tercio del terreno donde vive y trabaja en Las Condes.


“Tendría que comenzar diciendo que a los 85 años de edad estoy vivo y coleando y con proyectos que sólo la muerte puede ponerles punto final.” Así inicia Mario Toral la breve autobiografía que escribió este año para la revista española, Intramuros.

Toral vive solo con sus tres perros -Romeo, Clemente y Kupa- en una parcela de 6.000 metros cuadrados en Las Condes. En el fondo del terreno está su casa llena de libros y esculturas de todos los estilos y lugares del mundo. Su habitación es un poco más minimalista: dos de sus enormes cuadros adornan una pared, y un biombo pintado también por él separa ese ambiente de un pequeño living con vista al jardín.

Tiene las manos impecables, con las uñas sin rastros de los óleos o acrílicos que pasan todos los días entre sus dedos. Tiene un rostro con escasas arrugas que no representa sus ocho décadas y media. Achica los ojos cuando habla del pasado, como si buscara con esfuerzo dentro de sus miles de vivencias la historia que quiere contar. Acompaña todo con una risa, una anécdota y una cita de algún renombrado autor de cualquier época, pues ha leído todo lo que ha podido.

Toral siempre parece distendido. Las únicas veces que se muestra incómodo es cuando habla de Alberto Chang. El hombre que lo estafó hace tres años y que hizo esfumarse los ahorros de toda su vida. Más de cuatro millones de dólares.

Los planes

Mario Toral es uno de los pintores nacionales más destacados. En sus 60 años de trayectoria ha ganado más de treinta premios dentro y fuera de Chile; fue uno de los primeros latinoamericanos en ganar la beca Guggenheim, ha sido el encargado de ilustrar libros de Pablo Neruda, una de sus grandes obras es el mural “Memoria visual de una nación”, que cubre 1.200 metros de la estación de metro Universidad de Chile. Y no se detiene: a mediados de 2018 presentó su exposición “El Apocalipsisis y otras voces”, y a finales del mismo año participó junto a catorce artistas en la muestra “Chile tiene Sida”.

Es su espacio más íntimo, como esta mañana de verano, viste blue jeans gastados y usa zapatos de trekking para andar por los jardines de su casa. Le apasionan las plantas y los pájaros. “¿Sabías que de estas flores se alimentan los picaflores?, por eso las puse aquí”, explica.

A quince metros de la puerta de entrada, cerca de la casa, entre los árboles, se encuentra su taller. Ahí pasa gran parte del día, pintando, dibujando, y ahora, escribiendo. Uno de sus nuevos planes es el libro de Eduardo Guerrero, Conversaciones con Mario Toral: llevan ya varias reuniones y el propio artista escribe sus pensamientos para enviárselos al autor. Espera que en junio el libro ya esté en librerías. “En tres o cuatro años espero además escribir una autobiografía. Si es que estoy vivo”, dice, mientras suelta una carcajada. Y agrega que ha leído decenas de autobiografías, pero que la de George Orwell le parece fascinante.

Otro proyecto que lo mueve en estos días es el dibujo, un área que se desconoce de Toral. “Para mí, el dibujo es lo más importante del arte”, sentencia. Para él, esta técnica muestra la esencia de la pintura; por eso quiere hacer un libro que recopile sus mejores bocetos. Tiene cientos: cada vez que tiene una idea, la dibuja; aunque no todas pasen al lienzo. El arte del dibujo contendrá 40 o 50 dibujos, y será también un homenaje a los 500 años de la muerte de Leonardo Da Vinci, quien para Toral es el ser humano más inteligente de la historia.
Hay un tercer proyecto. El más grande de todos y que tiene en mente hace años: la construcción del mayor de sus legados, la Fundación Mario Toral. Un lugar que reúna las obras del pintor y abra espacios para que otros artistas puedan mostrar las suyas. La idea está inscrita legalmente desde 2011, pero concretarla no ha sido posible. El último golpe de gracia se lo dio Alberto Chang.
Estafado

Mario Toral tenía ahorros. Por la venta de sus cuadros, por los derechos de sus libros, por la venta de su lujoso loft en Nueva York. El dinero estaba repartido en varios bancos. Una expareja, recuerda él, le contó que su familia tenía el dinero en el Grupo Arcano S.A. Como el pintor estaba aburrido de tener que preocuparse de trámites en sus múltiples cuentas, consideró que Alberto Chang le ofrecía una solución y, además, un interés mucho más alto que el sistema bancario. Le transfirió todo su dinero.

En abril de 2016 comenzaron a aparecer en los medios las sospechas de una estafa multimillonaria por parte de Chang. Muy pronto, el artista se dio cuenta de que estaba entre las víctima del fraude.

Toral se asesoró por su amigo abogado Manuel José Vial, quien junto al grupo Vial Serrano inició las acciones legales. En 2018 interpusieron una querella, donde indicaban que el artista había perdido más de cuatro millones de dólares, suma que aumentaría hasta cinco millones considerando los intereses recaudados durante estos años.

Dice Toral que él no sintió nada. Ni por Chang, ni por la pérdida del dinero. “Sólo me complicaba pensar que iba a tener que trabajar más para juntar algo de lo que tenía para la Fundación”, recuerda. Muchos no le creían esa calma, sus amigos le preguntaban si estaba afligido, si tenía rabia. “Me decían: ‘Mario, perdiste cuatro millones de dólares, ¿no pensaste en suicidarte?’, y yo les decía: ‘No me importó, ¡créanlo!, es sólo plata’”.

-¿En serio no le importó perder todos sus ahorros?
-Tampoco es mucha plata.

-Son más de cuatro millones de dólares…
-Piñera tiene 2.500 millones de dólares.

-¿Qué sintió al ser engañado?
-No sentí nada.

-¿Qué pensó cuando supo?
-Recordé un libro que leí cuando chico en francés. El protagonista cuenta que cuando tenía 8 años su madre había hecho pastel de callampa para la noche. Ese día él le había robado plata a la mamá, entonces ella lo castigó: “Esta noche no vas a comer el pastel que te gusta tanto”; y lo mandó a su cuarto. Resulta que las callampas estaban envenenadas y murió toda la familia, menos él. Entonces escribe: “Desde ese día descubrí que ser delincuente es mejor que ser honrado”. Se salvó por haber robado y en eso yo pensé en este Chang.

-¿Se cuestionó a sí mismo?
-Me pregunté por qué este tipo hará esto, siendo que hay una especie de Némesis (diosa griega de la justicia retributiva y venganza) de un destino en el que al final los estafadores siempre son pillados. Es decir, este tipo que debe haber dejado muchos hilos sin amarrar podía tener la idea de que lo iban a pillar. Qué mecanismo de su mente no pensó para terminar con su mamá presa, sin ningún amigo salvo a los que les paga los tragos en Malta. ¿Cómo le funciona el cerebro?, eso es lo único valioso que saqué de este episodio. Hay una frase que dice “el crimen siempre paga”.

-Pero él no ha pagado.
-Sí, pero no se puede mover de ahí. Eso no es libertad.

-¿Conoció a Alberto Chang?
-Un par de veces me invitó a su oficina.

-¿Y cómo era?
-Era grandote, inteligente, sabía todo lo que pasaba en el mundo del arte, pero había indicios. Los cuadros que tenía en la oficina, que era enorme, eran como cuadros que tú compras en el mercado persa. Yo debería haber sospechado de este tipo.

-¿Era simpático, tenía encanto?
-No sé, es que francamente no me interesa.

-¿Pero que destruya su sueño no duele?
-La plata no te puede cambiar la vida. La muerte de tu padre, de tu madre, de tu hermana, tu hija, eso es irremplazable, pero la plata es plata. La falta de fidelidad en la amistad, por ejemplo, sí me afecta.

El tema lo pone incómodo. Trata de evadirlo. “Sobrevivir a tres matrimonios significa mucho más que sobrellevar una estafa millonaria”, dice; y lanza una carcajada. Le parece insólita la idea de echarse abajo por unos cuantos millones. “Hay un artículo que escribió un periodista, uno de los estafados de (Rafael) Garay; y este señor cuenta cómo destruyó su vida, sus sueños, sus proyectos, su futuro, porque perdió como 150 millones de pesos con Garay, que además era su amigo. Yo no tengo una visión positiva de este periodista, encuentro que es un cobarde, no tiene ñeque”.

-¿Por qué?
-¿Cómo alguien puede destruir tu vida por 150 millones de pesos? Si el día de mañana tienes ese dinero y lo pierdes, ¿va a destrozar tu vida? ¡No puede ser! El dinero es dinero, se puede reemplazar con un poco de esfuerzo.

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Apoteósico

Aunque el artista niega cualquier esquirla, el episodio Chang sí tuvo consecuencias visibles en su vida. La mayor fue en la Fundación Mario Toral.

En 2014 el pintor convocó a un concurso de ideas para el Centro de Difusión, Desarrollo e Investigación Artística Fundación Mario Toral. Era un proyecto en grande. La competición estaba cofinanciada por un Fondart; y patrocinada, entre otros, por la Municipalidad de Las Condes, el Colegio de Arquitectos y el Consejo de Monumentos Nacionales.

Según su entonces pareja, Lilian Arinoviche, el sueño de Toral “obedecía entregarle a la comunidad lo que Mario había recibido toda su vida, y así darles la posibilidad a otros artistas. Tener talleres y convocar a todas las expresiones del arte”. Ella estaba en el equipo de trabajo del proyecto, así como el poeta Óscar Hahn, la gestora cultural Drina Rendic, el arquitecto Carlos Alberto Urzúa, la cineasta Ilonka Csilliag y otras diez personas. Dice que era importante que fuera un edificio emblemático, una obra de arte en sí mismo.

Participaron más de 70 arquitectos, cuyas propuestas respetaban los requisitos: respeto al entorno y un desarrollo subterráneo. El proyecto se ejecutaría en el mismo terreno donde vive el artista. Y aunque el barrio residencial excluye el uso para programas culturales, la municipalidad habría mostrado interés para ayudar en el cambio de certificación de los suelos.

El concurso lo ganó en 2015 el decano de la Facultad de Arquitectura y Arte de la Universidad San Sebastián, Albert Tidy. Su idea era una estructura de concreto de más de 3.000 metros cuadrados, con salas de exhibiciones, un auditorio, talleres. Entre esculturas y espejos de agua, se proyectaba una gran explanada con vistas a Santiago. Habría ventanales de doble altura y murales gigantes, todo construido con hormigón, mármol travertino y madera. “Más que un lugar que expusiera la colección de una obra, era un centro cultural. Toral estaba dispuesto a tirar toda la carne a la parrilla”, dice Tidy.

Luego aparecieron los inconvenientes. Hubo desacuerdos con el arquitecto; y el pintor pensó en llamar a otro concurso. En eso estaba cuando se supo la estafa de Chang, que le dio un giro rotundo al sueño de Toral. Pero no lo aniquiló. Lo dice uno de sus amigos más cercanos: “Era un proyecto apoteósico y ahí la cosa se estancó, pero su sueño jamás”.

Alas y raíces

Luego de la estafa, Toral ha dicho que no tener dinero en el fondo lo aliviaba, porque dejar la Fundación de lado era un peso menos. Aunque era el proyecto de su vida, creía que algo tan grande le quitaría el resto de sus días. Así que cambió el enfoque.

Reformuló la idea inicial con un presupuesto más acotado. Del fino edificio de 3.000 metros cuadrados pasó a la idea de un galpón industrial. “A raíz de lo que mencionas (Chang), he tenido que cambiar de giro porque son millones de dólares que desaparecieron. Probablemente venda una parte del terreno”, cuenta.

Toral posee un territorio de 6.000 metros cuadrados y busca dividirlo en tres. El primer tercio quiere venderlo a particulares, el segundo sería para la Fundación y en el tercero está ubicada su casa y su taller. Reconoce que le preocupa lo que pase con el medioambiente, especialmente con los pájaros que tanto le gustan. Los nuevos ocupantes podrían espantar a sus queridos picaflores.
Los 2.000 metros cuadrados que quiere vender serían el ingreso principal para construir el nuevo proyecto. Por su ubicación, se estima que esa venta podría significar poco más de mil millones de pesos. A eso se suman los casi 149 millones de pesos que recibió a fines del año pasado en el primer reparto de las víctimas de Chang. Se espera que vengan más.

Del nuevo proyecto aún no hay nada concreto. En los próximos días debería ir un topógrafo para tasar el territorio e iniciar algunos trámites legales: subdividir en la zona no es fácil, y mucho menos autorizar un espacio cultural en un barrio residencial. Toral quiere crear pronto un directorio y luego buscar inversionistas: “fuentes para la mantención de este sueño”, precisa él.

En la idea de un galpón industrial no hay auditorios, ni niveles subterráneos, ni ascensores, ni mármol travertino. Toral, sin embargo, quiere mantener el mismo sentido para la cultura nacional: la explanada estaría dividida en dos; por una parte la colección de sus obras y en la otra una sala de exposición abierta a otros artistas, “jóvenes, viejos, gente que no ha expuesto nunca”. El nombre del proyecto, Fundación Mario Toral, también será distinto: ahora será llamado “Espacio libre Alas y Raíces”, frase que para Toral es su escudo en el arte y es el nombre de la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad Finis Terrae, donde fue decano. “Significa imaginar, pero siempre ver lo que hay detrás”, explica.

Resiliente

Mario Toral dice que la nueva idea de Fundación le gusta más. “A veces de lo malo, sale lo bueno”, comenta. Cree que con los giros de la vida hay que ser resiliente, y que eso es algo que ha logrado hacer a lo largo de su vida. Desde que salió del país a los 15 años en busca de aventuras ha desarrollado su adaptabilidad: se ha sentido cómodo durmiendo en el suelo, pintando en las calles, o viviendo en un loft en Nueva York. Su mundo interno parece ganarle espacio a todo lo que venga de afuera.

“Hay que mirar día por día; si uno piensa en el mes, en el año, es complicado. Un filósofo español romano lo expresa muy bien: ‘Atrapa todas las horas del día porque esa es la vida’”, señala.
Su tarjeta de presentación dice “professional dreamer”, y como buen soñador se siente identificado con Don Quijote de la Mancha. Aunque Cervantes dice en el libro que el protagonista bordeaba los 50 años, Toral lo imagina con una edad similar a la suya, “y que aún rondando los 80 se atreve a salir a cambiar el mundo con sus sueños”.

Mientras intenta resolver lo que necesita para levantar su Fundación, sigue guardando recortes de noticias que hablan sobre museos en todo el mundo. Se despierta pensando en esto, juntando papeles, acumulando ideas.

-¿Cuál fue el mayor aprendizaje tras la estafa?
-Que el dinero no es lo importante de la vida, siempre se puede reemplazar; en cambio la amistad, la muerte, eso es irremplazable

-¿Esta situación le confirmó esas certezas?
-Tienes que entender que yo soy un pintor, y que los valores de un artista no están en las cosas materiales. Yo nací pintor y voy a morir pintor, entonces tengo valores basados en las ideas de un pintor y no de un financiero. Uno tiene un cauce, estás en un río que tiene un cauce, al que le pueden salir arroyos, pueden haber inundaciones, pero al final tu cauce es uno. Entonces poco me afectó. Más que perder ese dinero, me afectaría perder a mis amigos, el verdadero caudal es la amistad, ese sí que es dinero irremplazable.

Menciona constantemente a sus amigos. Cuenta que Roberto Edwards fue esencial en su desarrollo, que Pablo Neruda le enseñó mucho y que Chupo (Alberto) Cruz le construyó la casa en que vive. Lo que pase con ellos sí le afecta. Según uno de sus cercanos, la reciente muerte de la esposa de Pedro Lastra sí le dejó una tristeza que Chang nunca le causó.

“Me deprimo cuando veo a mis amigos enfermos, porque tengo la misma edad que ellos. Me siento culpable de que tengo tan buena salud, entonces estoy como apurado en hacer. La muerte acecha a todos”, dice Toral. Algunos de sus cercanos ya no pueden salir de sus casas, olvidan las conversaciones y les pesa el cuerpo. Les falla la vista, las piernas, la memoria, pero él los recuerda vitales.

-¿Cuál le gustaría que fuera su legado?
-Arte, obras, dibujos, pinturas, también lo literario que para mí es importante. Que trasciendan porque reflejan el alma de una persona, sueños que se hicieron realidad. A mi hija, diseñadora gráfica, no le interesa la Fundación; a mi hijo tampoco, él es antropólogo y vive en Brasil. Así que son los amigos, no mis herederos biológicos, los que van a continuar esto.

Nuevamente habla del Quijote. De que con su armadura oxidada y su casco roto salió a enfrentar al mundo. Cuenta que al final, cuando está muriendo, el protagonista pide perdón por malgastar el dinero. Lo acompaña su escudero, Sancho Panza, quien siendo un personaje sin educación ha absorbido el sueño de conquistar el planeta. Le dice al Quijote que se tiene que mejorar, que tienen que dominar nuevos territorios.

“Él traspasó sus ideales. ¿No es eso maravilloso?”, dice Toral, evidentemente pensando en sí mismo.

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